Puaj, qué asco

Tacho Rufino | 16 de enero de 2012 a las 15:39

 

- “Papi, estoy pensando en hacer carrera en el crimen organizado”

- “¿En el sector privado o en el público?”

Probablemente la corrupción en nuestro país sea en la actualidad mayor que nunca. Que una dictadura es esencialmente corrupta es cierto. Pero probablemente el número y dimensión de las corruptelas públicas y privadas sea hoy mayor que nunca en la vida de quienes, en formal democracia, compartimos este momento de lectura. La cantidad de gente que practica sin complejos ni grandes cautelas  los atajos, las mordidas, el despilfarro de dinero público (en droga, por ejemplo), el tráfico de favores contra la ley, las extorsiones y los sobornos es creciente según mi percepción. Es desmoralizante y repulsivo. No meto en el saco de la corrupción a quienes prefieren que el fontanero no les cobre el IVA y, por tanto, perciba sus honorarios sin darle a Hacienda lo que es legal. No confundamos quienes se saltan un semáforo con quienes asesinan, a quienes no piden factura con quienes atracan con pistolas más o menos clásicas las delegaciones de Hacienda: meter categorías moralmente distantes en el mismo saco enturbia y falsea el análisis y la terapia. Hay grados de corrupción. Y hay que castigar el más alto primero; el público antes que el privado, el del presidente más que el del cajero, el del agente de policía antes que el del chorizo yonqui. Los que tienen que dar ejemplo no pueden ser los más mangantes.

Sin duda, la crisis expulsa al exterior este tipo de delitos o crímenes con mayor virulencia que cuando el dinero era ubicuo y abundante, por mucho que esa riqueza fuera muy aparente y destinada a estallarnos en las manos. Por un lado, el crecimiento económico, los proyectos, las obras, las empresas y los empleos a borbotones acallaban los manejos bajo cuerda: en realidad, como se dice del paraíso marbellí del trajín, todos ganaban y a nadie –tampoco al pueblo votante de sus corruptos ediles—perjudicaban o parecían perjudicar sus actividades ilegales. Bien dicho, por cierto: “ganaban”. Hoy pierden. Los dineros que se fueron difícilmente volverán, y el olor fétido instalado en el aire y el día a día no se van fácilmente. Resultan más inaceptables las golfadas de guante blanco (con más o menos visibles lamparones de mierda) ahora que el presente y el futuro son oscuros e inquietantes.

Hoy he leído que, dentro de la Policía Local de Sevilla, unos cuantos –no sabemos cuántos cuantos— agentes eliminaban sanciones y sus expedientes a cambio de billetitos frescos, y todo eso por medio de terceras personas que hacían de intermediarios. Hace algo más de tiempo, un agente de la otra policía –la Nacional–, también en Sevilla, solo o en compañía de otros, hacía desaparecer kilos y kilos de droga decomisada, sin duda alguna con el fin de revenderla. Si un funcionario público se permite no sólo plantearse tal robo y tal delito, sino compartirlo además con otros compañeros y hasta con terceras personas ajenas al servicio, las probabilidades de que la cosa trascienda son elevadas. Eso es lo más grave: el desahogo y la confianza en no ser pillados o, en caso de que sí los pillen, de ser realmente castigados. Eso no tiene otra explicación que la de que este tipo de comportamientos son habituales en cualquier nivel de responsabilidad en este país degradado y –a veces lo pienso– degradante. Para contrastar lo cual basta con leer los periódicos o escuchar los noticiarios. Puaj.

PD: El autor de la viñeta apostilla, genial: “Yo te aconsejaría el sector público: nunca van a la cárcel”

  • Genaro

    Decía Margaret Thetcher:”No existe el dinero público. Sólo existe el dinero de los contribuyentes.”

    En España la clase política todavía no quiere enterarse de esta gran verdad. Cada vez que un político use la palabra “público”
    échense a temblar.

  • Carmen

    Actualmente el oficio de político esta prostituido, y digo oficio porque antes había políticos de vocación que realmente querían ponerse al servicio de la sociedad para contribuir a su mejora, que sacrificaban una mejor vida profesional por una publica. Hoy es al contrario.

  • Justicia

    Hacer carrera en el crimen organizado publico. Si un agente de la Local de Sevilla comete un delito urbanístico, ¿ porqué perdería un solo minuto de su tiempo en buscar triquiñuelas la abogada de estos? Los asuntos particulares son eso particulares y lo que es aún peor, ¿orqué buscarían a toda costa al ciudadano ejemplar que realizara la denuncia?. ¿Acaso para acosarlo?.


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