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Forza Italia

Tacho Rufino | 9 de noviembre de 2011 a las 12:42

Hace unos meses, al parecer en contra de su costumbre, el director de orquesta italiano Riccardo Muti hizo un bis. A terminar la representación del Nabuco de Verdi, recibió las para él habituales salvas de aplausos emocionados. Muti, en un cierto momento, se gira hacia el público y hace un discurso –también muy emocionante aunque contenido— acerca del desmoronamiento de los valores culturales y artísticos italianos, que sin duda inspiran la esencia de una nación eterna y un Estado relativamente joven. La esencia nacional: alguien puede discutir si tales esencias existen, si es más esencial tu terruño grande que el tuyo chico; alguien podría también repudiar a su propio país quedándose sólo con una parte, por mucho que esa pequeña parte tenga intersecciones plenas con el alma común más grande repudiada. Dudemos y critiquemos; repudiemos y hasta inventemos historias mientras acallamos otras; pero huyamos siempre de hacer mala política a partir del abuso de los valores nacionales: nada bueno nace de ahí. Defendamos –y sobre todo, gocémosla– el alma común, la pequeña y la grande, la que genera belleza y verdadero dolor también. Eso, combinar belleza y dolor, hizo el público, precisamente, cuando fue invitado por Muti a acompañar desde su butaca el coro del Va, pensiero, pasaje sublime del Nabucco. Algunos gritaban Viva Italia, muchos lloraban, embargados de la indignación y el tormento de ver a su gran país caer en picado hacia no se sabe dónde. Berlusconi ha caído finalmente, y parece haber golpeado en su devenir político –muy votado por las masas desencantadas, eso sí— el alma italiana, llevándose por delante buena parte de la economía presente y futura del país. No sólo él será culpable, bien, pero es el gran culpable junto con quienes lo votaron reiteradamente.
Italia es todavía la tercera potencia económica europea. Italia es una gran potencia industrial y patrimonial, y sus diseñadores, ingenieros y arquitectos habitan los respectivos parnasos mundiales; los italianos han contado desde siempre con emprendedores excepcionales, creadores y artistas excepcionales, juristas excepcionales, deportistas excepcionales, científicos excepcionales, oradores excepcionales. Pero Italia está en la picota, carcomida por su deuda insostenible y alimentada por un corrosivo e ineficiente gasto público y unas también corrosivas y dolosas prácticas burocráticas. Italia se endeuda –puede que hasta tener que ser rescatada– para devolver parte de la deuda anterior y, si queda, para comérselo improductivamente el sector público. La pirámide de población de Italia corre camino de invertirse: bajísima natalidad y altísima esperanza de vida (las mujeres, las más longevas de la UE). Italia corre el mismo riesgo de recesión que España, y paga más por su deuda privada y empresarial que nadie en la Unión. En Italia hay muchas más leyes, reglamentos y normas de protección corporativa –de los comerciantes, de los taxistas, de quien sea– que en ningún otro país del mundo. Está invertebrada políticamente, tras haber emergido los populismos y los localismos en sustitución de una derecha y una izquierda partitocrática enfangada en la corrupción y castigada con el destierro electoral. Italia está hipotecada no sabemos para cuánto tiempo. Berlusconi, sin duda, ha hecho su parte: sus negocios han salido por el momento mucho menos dañados que el Estado que él gobernaba, en buen medida para aforarse, blindarse y proteger y engordar sus affari privados. Ayer, guillotinado políticamente, se reunía a altas horas con sus hijos para preocuparse de lo verdaderamente importante para él, sus empresas. Aprendamos la lección. Censuremos y hasta castiguemos a la clase política inepta y corrupta, la negligente y la dolosa, la que connive con golfos bancarios y va dando maletinazos. Pero no los cambiemos por mesías aún más golfos e incontrolables.
Según me informa un gran aficionado a la ópera a la par que hermano, el Va pensiero (“Ve, pensamiento”) del Nabucco de Verdi simboliza el ansia de libertad del pueblo judío oprimido. “Oh, mi patria, tan bella y perdida (…) que te inspire el Señor un aliento, que al padecer te infunda virtud”. Que Italia haga virtud del sufrimiento. Forza Italia.

  • María Lourdes Alonso

    Recuerdo haber publicado esta intervención de Muti en mi página de FB más de una vez con vistas a hacer reflexionar acerca de la idea fundamental de la misma :cuán grave es que Italia esté perdiendo su esencia, el sentido de lo bello. Esa necesidad de la verdadera belleza en la vida cotidiana, de acuerdo con la frase dovstoievskiana que sirve de título a la traducción italiana de su “Les Aventuriers de l’absolu”, ” La bellezza salverà il mondo” (Por cierto, uno de los diez libros más leídos el año pasado en el país transalpino. ¿Acaso aquí un ensayo de esas características tiene ese èxito?)

  • Pat Cash

    La caída griega y la caída romana: vuelven los bárbaros!

  • CarLos Caro Barea

    En comparación con la mayoría de los países de la UE, Italia no tiene una deuda desaforada, ni un déficit desaforado, ni un paro desaforado, y como usted dice exporta bien y produce cosas que el resto del mundo aprecia. Crece poco y tiene un sector público ineficiente… pero de ahí a la intervención y a su expulsión del euro va un gran distancia… o corta: la distancia que quieren los especuladores de la deuda soberana y los ortodoxos protofascistas de la disciplina fiscal, que interesa sobre todo a Alemania. Es hora de plantearse dos Europas, pero desde la propia Europa mediterránea, con más fuerza que la que quiere Merkel. Tiene gracia: lso catalanes serían un país periférico e inmediatamente intervenible para Merkel, pero aquí van de alemanes de España. Todo es relativo, hasta la estupidez.

  • Genaro

    Ninguno de los lectores de este blog debería perderse el momento mágico del público romano cantando “Va Pensiero” junto con el coro de la ópera romana. El enlace está en el cuarto renglón, por si alguien no se ha dado cuenta de que no es sólo un discurso.