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Salvar los 400

Tacho Rufino | 28 de enero de 2013 a las 12:48

SI el vídeo mató a la estrella de la radio, e internet y su anzuelo de gratuidad se van a llevar por delante a muchas de las cosas y maneras con que vivíamos, la reforma laboral mató al empleo. Paradoja. Pero no lo mató directamente, sino matando al alimento del empleo: el consumo. Ya lo sabemos bien; mi hija de 14 años me describió el círculo vicioso perfectamente el otro día: gente sin empleo, o con salario encanijado, o con mucho miedo… luego bolsillo cerrado y manos empuñadas. Si no se compra ni vende y se produce menos, sobra más gente en las empresas, y va a la calle. Y degenerativa vuelta a empezar.

Inoportuna y extemporánea como un potaje en agosto, la severa reforma laboral del Gobierno podría haber tenido efectos positivos en el ciclo alto, en la exuberancia de la producción, el crédito y las transacciones. Quién sabe. Pero en una situación de recesión es una llamada al despido. Un “¡tonto el último!” institucional. ¿Forzado por nuestro endeudamiento privado y público, por la desconfianza de los mercados que nos racionan el soma de la liquidez necesaria; por la Merkel, como gustamos simplificar? Por todo eso y por una algo infantil presunción de superioridad en la política económica de corte flexibilizador: “El bálsamo de Fierabrás, sanador y mágico, es nuestra reforma laboral: cuando estemos en el poder lo veréis”. Sea como sea, incluidos los letales legados zapaterianos, los efectos de la reforma laboral son un fiasco de marca mayor. Un diezmo al patrimonio familiar nacional. 6.000.000 de personas y sus familias en precario, con una caja negra por futuro y recibiendo lo que les pertenece del Estado. Digamos cuatro millones descontando los buzos fiscales, sumergidos por necesidad o por vicio.

El ministro Arias Cañete aseguró el jueves que la reforma laboral -cual bífidus no muy caducado- dará “potentes resultados” en 2013; Rafael Merino, portavoz adjunto del PP, al alimón, fue más allá: de hecho, dice, los está dando, aunque no se perciban esos frutos demasiado bien. Por su parte, el periódico alemán de referencia, el Frankfurter Allgemeine, aprieta pero no afloja. Al conocer los datos de la EPA, ha calificado nuestro mercado laboral de agujero negro, y ya puestos, se ha puesto teutón y alarmista con el déficit español: ni hemos alcanzado el objetivo, ni los vamos a alcanzar. Achtung! ¿Hay alguna esperanza, por pequeñla que ésta sea, de que alguien ponga cordura, y se acuerde desde un cargo ejecutivo de los millones de familias aterrorizadas de forma más o menos silente? Sí, la hay. El propio presidente, Mariano Rajoy, ha anunciado que se mantiene la ayuda de 400 euros al parado indefinidamente, hasta que rebajemos la tasa de paro a menos del 20%. Una medida justa y necesaria. Algo es algo. El déficit es en este caso secundario, ¿o no?

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