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Las dietas rápidas es lo que tienen

Tacho Rufino | 17 de agosto de 2011 a las 11:58

Lamentablemente, y como era previsible, el exceso de celo en la imposición de planes de austeridad puede haber comenzado ya a causar serios daños al crecimiento y, a la postre, a la creación de empleo. Los últimos datos de crecimiento publicados ayer por Eurostat ofrecen un panorma generalizado de atonía, con Alemania a la cabeza (no así interanualmente, donde siguen siendo campeones), en este caso a la cabeza del parón junto con Francia. Es pronto para confirmar tendencia alguna, pero es el momento para volver a recordar que no todo es ajustarse el cinturón: la economía crece con el consumo y la inversión de lo que se produce, y esta rueda y no otra es la que crea empleo (otra cosa es ir más allá y preguntarse si ese proceso económico de crecer y crecer no es “engordar para reventar”).

La obsesión por la llamada consolidación fiscal (es decir, la reducción de la inversión y el gasto público por una lado; las privatizaciones ¿y las subidas de impuestos?, por otro) ha sido llevada al extremo de imponerse como única vía de salvación para las economías más endeudadas, provocando el estancamiento, y veremos si no también la asfixia y el marasmo. (Vean algunas noticias de periódicos e instancias de distinta orientación: la “paradoja dolorosa” de la que hablan Financial Times y Expansión;  la “pasada de frenada de Alemania del editorial de esta casa; Lagarde pide en FT “no asifixiar la economía con un excesivo recorte de la deuda pública” por ir “demasiado rápido”; Krugman confirma su teoría ayer, y dice que “una talla única [la alemana] no le vale a nadie”, ni a la propia Alemania, que no es en abosluto ajena a lo que le pasa a sus principales mercados y deudores.)

Había y hay otros caminos para salir del atolladero (en su caso, del hoyo), que han sido desechados a priori por la llamada ortodoxia presupuestaria: recortar gasto superfluo e improductivo con grandes programas nacionales de eficiencia… pero no recortar la inversión productiva, como hizo nuestro Gobierno con las Obras Públicas, aterrorizado desde Bruselas y Fráncfort de la noche al día (el día 12 de mayo de 2010, para ser más precisos). Recordemos por enésima vez a la profética Rosabeth Moss-Kanter, de Harvard:

“Los perdedores estaban mucho más dispuestos a cambiar de caballos a mitad del río y a mutilarse: cortarse las narices, al igual que los ojos, orejas, brazos y piernas. Reemplazaron a los directores generales. Cortaron los gastos. Cortaron las inversiones internas. Cortaron el personal. Cortaron proyectos. Cortaron la atención al cliente. Cortaron la comunicación. Tanto los ganadores como los perdedores hicieron frente a desafíos similares en esos años, pero respondieron de forma muy diferente. Entre los que cambiaron de máximo jefe o de dueño de la empresa, encontramos que los perdedores fueron más del doble que los ganadores, pero sólo aproximadamente la mitad fueron capaces de emprender acciones positivas como iniciar grandes proyectos o nuevos productos, ubicar nuevos colaboradores o socios o formar alianzas estratégicas. Se convirtieron en autocracias en vez de compartir y colaborar más.”

  • Fernando

    Lo que hay que modificar es Mercado de Valores y acabar con tanta especulacion y tantos sinverguenzas que hay en todas las esferas,tanto publicas,como privadas,un recorte de gastos,no es mas,
    que mas dinero para los especuladores,creo que hay que atacar las CAUSAS del problema,no los efectos….