¿Era solidaridad o era un ‘queo’?

Tacho Rufino | 12 de noviembre de 2011 a las 11:22

EN reiteradas ocasiones hemos alabado aquí a la economía alemana y el saber hacer de su canciller, Angela Merkel, en el proceloso poliedro comunitario. Su estructura económica altamente industrial, su competitividad y calidad y su hegemonía exportadora -esté el euro alto o bajo- son no ya dignos de elogio, sino de melancólica envidia. Pero la situación europea ha llegado a tal nivel de riesgo para todo y para todos que, para entender lo que pasa y preparase para lo que hay y lo que viene, conviene recordar ciertas situaciones relativamente recientes y comentar otras que resultan esclarecedoras. Y desmitificadoras de lo alemán como paradigma de todo lo bueno y todo lo bien hecho.

Los vicios de la memoria -o desmemoria- selectiva nos hacen no tener en cuenta un hecho sólo en apariencia sorprendente: durante la década anterior al nacimiento del euro, Alemania tenía un altísimo déficit de la balanza de pagos por cuenta corriente (la diferencia entre cobros y pagos con el exterior), casi al mismo nivel que el campeón importador-consumidor, Estados Unidos. En ese mismo periodo, España, Italia y Grecia sostienen este déficit exterior en un nivel muy por debajo de Alemania, que justo antes del euro (en 1999, y en 2000 igual) era el tercer país con mayor déficit por cuenta corriente del mundo. Como recordaba Nuño Rodrigo en su blog en Cinco Días este miércoles, “con la introducción del euro Alemania pasó a tener superávit (y encarnar las virtudes del trabajo bien hecho) mientras el arco mediterráneo pasaba a registrar cuantiosos desequilibrios comerciales que deben ser compensados con entradas de capital” desde el exterior: con deuda, con préstamos del exterior que financien el consumo de los vagos mediterráneos, consumo ahora demonizado. Un consumo de bienes que, en buena parte, ha hecho de Alemania la campeona de las exportaciones. O sea, en corto y por derecho: el euro ha sido un chollo para los alemanes, que ahora -¡oh paradoja!-, anhelan airados la vuelta al marco: como si el euro no hubiera sido un marco disfrazado. He jugado y me he forrado; me largo, se siente. Mientras, los países mediterráneos -los llamados periféricos, frente a los centrales alrededor de Alemania- hemos sido las vacas lecheras que ha ordeñado Alemania en un verdadero mercado común.

Sí, es cierto: hemos recibido muchos fondos europeos que nos han hecho quizá pasivos -cuidado con los adjetivos: ya está bien-. Pasivos consumidores a los que se ha dejado el grifo del crédito abierto a tope. Con la necesaria negligencia o falta de luces de nuestros gobernantes y de la mayoría de los economistas que opinan, el país creció con la deuda y con el consumo de ladrillo y otros bienes no inmuebles. Ahora nos hemos encontrado con la escoba en la mano, una escoba insoportablemente pesada. ¿Es culpa de las indolentes esencias nacionales? Por favor. ¿Era solidaridad o era un queo? Ustedes dirán. [En andalucía suele usarse la palbara queo por engaño]

(Inevitable buscar similitudes entre estas relaciones con ciertas controversias patrias (con perdón). La balanza fiscal (la diferencia entre lo que una comunidad autónoma aporta al Estado y lo que esa comunidad recibe del Estado en inversiones) está en boca del nacionalismo catalán con razón, pero no con toda la razón. En realidad, lo que se desea no es equilibrar insolidariamente tal balanza, sino conseguir la inaudita prebenda fiscal vasca, llamada cupo. Sea como sea, las cosas se reproducen a escala doméstica en la balanza comercial entre regiones, tan ignorada como esencial para comprender las relaciones de intercambio y la aparición de brechas de riqueza entre territorios y personas. Es un juego de roles que ha ido evolucionando y mutando a lo largo de la Historia: “Yo soy el productor productivo pagador de impuestos porque tú eres el consumidor de lo mío”. Y encima te llaman subsidiado, holgazán y vividor. Menos en Suiza, Luxemburgo y dos sitios más, sucede lo mismo a lo largo y ancho del planeta. Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.)

  • J.Palmer

    Hola

    He descubierto recientemente esta página, y ha ocurrido con motivo de la búsqueda en Google de una serie de conceptos. Desde el momento de localizarla, figura en mis favoritos. Escribo desde Bilbao.

    En el artículo de hoy veo un párrafo sorprendente. Corto y pego: “la inaudita prebenda fiscal vasca, llamada cupo”.

    Recuerdo al autor del texto y al conjunto de lectores, que esa “inaudita prebenda” recibió el espaldarazo de Estrasburgo, luego de ser denunciada por algunas Regiones/Autonomías del Estado. Vuelvo a cortar y a pegar, esta vez de otro sitio: “La sentencia que ha dado a conocer hoy el Tribunal de la Unión Europea supone el mayor espaldarazo jurídico recibido hasta ahora por el Concierto Económico vasco, en sus más de veinte años de vigencia. Las diputaciones forales vascas, según la decisión adoptada por la Corte de Luxemburgo, podrán mantener y desarrollar sin trabas su capacidad para fijar los impuestos vigentes en Euskadi, aunque sean diferentes a los que se apliquen en el resto de España.”

    En la sentencia también se decía que el sistema de cupo -o análogos- puede que sea una muy buena opción en un futuro no muy lejano para ciertas zonas de Europa.

    Yo, como vasco, os pregunto: ¿por qué no reivindicáis vuestro propio sistema de cupo? ¿Qué pasaría en Andalucía, Extremadura, Castilla y otros con un sistema fiscal como el de la CAV y Navarra? ¿Y en Catalunya? (Me imagino los cientos de miles de cohetes de alegría y alivio que tirarían en esta última)
    “Cuando la solidaridad es obligatoria se convierte en un impuesto -Ching Chang Chung, siglo IV-“

  • Genaro

    Quizás algún periodista andaluz, que nadie se dé por aludido, debería publicar la balanza crediticia autonómica, es decir, contestar a la pregunta ¿cuántos de los ahorros andaluces financian inversiones catalanas, vascas o madrileñas?

  • Mary K.

    COmo soy irlandesa, acudo al diccionario RAEL para ver que significa exactamente inaudito. Dice “nunca oído”. Bueno, el cupo vasco solo se ha oido aquí en España, Palmer, y es una prebenda fiscal del Euskadi. No podemos no estar de acuerdo con Tacho. Acerca de porque las regiones mas pobres no reclaman el cupo es porque, al ser mas pobres, no les interesa. Los ahora mas ricos olvidan porque lo son… En Europa no se conoce el cupo (solo el inaudito cheque britanico de la UE se le parece…), quiza la presion nacionalista y los encapuchados han tenido algo que ver en esa ventaja fiscal, que solo tiene en cuenta los impuestos y no las relaciones de intercanbio comercial. Saludos.

  • María

    ¡Por fin! tenía que ser un economista de nuestra universidad quien dejara claro en un artículo preciso de la falta de memoria que existen en nuestro país sobre aquella época de bonanza económica, dinero por doquier y consumo exacerbado de bienes en su mayoría producidos en territorio alemán que unido a la ineficacia de nuestros gobernantes, ha hecho que Alemania lidere de forma absoluta la economía y lo que es peor la política europea. Ni aquéllo fue solidaridad ni ahora lo es.Siempre nos quedará este economista-autor que expresa en innumerables ocasiones sus opiniones objetivas aunque no sean políticamente correctas. Saludos


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