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Gestión del oro negro

Tacho Rufino | 21 de enero de 2013 a las 9:49

(Publicado el sábado en El Poliedro, Grupo Joly, desde entonces hemos sabido más cosas sobre el Gran Bárcenas)

PODEMOS imaginarnos el desconsuelo de a la plana mayor del Partido Popular desde que se ha acabado por saber -muchos lo sabían, y tenían altas responsabilidades políticas- lo de Bárcenas, el tesorero que trincaba dos de cada tres billetes que servían a la financiación ilegal de su partido (arriesgaremos tomarnos la licencia de no recalcar lo de “presuntamente” más que esta vez; y evitaremos también dar paliativos a los fidelios acríticos con su militancia, los de “El PSOE, más” o “Y Duran Lleida, ¿eh?”). Billetes de negro color reluciente, de los que alegran un diario y un tren de vida, de esos buenos para gastar en viajes, banquetes, coches y otros caprichos; de ese que se genera y obtiene de forma ilegal. Y a la grande. Es éste el clásico caso-bomba al que los que conocen el convoluto y van a cantar la traviata conceden algo de tregua, un mero diferimiento, como el caso de Urdangarín. Bárcenas tiene una monumental fortuna en Suiza, que sólo con su sueldo de 200.000 al año en el partido es imposible que haya amasado legalmente.

Queda claro ya, por si alguien tenía dudas, que éste es un país donde la gente con unas estructuras mentales decentes son una especie valiosa y menguante, como algunos animalitos evolutivamente perdedores que salen en La 2. Aquí, el que puede, trinca. El zaplanismo de estar en política “para forrarme” es una especie dominante, o en gran expansión, como esos cangrejos que vienen de afuera y echan a los autóctonos. No hablamos de la pecata minuta, de quien se salta un semáforo, cobra sin tributar por limpiar escaleras o no da factura por arreglar el tubo sifónico. Hablamos de forrarse y asegurarse el porvenir de los nietos desde un cargo público. Un verdadero asco, y un escupitajo lanzado desde un gran coche negro a la cara de las personas normales que no saben qué va a ser de ellas.

Bárcenas, nada más difundirse su grandiosa gestión del oro negro del partido, ha filtrado -presuntamente, ésta la pondremos- que de esos dineros se beneficiaban muchos altos cargos del partido, que no se ponían remilgados al colocar la manita así para atrás y coger de cinco a quince mil al mes. Qué alegría, qué respirito. Bárcenas pone el ventilador delante la mierda. Un clásico ya. Esperemos que éste no sea un caso más de ciclo de vida nada virtuoso: nacimiento (juzgado), crecimiento (condenado), madurez (indultado) y mejor vida (contratado por una gran empresa). Pongámonos en lo peor, si es que este escándalo no hace que los partidos, de una puñetera vez y por su propia supervivencia y quizá la de sus flexibles pescuezos, hagan examen de conciencia, se duelan de los pecados, digan esos pecados a los votantes, hagan propósito de la enmienda y, sin indultos, cumpla la penitencia quien pague el pato.

España ocupa un lugar cada vez peor en los ránking de Transparencia Internacional. La corrupción es probablemente un legado de la dictadura -corrupta de suyo, como todas- del que no nos hemos desembarazado; una secuela histórica, un trapo al que han entrado todos los partidos en el poder, en cualquier ámbito de poder. Los dineros de los nuevos ricos, tan precarios a la postre, anestesiaron los mecanismos de control social: Jauja es un país donde la ética es una antigualla. No hace falta glosar aquí los presupuestos de la Economía Institucional, una corriente de pensamiento económico y sociológico que, con permiso de los más doctos, viene a decir que tenemos los políticos y la corrupción que nos es propia y nos merecemos. El espíritu laxo de la sociedad de la abundancia es la forma de ser necesaria que propicia un gobierno corrupto, afecto a una tecnocracia industrial con la que convive y tiene coyunda. Recordamos a Galbraith y su nuevo socialismo: Ejército, Justicia, Sanidad y otros servicios esenciales deben ser públicos, sin complejos. Salarios tutelados y precios controlados con el objetivo de reducir la desigualdad. Todo lo contrario de lo que hacemos. Ah, y fulminar cuanto antes la corrupción partidista. A las claras. ¡Vamos, Mariano, ahora o nunca!

  • Genaro

    Tacho:
    Lo de que la corrupción viene de la dictadura es más que discutible, si repasamos la historia veremos que ya Fray Bartolomé de las Casas decía en sus escritos que los principales defectos de los latinos son la corrupción y el nepotismo; o sea, que lo de la corrupción viene de muy lejos.

  • Tacho Rufino

    Convengo, pero uno hereda de sus padres…