Hagan paso a los estímulos, por favor

Tacho Rufino | 20 de junio de 2012 a las 18:47

La prensa británica liberal (recordemos que los liberales anglos no son el equivalente nuestros ultraconservadores de credo antiestatalista, sino gente más compleja y realmente amante de la libertad general, y no sólo de la propia), cuyo máximo y mejor exponente es The Economist, reconocen desde hace meses que la austeridad no es por sí misma una solución de la eurozona, y que con las gafas monocolor del recorte y la contención del déficit como dogma cero se hace mayor daño a las economías que la purificación y racionalidad presupuestaria que se les aporta (los futbolistas que me gustan –Cruyff, Zidane, Iniesta, Van Basten— juegan con las dos piernas. Algún genio, como Maradona, era zocato radical, pero no es mi tipo). Paul Krugman ha sido, por defender esa acción combinada en política económica, acusado de practicar el “pensamiento mágico”. Sin embargo, el hombre tiene razón una y otra vez, por mucho que sus detractores –la prensa económica más liberal en el spanish way—intenten desmontar sus argumentos. En concreto, la idea que de una Alemania henchida de orgullo y superioridad moral y productiva está haciendo un gran daño a Europa. Paul Krugman, The Economist, pero también recortadores natos de lo público como Guindos o Monti reclaman ya estímulos públicos, inyecciones de dinero con propósito, dirigidas a algo más que a salvar entidades que son demasiado grandes y peligrosas para caer. Algo que Estados Unidos ha hecho siempre que ha tenido necesidad, sin que ello merme su genética capitalista. Por eso Obama está presionando a Alemania para que piense en el crecimiento de la Zona Euro, y no sólo en aplicar durísimos planes de austeridad a los díscolos, que abren las brechas porque mucho de lo que unos pierden lo ganan otros.

El G-20, capitaneado por un Obama preocupado por la terquedad germánica, debía ser algo más que una reunión de próceres cuyo principal resultado es una foto llena de trajes oscuros. Y parece que por fin lo va a ser. Los problemas globales deben ser atacados en foros globales. Y todo, o casi, es global. Por lo menos los problemas económicos, en la actividad productiva y comercial, en los difíciles equilibrios financieros. Todos pueden salpicarse con ácido. Vienen tiempos de hablar de volver a crecer. Una vez asimilado en España el gran golpe de los bancos zombi, habrá que hacer transfusiones a la economía… o dejarla morir. La lección del despilfarro está aprendida suficientemente, por lo menos para unos años. Los recortes deben venir de la mayor eficiencia del uso del dinero público, no de la poda cojitranca, improvisada y a instancia de parte. ¿De dónde se saca el dinero para los estímulos? De donde hay, e incluso de donde no hay. Sobre eso seguiremos hablando esta semana. Sobre qué son las políticas de estímulo y cómo pueden realizarse en el actual estado de cosas.

 

(En la ilustración: “Por favor, Sra. Merkel, ¿podemos arrancar ya los motores?”)

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