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‘Club Med’

Tacho Rufino | 17 de abril de 2012 a las 6:15

Dos siglos después de que David Ricardo –un padre de la Economía que consiguió forrarse como inversor financiero— enunciara la Teoría de la Ventaja Comparativa siguiendo la estela de la división del trabajo propuesta por Adam Smith, la Unión Europea ha asumido como estrategia de crecimiento regional la llamada “especialización inteligente”, que es una vuelta de tuerca fashion de lo que aquel inglés de pintoresco nombre ya proponía hace dos siglos: zapatero a tus zapatos, quien mucho abarca poco aprieta. La UE quiere asignar fondos con esta criterio de reparto. El ejemplo con que la web de la Comisión Europea ilustra la smart specialization –no es un patrocinador de Fórmula 1, sino el término de la idea en inglés—es el siguiente: “Las regiones más avanzadas invierten en tecnologías instrumentales, como la nanotecnología, mientras que las menos avanzadas innovan aplicándolas a sectores concretos, por ejemplo, la nanotecnología aplicada al control de calidad del vino”. Vino, de eso sí sabemos aquí. Y de atención hospitalaria y sanidad en general, que quizá sea lo que hacemos realmente mejor que la mayoría de nuestros socios europeos: tenemos la capacidad instalada, el know-how, el capital humano, la innovación en ciertas áreas punta y otros recursos y capacidades. Y mientras que demasiados ojos miran a nuestro sistema de salud con ojos recortones –es una partida presupuestaria grandiosa, y la urgencia de la austeridad se transforma en tijeras en vez de en gestión, mandato de eficiencia, y racionalidad–, los británicos vienen aquí cada vez más a darse un circuito de chapa, pintura y sol. Gratis, o muy barato para ellos. Y animados por sus autoridades.

La web del Foreign Office, el Ministerio de Exteriores del Reino Unido, anima a los ciudadanos de las Islas a beneficiarse de las prestaciones sanitarias españolas, y les ofrece útiles consejos para ello: “Empadrónese”, por ejemplo, aunque también hay en esa web trucos legales para hacer turismo de bisturí para jubilados, estudiantes y visitantes ocasionales. España atiende, de hecho, a cientos de miles de extranjeros de forma prácticamente gratuita al año. Y al mismo tiempo cuenta con unas listas de espera tan ridículamente largas y peligrosas como las de, un poner, la Justicia. ¿No podríamos especializarnos inteligentemente en operar cataratas y otras afecciones siendo competitivos en costes y dando calidad de primera? Suena naif, pero puede no serlo tanto. Tailandia y Costa Rica ya trabajan en ese sentido, y reciben crecientes oleadas de turistas estadounidenses que no buscan disfrutar de las ruinas maya de Copán ni templos budistas: buscan cuidados médicos baratitos –baratitos para ellos, ésa es la clave del intercambio–, según informa The New Yorker en su reportaje de esta semana titulado “Club Med”. Es tan bueno que le robaremos el titular.

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