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La trampa de la falta de liquidez

Tacho Rufino | 10 de septiembre de 2011 a las 19:09

UNOS años antes de la Segunda Guerra Mundial, Keynes enunció una teoría llamada La trampa de la liquidez (aseguraba en ella, por decirlo en corto, que cuando los tipos de interés están bajos, bajarlos aún más mediante inyecciones de dinero podía no sólo no estimular la inversión y el consumo, sino conseguir lo contrario). La situación es hoy distinta porque la liquidez -su falta- es la fuente de todas las parálisis, por lo que podemos jugar con el nombre acuñado por Keynes para caracterizar la carestía de financiación vigente. La falta de liquidez produce curiosos monstruitos. Perversiones del tráfico mercantil, picardía de supervivencia. También el sector público las perpetra. La falta de dinero fresco, igual que sucede a nivel familiar, agudiza el ingenio. Pongamos un caso verídico, y andaluz.

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”Gary

Una empresa se dedica a las obras públicas. Para licitarlas, necesita acreditar que está al corriente en sus obligaciones con Hacienda y la Seguridad Social. Esta última, aparte de esto, ha sancionado a la empresa por algo que, supuestamente, estaba mal hecho en sus contratos. La empresa, antes de pagar, puede recurrir, como es de ley. Se ve obligada, eso sí, a depositar un aval que le concede un banco. Si gana el recurso, quita el aval y santas pascuas. Si pierde, paga, o la Seguridad Social ejecuta el aval. Pura ley, uso y costumbre. Pero, quieto, ahora te exige la autoridad laboral que deposites el dinero contante y sonante. Si no, te dice el funcionario -un mandao- que no te da certificado de estar al corriente en tus pagos, y no podrás optar a conseguir obras. Cuando, tras decenas de meses, la resolución sea, pongamos de nuevo, favorable a la empresa, el dinero en cuestión será devuelto a la misma. Mientras, la Seguridad Social se ha financiado fácilmente en un contexto de no-financiación, y puede incluso que, cuando llegue la hora de devolver, la empresa ni exista. Un abuso, provocado por la sed de efectivo para pagar nóminas. Instituciones públicas que, cual alfas y epsilons de Un mundo feliz ávidos de soma, buscan billetitos frescos como sea. Cabe poner ejemplos similares en multas, complementarias y embargos varios. Las empresas, las instituciones -incluido el Gobierno, claro está- y los particulares maquinan para trabajar en los ingresos, una vez bastante exprimida la vía alternativa, recortar gastos. La liquidez, qué término tan simbólico. El cactus en la travesía del desierto. El príncipe Vlad que relame los restos de sangre fresca en la cuchilla de afeitar de su joven huésped.

”Cuatreros

La liquidez congelada tiene que ver con los bancos, claro. La gran fiesta del crédito fácil creó mucho dinero que hoy se ha evaporado: no hay la misma cantidad de líquido, sino mucha menos, por mucho que se afirme que el dinero está guardado porque es miedoso, cosa que es cierta pero no lo explica todo. Los bancos tienen dañados sus balances por la morosidad y el dudoso cobro, y necesitan inyectar capital sano en sus cuentas, con lo que consumen liquidez. Están asustados, y no prestan; no prestan, las empresas cierran por falta de liquidez; los despedidos entran en su propia bancarrota micro y, dejan de pagar sus deudas o las aplazan. El efecto se realimenta. Una pescadilla muerde la cola a otra, que a su vez muerde a otra… Los bancos con mayor liquidez son reacios a prestar a los bancos de países señalados como arriesgados por sus problemas de déficit o de deuda. El problema, finalmente, es global. La globalización está produciendo tumultos locales que no pueden ser solucionados localmente, y los produce uno detrás de otro. El trasvase de rentas de los países ricos venidos a menos se desplaza a los que necesitan más madera (y liquidez). Hasta que el sistema global se estabilice como el agua en los vasos comunicantes cuando se abren las compuertas, las economías nacionales tendrán poca capacidad de maniobra. En nuestra versión de Mad Max, la gasolina es el crédito.

  • miguel

    Buenos días. El ejemplo que ha puesto Ud., respecto al procedimiento de suspensión de procedimientos recaudatorios de la Seguridad Social, manififesta el absoluto desconocimiento que tiene de la materia. El procedimiento se suspende con la interposición de recurso de alzada, garantizado con aval, y en caso de desestimación del recurso, debe notificarse la interposición de recurso contencioso en el plazo de quince días para que el procedimiento siga suspendido. La empresa no necesita ni siquiera desplazarse para pedir el certificado, sino que, como cualquier usuario conoce, obtiene el certificado telemáticamente a través del Sistema RED. Decir que el ingreso efectivo de la deuda a cambio del certificado de estar al corriente es práctica habitual es una acusación grave, cuando cualquier empresa o colegiado sabe que es absolutamente innecesario. La Tesorería General de la Seguridad Social es una administración absolutamente profesional en su funcionamiento, y los funcionarios actúan con mucha mayor objetividad y conocimiento de los que pone de manifiesto su comentario.

  • Tacho Rufino

    Buenos días, Miguel. Permítame que lo diga que quien desconoce absolutamente la situación que relato es usted, como por otro lado es natural. En ningún caso se dice que la Tesorería tenga como práctica habitual la relatada ni ninguna otra. Conozco el procedimiento que usted precisa, y conozco también –y de primera mano, son los letrados de una empresa los que me han relatado y acreditado la situación descrita– lo que ha sucedido, que no se ajusta al procedimiento. Y es esencialmente como transmito, a modo de mero ejemplo. Si quiere usted charlar sobre el asunto no tiene más que escribirme por esta vía (no aparecerá al público), me dice su teléfono y lo llamo. Pero no dispare al pianista: la partitura es como le digo, sin más. Un saludo.

  • miguel

    Buenas tardes. Le agradezco, en primer término, que precise ahora (y no en su comentario inicial) que la que relata no es práctica habitual de la TGSS. Y es que, si lo que relata es un supuesto concreto, no parece correcto exponerlo como categoría, sino como anécdota denunciable en ese caso.
    Para la empresa, obtener el certificado de estar al corriente requiere constituir aval o depositar el importe de la deuda, depósito que permanece en una cuenta de recursos diversos y no se incorpora a la recaudación, por lo que no produce el beneficio que señala; y si son letrados los que le han contado esta historia, todavía entiendo menos la situación, ya que se supone que conocen perfectamente el procedimiento. Cuestión distinta será que la empresa prefiera depositar el dinero, o pagar la deuda, para no asumir los costes de un aval si piensa que va a perder el pleito. La devolución del aval, o del depósito, incluye los costes e intereses.
    Un cordial saludo

  • Letrado Eins

    El caso que relatas como ejemplo de la necesidad imperiosa de liquidez por parte organizaciones de todo tipo es cierto, y doy fe porque también lo he conocido. Si no es una práctica habitual lo será. Cuando Ruffino dice que el funcionario que le da al clik (o no le da.. es un mandao no es más que otra verdad. Cuídense que está la cosa muy mala. Hay mucha sed y muy pocas fuentes.