Adiós a la China barata

Tacho Rufino | 30 de abril de 2012 a las 14:34

La abuela de un amigo, tras un viaje a Jerusalén con un grupo de creyentes metiditos en edad, respondía a quienes le preguntaban por la experiencia con la misma frase: “Tierra Santa hay que ir a verla con los ojos de la fe”, lo que podría interpretarse como que se había dado un cansino atracón de pedregales y otros lugares repletos de simbolismo, pero también exigentes de imaginación, predisposición y sugestión.

Por eso, a quienes -maliciosos- te echan en cara que opines de países que no has visitado, cabe replicarles que, habiendo internet, e incluso antes de haberla, viajar a los sitios por un tiempo limitado y con un paquete turístico más bien confunde que ilustra. No digamos si el destino es un país de millones de habitantes distribuidos de forma muy poco uniforme en miles y miles de kilómetros cuadrados.

Con otros ojos de otra fe -la de las buenas publicaciones-, cabe decir que a China la conoceréis por sus obras. Es osado hablar de “los chinos” como paradigma de nada, por mucho que quien lo haga sea el exitoso presidente de Mercadona: los chinos son también cada uno de su padre y de su madre, y ni siquiera el tópico del hacendoso incansable será de recibo a medio plazo. Un servidor no planea visitar China en lo que le reste de vida, pero es pretencioso negar la existencia y la influencia de lo que más existe e influye en la Tierra. Un planeta cada vez más chino.

Esta semana, la revista The Economist -a la que tanta fe tenemos por sus obras- nos informa de que la China barata puede ser cosa del pasado casi a la voz de ya. La vertiginosa aceleración del ciclo chino hacia el primer puesto de la economía mundial y el comienzo de su declive es, en realidad, una sesuda y documentada propuesta de Shaun Rein (The End of Cheap China: Economic and Cultural Trends that will Disrupt the World).

Como esta sección da para una pincelada [este artículo fue publicado el domingo en la columna ‘El periscopio’ de los diarios Joly], démosla. La tesis del ensayo es que China no va a vender barato mucho más tiempo. Las razones hay que encontrarlas en que allí empiezan a notarse síntomas de sana decadencia: impuestos, costes crecientes por regulación medioambiental y laboral, burbujas inmobiliarias que encarecen el suelo… y crecientes salarios.

Ah, amigo: el comucapitalismo nos ha pillado con el carrito del helado. Millones, miles de millones de chinos occidentalizados tras hacer valer la productividad implacablemente dirigida y la ley de sus grandes números. El planeta peta. Quizá la locura ésa del turismo espacial sea la antesala de irse a vivir a Marte o a sitios peores de la galaxia, como en aquella película de Schwarzenegger, Desafío Total. ¿Cuestión de fe? Puede. Pero eso, Dios mediante, yo me lo voy a perder.

  • Rafa Salgueiro

    Bien visto el artículo,Tacho, y atinados los comentarios.
    Rafa