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Hijos pródigos e hijos mimados

Tacho Rufino | 9 de abril de 2012 a las 15:03

“La pretensión de la banca de retener las deudas de pymes morosas con los dineros del Plan Montoro es decepcionante”

La amnistía fiscal con la que Rajoy espera recaudar 2.500 millones y reciclar 25.000 para el sistema es un trágala. Como perdonar una traición y convivir con unos cuernos. Ese tipo de cosas que –como diría Sánchez Gordillo perdonando vidas y refiriéndose a los inminentes acuerdos de IU con el PSOE en Andalucía– hay que hacer con la nariz tapada. Muchos opinan que el perdón a los defraudadores en el taco riguroso es una inmoralidad, o peor, una muestra de que la derecha está al lado de los poderosos versión achorizada, mientras exprime a las criaturitas. Francamente, no lo veo así. La medida es un mal necesario, o al menos conveniente. En este momento de urgencia financiera nacional, es razonable tomarla, aunque no se tiene certeza alguna acerca del impacto recaudatorio de la medida. La Italia del último Berlusconi logró repatriar la bonita cantidad de 95 millones con una medida similar, y el PSOE fue pestosamente magnánimo también cuando tuvo que hacerlo en ejercicio del gobierno. Ojalá se consiguiera devolver tanto dinero al país como el presupuestado. Los capitales evadidos no están seguros ya en ningún sitio, o al menos tanto como lo estaban hace sólo cinco años. Los evasores se lo pensarán, aunque su sentido de la responsabilidad con respecto al país donde se propició su fortuna de manera legal o ilegal seguirá siendo nula. Eso, seguro. España perdió tensión fiscal y recaudadora en las vacas gordas. El IVA, los impuestos indirectos y el IRPF manaban a borbotones de la economía recalentada (no así el Impuesto de Sociedades, objeto de grandes creatividades y menguantes recaudaciones en comparación con las rentas del trabajo, hasta acabar siendo otro trágala). Ahora, para recaudar rápido no hay más remedio que arrear a los de siempre, los sufridos contribuyentes de toda la vida. Y perdonar al hijo pródigo. ¿O no es eso lo que Madrid y Barcelona quieren hacer bajándose todo tipo de pantalones con el Eurovegas del magnate Sheldon Adelson, que tiene nombre de personaje de peli de los Coen? (Una maldad oída por ahí: ¿qué dirían los histéricos denigradores del voto andaluz si los entregados al maná de dólares frescos del juego y la prostitución fueran municipios andaluces?)

La gestión financiera manda. La presión es brutal para el país y su Gobierno. Los Presupuestos saben a poco a los inversores, que han vuelto a castigar al país –y de paso, a contratar una rentabilidad fuera de mercado– a pagar un precio muy caro por las emisiones de deuda de esta semana. Las expresiones “intervención”, “abandono del euro” y hasta “proteccionismo” resurgen de sus engañosas cenizas. Y en esas, la banca vuelve a protagonizar –en principio, puntualmente– episodios de ignominia y, como los evasores pero sin delito, falta de responsabilidad nacional tras haber sido actor fundamental de nuestra burbuja inmobiliaria y principalísimo beneficiario de la misma. En pleno proceso de alivio de la ingente deuda local y autonómica con sus proveedores –lo que podríamos llamar la Facilidad Montoro, 35.000 millones–, algunos bancos, que son los que sueltan la mosca en forma de préstamo con aval del Estado, quieren descontar las deudas que pymes y autónomos tengan con ellos antes de soltar un duro. O sea, que se pervierte y fagocita en origen el propósito de la interesante medida. Una postura prima hermana de la de tomar prestado el dinero sin límite del BCE a un tipo mínimo para, en vez de ponerlo a funcionar asumiendo riesgos cumpliendo su función social –¡qué cándida antigualla la función social de la empresa!–, comprar deuda del Tesoro inflada de prima de riesgo: el Estado suspira financieramente dando una patada a seguir, y la banca gana mucho, de forma inmediata y con un riesgo limitado. Como entre bomberos no nos pisamos la manguera, el Gobierno mima a sus banqueros, cada vez más oligopólicos y concentrados. Hay que recordar que, en los los momentos de crisis más severas y empobrecedoras a lo largo del siglo XX, la ira del la gente de a pie se ha enfocado hacia los prestamistas, y que los políticos más mesiánicos y oportunistas han acogido en su argumentario esos odios populares.

  • Nacho Rodríguez Díaz

    O sea que pon a los zorros a cuidar el corral. Con perdón para los zorros por identificarlos con los banqueros. Magnífico artículo.

  • Genaro

    Y en vez de cobrarles un 10% a los defraudadores ¿porqué no compran deuda pública durante 10 años sin interés? Ya se hizo en tiempos de Felipe González. Los que ahora se desgarran las vestiduras ¿dónde estaban cuando lo hicieron Carlos Solchaga y Miguel Boyer?

    Muy bien Tacho