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Durao se arranca por Galbraith

Tacho Rufino | 12 de octubre de 2011 a las 20:46

A tenor de algunas recientes declaraciones suyas, Durao Barroso sería un comunista de manual hace apenas cuatro años. De hecho, el hombre fue muy rojo de joven: los parlamentos –no sólo la bancada socialdemócrata– están llenos de chicos ácratas, leninistas y maoístas que se moderaron con la edad… y cómo. Aunque el euroescepticismo británico lo considera el arquetipo del eurócrata –burócrata habitante de Bruselas o Luxemburgo, que no hace sino chupar del bote y complicar el libre curso de la economía–, el portugués presidente del gobierno comunitario llamado la Comisión es ahora es un hombre sensato, un político que –aunque tarde, como buen eurócrata– ha comprendido que la mayor parte de las enfermedades económicas no se curan solas; es más, tienden a empeorar hasta producir colapsos cuyos efectos –no se olvide— son la pérdida de riqueza y empleo de la gente. Hacer el Don Tancredo (quedarse quieto en medio de la plaza de toros con la cara pintada de blanco, como si la cosa no fuera con uno), intentar dar gusto a los próximos votantes o atacar a los síntomas es malgastar fuerzas y recursos. ¿Es el problema original la banca y sus prácticas excesivas o fraudulentas ajenas a cualquier control? Oh, sí. ¿Sigue siéndolo ahora, por otros motivos derivados de aquél? Claro, claro. ¿Es el único problema la banca? Por supuesto que no, pero es el problema candente. A lo que vamos, que Durao ha soltado antes de ayer una verdad como un templo por su lusitana boca: hay que prohibir que los altos ejecutivos bancarios se forren a costa de su banco, y más todavía si su banco está tieso y tambaleante. Bueno, él no lo ha dicho así, sino que lo ha dicho en plan técnico, que para eso es un eurócrata: “Hasta que un banco no esté recapitalizado, no debe pagar dividendos ni bonus” (bonus: retribución variable que gana un ejecutivo, en no pocos casos mediante un abracadabra contable que hace que el ejecutivo trinque una gran cantidad a pesar de que su empresa está muerta, en buena medida muerta debido a la pésima gestión del sujeto trincante… y en menor medida, pero también, debido al propio desplume de la gallina empresarial mediante el pago de los propios bonus y otras retribuciones).
Todo esto me he hecho volver a acordarme de aquel gentleman de origen canadiense, un economista liberal (liberal en el sentido americano, o sea, un socialdemócrata al estilo USA) que, con todo y con eso, estuvo dando clases en las más señeras universidades estadounidenses e inglesas; un ensayista económico, en fin, cuya Sociedad opulenta [pinchar aquí para ver una reseña del Time de 1958] llegó a figurar entre los 50 libros de no ficción más vendidos en Estados Unidos, y eso que la obra en cuestión abominaba y alertaba del consumo de masas en una sociedad sin servicios públicos a la altura, una visión de la sostenibilidad anterior a la aparición del algo chocante pero necesario término, visión quizá originada por su formación básica de economista agrario. Con tanto dato, se me olvidaba ya citar su nombre: John Kenneth Galbraith (miren la foto: difícilmente se puede ser cínico y mala persona con ese aspecto, y no lo digo por su exquisito aliño indumentario). Galbraith también advirtió de los trabajadores no propietarios que esquilmaban las empresas para las que trabajaban (lo de trabajaban es un decir; en algunos casos, la estrategia personal de los altos cargos estratégicos está por delante de la estrategia corporativa que ellos deben ejecutar). A esa casta la llamó tecnoestructura. La tecnoestructura estaba y está formada por economistas, ingenieros, abogados o marketinianos que toman las riendas de grandes empresas, y esquilman a sus despistados, confiados o muy fragmentados accionistas. Los grandes bancarios indemnizados obscenamente en Gran Bretaña, Estados Unidos y otros países como España son la expresión contemporánea de un fenómeno viejo. No aprendemos. Pero en fin, tenemos a Durao: tarde, pero diciendo alto y claro que la recapitalización de la banca a costa del contribuyente (sí, sí, nos dicen que primero habrá que recurrir a la inversión privada, pero ¿quién se lo cree en la mayoría de los bancos a recapitalizar?) tiene que suponer un cambio en las normas y formas de la banca. “Te salvo, pero me vas a observar un decálogo muy sencillo de comprender”. No hay mal que por bien no venga. Aunque permítanme que dude de que realmente se le vaya a poner el cascabel al gato. Que se le vaya a poner bien fijado, me refiero. ¿Pasará el susto y volveremos a las andadas? Sería muy triste.

  • Mary K.

    Durao pretende financiar a la banca con dinero público… y van… al final los estados deberán endeudarse más todavía para poder recapitalizar a la banca. Deberían nacionalizarla y punto. Saldría más barato y no se seguiría dando sangre fresca a los vampiros que iniverten nuestros ahorros con desigual éxito. Hay que buscar alternativas. Durao, melao. Bon dia.

  • Genaro

    J.K. Galbraith en sus primeros libros, allá por los años 50, (El nuevo estado industrial, El capitalismo americano,…) ya nos expuso que “los que mandan” no son los gobiernos sino las grandes corporaciones industriales, en definitiva, las multinacionales tienen mucho más poder que los estados y, por tanto, las multinacionales “del dinero”, también llamados Bancos, tienen el poder financiero y difícilmente van a permitir que un Durao o un Trichet les diga lo que pueden o no hacer con su dinero, incluso en la situación actual dudo mucho que vayan a aceptar “consejos” del Sr. Durao Barroso por muy Presidente de la Comisión Europea que sea. Más bien lo contrario serán ellos los que le digan a Durao lo que tiene que hacer para arreglarles “las cuentas”.