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Campa le amarga el gazpacho a Anselmo

Tacho Rufino | 11 de abril de 2011 a las 21:28

(El primer párrafo describe una situación de sobra conocida, así que si quieren ir directamente a la rabiosa actualidad, pasen al segundo)

urbanismo1Érase una vez un país llamado España en el que, durante 20 años o más, los gobernantes democráticamente elegidos no pararon de apostar por la construcción de viviendas como motor de desarrollo, para solaz y prosperidad de constructoras e inmobiliarias, que crecían como setas en forma de sociedad limitada prácticamente sin personal, constituida con tres mil euritos (o quinientas mil pesetitas). Los bancos, en muchos casos asociados a constructoras grandes, y las cajas, que no paraban de comprar suelo recalificado –antes o después de la compra–, andaban al alimón con ayuntamientos afectos que, a su vez, se ponían las botas con los impuestos, y hasta con trajines egipcios. La banca, así, surtía de crédito baratísimo a los proyectos de construcción, y todos salían ganando. Hasta los compradores, que veían como cualquier pisito, chalecito adosado o hasta casa inmunda en derribo se revalorizaba como un feo (o fea) en la madrugada etílica de cualquier sábado. Los gobernantes insuflaban aire a esta navegación viento en popa a toda vela. Felipe González en una legislatura, Aznar en dos y Zapatero en otra no pararon de decir lo sólidas que eran nuestras inversiones en vivienda; nos estimulaban por todos los medios, incluidos los estímulos fiscales. La sensación de riqueza de los particulares con la revalorización continua alimentaba también un consumo vigoroso. Cochazos por doquier –comprados a crédito o en dinero B, de ese que circulaba a mansalva– ayudaban a las superavitarias arcas públicas  del Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos por medio de impuestos, lo mismo que las casas. Los notarios no daban abasto, venga a dar fe y a dar fe. De pronto, todo eso cambió: casas sin vender, hogares hipotecados sin posibilidad de vender la casa para saldar su deuda, presupuestos públicos caninos, bancos y cajas quietos cual caballo de retratista con activos contaminados, precisamente, por esas hipotecas…

GAZPAC~1Unos tres años después, en un foro de alta formación directiva, el secretario de Estado de Economía del país de Cataploff –antes España–, apellidado Campa, descubrió que, para cambiar este estado de cosas fracasado y el “caduco modelo productivo”, lo que había que hacer era dejar de luchar por dejarle una vivienda en propiedad a los herederos. Dijo así el preclaro Campa, que previamente y de repente había visto la luz como Saulo de Tarso: “Hay que conseguir que las familias crean que lo mejor para sus hijos no es dejarles un piso”. Las personas que leyeron esto se quedaron patidifusos, cual cornudo que fuese el último en enterase de sus apéndices de calcio. Alguno, incrédulo y aún pagando la herencia enladrillada de sus vástagos, quiso pensar que Campa quería decir que lo mejor no era dejarle un piso, sino dos. Otro entendió que lo ideal era montar una empresa para conseguir con el tiempo venderla… y comprarle un pisito al niño. Otra, directamente, no pudo evitarlo y vomitó sobre la propia radio del coche que conducía hacia su trabajo. En su casa frente al telediario de las tres, con un gazpacho por delante, un cuarto sujeto anónimo exclamó ante sus propios hijos, con los que compartía mesa: “¡Pero qué poquísima vergüenza! ¿Ahora me lo dices? ¿Ahora que mi deuda es mayor que lo que vale el apartamento, y además no hay quien cojones contribuya para pagar mi pensión dentro de veinte años?”. “Anselmo, hijo, no te pongas así, échale un poquito de guarnición al gazpacho. Lo ha hecho Anselmito, que se ha aficionado a la thermomix para pasar el tiempo”, terció su mujer. “¿Ahora vas a empezar a cocinar, hijo, a los 33 años?”. “Sí, papi, ¿por qué no…? Oye, una cosa, ¿me puedes dejar las llaves de la playa, que me quiero ir unos días entre semana al apartamento con Amparo, ahora que hay menos gente?”. “¿Las llaves? Ve a pedírselas al Caja Escombro de la esquina, que la he dejado allí, a ver si el juez me da la razón como a esa familia de Navarra, ¡y me olvido de la hipoteca!”. Tras lo cual volvió la cara hacia la tele, mientras se servía pimiento verde picadito en el gazpacho. Entonces, farfulló para sí: “No hay que ser c…., Campa”. Y todavía ni siquiera le había empezado a sentar mal el pimiento, con lo indigesto que es.

 

(MUY RELACIONADO CON ESTE ASUNTO, EN ABRIL DE 2008 PUBLIQUÉ UN ARTÍCULO EN “EL BOLSILLO” DEL RDA DE JOLY, TITULADO “GUTIÉRREZ, AÑO 2011″, PINCHEN AQUÍ PARA VER CUÁNTO SE HA CUMPLIDO DE AQUELLO QUE FUE ESCRITO CUANDO LA CRISIS TODAVÍA ERA NEGADA, Y NO SÓLO POR EL GOBIERNO.)

  • Inma Jiménez Corrales

    Mostro.
    ;-)

  • SILVIA

    Los hubo, padres e hijos que compraron su casa simplemente para vivir, los hubo que esperaron a ver si un día dejaba de subir y compraron los pobres desgraciados en ese maldito punto de inflexión justo antes de que toda esta mentira empezará a derrumbarse, o lo que es lo mismo, pagaron lo que no está en los escritos, al precio histórico por metro cuadrado más caro. Y así fue todo y entonces vinieron los pagarés y cheques impagados, los meses y los años trabajando sin cobrar y después de ese estrés que ya uno no sabe ni dónde guardar ni esconder para seguir como si nada para tranquilizar a los suyos, vino el maldito o divino infarto de miocardio que casi se lleva su vida por delante, una vida de fracasos, pero también una vida completa, con la conciencia tranquila de saber que no hay más que se pueda hacer. Y ahora somos las hijas, esa bendita suegra, esa inigualable cuñada y su aún enamorada mujer las que estamos ayudando a este hombre a nacer de nuevo, a enseñarle un camino desconocido para él, el de la vida sin trabajo, el de la vida por la vida, el de la vida que hay que vivir, el de la vida que se merece desde hace mucho mucho tiempo.
    Yo maldigo esta crisis, la maldigo hasta lo que no está escrito, pero también sé que nos está bien, a los pesimistas y a los optimistas, a los especuladores y a los gilipollas, a todos en general por haber permitido y seguir permitiendo que sigan jugando con nuestros impuestos, con nuestro presente y nuestro futuro. Votamos sin mirar, aunque la verdad es que tampoco hay mucho dónde elegir, al final son todos iguales, al final todos van a lo que van y poco les importa la miseria de los que trabajan todos los días colaborando religiosamente con sus impuestos para que ellos viajen en jets privados de Córdoba a Madrid y cosas de esas. Así que esto es cuestión de voluntad, de que cada uno desde nuestro sofá, desde nuestro despacho, desde nuestra fantasía por un mundo mejor y más justo, empezamos a trabajar por levantar este país que sólo nosotros somos capaces de levantar luchando por nuestro derechos y lo más importante, cumpliendo con nuestro deberes.
    Muchas gracias.

  • Tacho Rufino

    Gracias, Silvia, espero que tu padre esté cada día mejor. Un abrazo.

  • u 536

    “Trabajar por levantar este pais…” o levantarse de una pu ta vez y rebanar lo que haya que rebanar y meter en el trullo a quienes haya que meter en el trullo. Para empezar, una abstencion generalizada que deslegitime a tanto mangante de business class sin pajolera idea de nada.

  • Miles Ahead

    Muy bueno, surmi…

  • SILVIA

    u 536, totalmente de acuerdo contigo. Cuando digo trabajar también me refiero, por supuesto, a lo que tú indicas. Pero no me negarás que la voluntad de todos nosotros es fundamental para cambiar la mentalidad que tenemos y ser responsables en todos nuestros actos públicos, con esto quiero decir: no falsear declaraciones de hacienda, ser eficaces y eficientes en nuestros hogares y en nuestras empresas, respetar el medio ambiente como deberíamos, denunciar lo denunciable, aplaudir el trabajo bien hecho, ser conscientes de nuestra realidad y colaborar con ella, etc etc etc. Y por supuesto, que todos los que roban de nuestros bolsillos vayan a la cárcel, y paguen, of course, todo lo que han robado, ellos y sus familias. Gracias.