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Empresario malo

Tacho Rufino | 4 de diciembre de 2012 a las 10:50

Yendo por delante una trompetilla para la presunción de inocencia, la detención de Díaz Ferrán viene a confirmar tardíamente que era un empresario de los malos. En España ha habido –y hay—muchos empresarios buenos, buenos para ellos y para los demás… pero no los suficientes, ni lo suficientemente capaces de competir: muchos buenos están en concurso (sin alzamiento de bienes de por medio, claro). Los empresarios malos, de los que Ferrán constituye un modelo, lo son no porque sus empresas estuvieran mal gestionadas, tuvieran poco rendimiento o estuvieran estratégicamente mal posicionadas –que los estaban, en los tres casos, y a los hechos cabe remitirse–, sino porque su figura ha sido el culmen del carácter arribista y vivalavirgen de una clase empresarial española de ocasión. De ocasión de una década: pescadores en el río revuelto de la exuberancia, del fondo público (sí, el fondo público, los dineros públicos de los que tanto se reniega para ciertos usos sociales pero de los que en tan gran medida se ha mamado), de la concesión, de la privatización o del crédito descocado. Empresarios de ocasión que confunden negocio y empresa con chanchullo y plusvalía de corto plazo, de regate corto, de birlirbirloque sin más beneficio que coches, cocina cara y posesiones para el espabilado: “¿Emprendedores o embaucadores?”, frase que le recuerdo a un socio-director de una gran auditora multinacional (de acuerdo, tampoco estas grandes corporaciones de la asesoría y la gran compra-venta tienen demasiado crédito social). Que Ferrán haya sido el presidente de la patronal no es nada más que otro símbolo de los tiempos recién pasados. Y un daño grande, sordo y latente a la imagen de un empresariado nacional cuya imagen es tan débil como la del país en su conjunto, salvo excepcionales excepciones. Todo está por rehacer para la llamada clase empresarial.

PD: Si alguien con gafas demasiado tintadas estima que lo antes dicho carga contra los empresarios, ruego a ese alguien que relea la pieza. Aun así, abundaré en el argumento en esta posdata. Lo que hace falta al país es un empresario con una suficiente catadura moral –o, en su defecto, temor la Justicia–, no  astutos pasajeros henchidos de prepotencia, paternalismo o prosopopeya hortera. Repensar el papel de las patronales también es una tarea pendiente de la sociedad española. Me atrevo a decir que hasta más que el de los sindicatos que, curiosamente, reciben muchos más bofetones y descalificaciones desmemoriadas a la totalidad que la confederaciones de empresarios. Durante demasiado tiempo, la oficialidad patronal y sindical ha sido como la relación de hermanos con un patrimonio común –el dinero público– pero distinto fondo de armario.

 

Post pasados sobre el expresidente de la CEOE (no creía que hubiera escrito tanto sobre él…):

  • Andrés Pérez

    Por lo menos le han pillado por golfo privado, de sus cosas. En las confederaciones de empresarios de mas cerca de aquí mandan empresarios que nunca lo han sido y cuyo negocio es saquear (ellos o sus hijos) la confederación.

    Ni los sindicatos ni las confederaciones de empresarios serán investigadas por las corrupciones con dinero público en cursos, subvenciones, informes, saraos varios,… Pero nos haría falta.

  • Genaro

    Un dato curiosísimo es que nada más y nada menos que el 20% de los ingresos totales de las empresas del IBEX35 salen de los Presupuestos Generales del Estado, de las Comunidades Autónomas y Haciendas Locales vía subvenciones, primas, contratos, etc….

    Tanto presumir de beneficios en sus majestuosas Juntas Generales de Accionistas y resulta que sacan sus beneficios del erario público, oséase, de nuestros bolsillos vía impuestos.

    Como diría Forges: “País”.