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Todas las manos, todas

Tacho Rufino | 27 de marzo de 2012 a las 11:31

La Demoscopia ha desbancado a la Economía y a los economistas en el número dos del muy extraoficial Ranking del Descrédito Profesional (el número uno lo ocupan con firmeza los políticos). El despiste generalizado de las empresas que sondearon la opinión de los votantes al Parlamento de Andalucía ha sido muy perjudicial para la candidatura de Arenas, a quien ha inducido probablemente a acometer una campaña conservadora en las formas y las apariciones públicas. “Ay, quién pudiera dar marcha atrás y participar ahora un buen debate en Canal Sur”, se dirá el líder regional del Partido Popular, quizá futuro ministro de algo. Nadie imaginaba que el PP perdería tantos votos, que el PSOE perdiera tan pocos y, sobre todo, que Izquierda Unida obtuviera tal y tan decisivo número de apoyos.

No voy a entrar en las lacras y vicios derivados del apoltronamiento y abuso de poder que se dan aquí con mayor intensidad que en algunas otras regiones. El PSOE, de hecho, ha perdido votos a puñados. Me llaman la atención las reacciones intolerantes, algunas muy significativas. Que los malnacidos racistas habituales, los campañistas, los historiadores de memoria selectiva y demás reticentes a aceptar las reglas de la democracia califiquen a Andalucía de inmovilista, subsidiada y condenada a la muerte global era de esperar. Lamentablemente, esa actitud denigradora y visionaria rebrotó antes de ayer y aún ayer coleaba entre muchos votantes de derechas (incluidos los muy de derechas camuflados en partidos autodenominados reformistas). Votar a la derecha es tan normal como lo prueba el hecho de que la mayoría absoluta que vota en España es de derechas. Pero insultar a un pueblo entero, y, lo peor,  insultarse a sí mismo para sentirse diferente y exiliado interior, eso, resulta patético. “Yo me iré de aquí en cuanto pueda”, “Somos la vergüenza de España”, “Esto es el fin”, “Reniego de mi tierra” y otras cosas por el estilo son propias de incapaces metidos a sabelotodos. Que lo diga un rabioso nacionalista catalán (o un engreído centralista madrileño) que cree dar la teta a cada andaluz con sus propios pechos de productividad, eso entra dentro de lo tristemente normal. Que lo haga un paisano es repelente. Depreciar a quien vota es repelente. Prefiero a un caudillista declarado que suspira por un golpista a un renegado mal frustrado; y a uno que defiende a las claras que eso de “un hombre, un voto” es un artefacto jurídico insensato a uno que mimetiza su halconismo con un plumaje de paloma de la redención quirúrgica, haciendo de sus expectativas un axioma (perdonen el lenguaje, lo pondré también de otra manera: “El sacrificio –no el mío, claro; yo quizá mejore—es la única vía de salvación de esta tierra, y eso pasa por votar a quien yo voto”.

Lo del subidón de Izquierda Unida es lo más significativo de estos comicios. Probablemente, tengan razón ellos, los de IU, cuando anuncian un brote de cambio que se dará en mayor o menor medida en el país. Progresivamente, como puede estarse larvando en Europa. La reforma laboral ha sido, en efecto, extremadamente agresiva: si su empresa demuestra –he sido contable, y no lo veo complicado de demostrar, la verdad– unos pocos meses de desaceleración de los beneficios, puede echarlo a usted con veinte días de indemnización por año trabajado, sin rollo de Magistratura ni nada. Eso es demasiado. Demasiado injusto y demasiada carga para el Estado que debe pagar las prestaciones. Izquierda Unida simboliza a un creciente número de desencantados y, en mayor medida aun, de atemorizados. Puede que el ciclo revierta –suele pasar, por cierto, antes o después—y también en política estemos asistiendo a un cambio de tendencia en el voto. Los conservadores –insultados ya por tecnócratas sin respaldo democrático, como Mario Monti ha hecho con Rajoy— deben tomar nota. La poda no es gratis, y la sensibilidad es importante en los cambios. Debemos ofrecer sacrificios a Europa. Yo estoy de acuerdo con ese principio: es de cajón que no podemos soportar los mismos gastos con menos ingresos, sin crédito y con un alto nivel de deuda por amortizar. Pero no echar cal viva sobre la actividad económica. Crea lo que cada uno crea, la gente –los votantes indiferenciados– va a rechazar en la calle y en las urnas un “sangre, sudor y lágrimas” crónico.

El PSOE tiene que convivir con las exigencias de IU. Queda descartado un pacto a la vasca permanente entre los dos partidos más votados, PP y PSOE. Griñán está acreditado para acometer reformas importantes en los presupuestos públicos, y debe cambiar el chip electoral antirrecorte por una posición responsable con su tierra (bueno, con Andalucía). Recortar es necesario; la clave está en la intensidad, en el lugar y en el ritmo: en el plan, el programa y en el cronograma. Nadie debería suspirar más aliviado de la cuenta. No podemos soportar lo que ahora es insoportable. Manostijeras feroces, vade retro, ok. Pero, cazadores con pólvora del rey, vade retro también. No olvidemos que Andalucía tiene que cumplir unos objetivos: Europa aprieta a Madrid, Madrid aprieta a las autonomías. Hay gestión por hacer, y hay muchísima. Y la calle no va a dar crédito sin limite a quienes gobiernan, sean del partido que sea, porque todo partido debe ser ecónomo y diligente con el manejo de las cuentas públicas. El PSOE de Andalucía, también. Debería de hecho tender una mano al ganador-derrotado, el PP. Eso sería un grandísimo pelotazo informativo. Yo, entonces, me reconciliaría no ya con mi tierra (de la que no reniego porque no), sino con la política, con la demoscopia, con la economía y hasta con el futuro.

Por si a alguien le interesa, yo no he votado al PP, ni al PSOE ni a IU. Yo no he votado a nadie. Ya me hubiera gustado.

  • Carlos I.

    Lo del pacto con el PP no se lo cree nadie. Griñán habla de gobierno de izquierdas. A ver qué sale de todo esto.

  • Mirna

    Encuentro excesivo el vapuleo. Al fin y al cabo es inevitable buscarle explicaciones a unos resultados que implican pocos cambios en una región con cifras que ponen los pelos como escarpias. Uno puede votar lo que quiera y el otro, sea de donde sea, puede tratar de interpretar ese voto aunque eso le lleve a conclusiones (ciertas o no) poco agradables. ¿Que se podría hacer todo esto con más señorío? Sin duda. Me imagino que a algunos les podrá el desaliento y a otros simplemente la mala leche, a saber.

    Yo lo que creo es que no solemos ser los andaluces muy amigos de los cambios, ni siquiera en el parecer. O será que he presenciado mucha discusión acalorada (alguna que otra en el sentido más peyorativo del término, siendo éste curiosamente el más popular) con muy poca propensión a –llegado el caso– dar el brazo a torcer.

    Lo de la mano tendida al PP sería digno de película de Capra. Harto complicado lo veo.

  • Genaro

    Si pensaran en “lo mejor para los andaluces” gobernarían PP y PSOE juntos; pero unos políticos que mantienen un lengüaje guerracivilista desde hace 35 años, que jamás han reconocido el más mínimo mérito en el rival y que prefieren defender los intereses de sus respectivas castas antes que los de los ciudadanos que les votan hacen imposible lo deseable.

    Tacho, el estado paga las prestaciones después de cobrárselas previamente a los empresarios vía “cuota empresa seguridad social”, que no se nos olvide.

  • Tacho Rufino

    @Mirna. Gracias de nuevo por tus sensatas aportaciones. Cuando dices vapuleo, sin embargo, no entiendo si te refieres a mí o si te refiers a la cantidad de insultos que se han vertido sobre quienes han votado, no sólo en El Mundo (no sólo el editorial, sino varios columnistas se han cebado con el adnaluz despreciable y granuja, como por ejemplo Gabriel Albiac), La Razón o Intereconomía (ayer escuché a un presentador de este canal decir que suspendía sus visitas a Andalucía hasta nueva orden), sino –lo que es más triste y era menos previsble– no pocos andaluces que debieron votar al PP y han sido presa de un ataque de soberbia y asco por lo propio.

  • Tacho Rufino

    Estoy de acuerdo, pero no es de esperar un pacto tipo “Grosse Koalitionen” como en Alemania. Izquierda Unida ha acaparado demasiados votos y poder para que eso sea posible. En cuanto a la financiación de la cuotas, es cierto lo que dices, pero hablo de una caja presupuestaria común, y en las obligaciones de cobertura del Estado independientemente del nivel de recaudación. Gracias, un saludo.

  • Rafael

    Comparto el 100% de lo que dices, Tacho. Lo de ciertos medios de comunicación, especialmente, es de matrícula de honor. Llamarlos medios de comunicación es hacerles un favor cuando no pasan de ser dispositivos sociales de comunicación a medias que, como suele suceder, esconden las mas dolorosas mentiras. Me encantaría tener la memoria de Sheldon Cooper -el mega friki de la serie Big Bang Theory- para poder acordarme de lo que esos mismos medios dijeron en sus editoriales cuando en otras comunidades autónomas con un olor a podrido que “echaba pa tras” ganaron los que ganaron. Volvemos a lo de esa frase que dijiste una vez: “moto no que moto tengo” La vieja y bíblica historia de la viga y la paja.

  • Mirna

    Sinceramente, me refería a su artículo. Debo reconocer que tras las elecciones, supongo que por hastío, opté por desconectar un poco de los medios de comunicación y desconozco –mea culpa– si lo que se ha dicho en ellos justificaba el post. En cualquier caso (independientemente de su orientación quiero decir) los prefiero menos combativos. Pero es sólo una opinión. Un saludo