¿Quién da la vez? » Archivo » De Cabo, el liquidador

De Cabo, el liquidador

Tacho Rufino | 20 de enero de 2014 a las 15:14

SI no han visto la foto, hagan por verla: es la viva imagen de una ralea que, durante mucho tiempo de alta tensión y colesterol, abusaba del nombre de empresario y ayudó a agravar los recelos que mucha gente siente en España hacia los empleadores. Ángel de Cabo está repantingado en el sillón de su despacho, con los zapatos sobre la mesa y cara de estar más que encantado de haberse conocido. En la mano izquierda lleva un habano; seguro que es un cohiba de 30 euros, aunque le pegue mucho más un farias de boda de polígono. En la muñeca de la derecha emerge un reloj aparatoso de oro y acero. Sobre la mesa, un móvil de petaca, un ratón inalámbrico y un mechero Bic verde ponen el contrapunto a un glamour fallido que, a la postre, despide un inconfundible hedor de hortera de pelotazo. Entre otras actividades de fusiones y adquisiciones con más de un pie al otro lado de la ética y la estética, la profesión de este hombre consistía en embaucar a empresarios arruinados y prometerle una liquidación programada de sus activos disfrazada de reflotamiento. En otros casos, la trama incluye un acuerdo con el empresario para dejarle los mejores bocados a él, e incluso llevárselos a Suiza o a Hong Kong, como acordó con Gerardo Díaz Ferrán (presidente de los empresarios españoles: toma patada en el arco a su buen nombre) y Gonzalo Pascual. Liquidaron Marsans de una manera que difícilmente puede ser más golfa, según todos los indicios e imputaciones judiciales. El mismo bello menester que el de Edward Lewis (Richard Gere) en Pretty Woman, también hortera, pero mucho más fumable. Ambos son carroñeros, en algunos casos incluso hacen una labor higiénica y legal. Pero lo habitual no es eso. Los liquidadores de empresas de esta calaña suelen intrigar dolosamente y aplastar la mínima esperanza de supervivencia de las compañías. En el caso Marsans y en otros más de andar por casa, hacen esto con la complicidad necesaria de quien controla la empresa y la utiliza para su propia proyección y engorde económico. En el camino, los dineros de la venta de los activos buenos vuelan. De Cabo, desde el trullo, ha cantado esta semana La Traviata contra Díaz Ferrán. Dice que le sacó de Suiza casi 5 millones de euros en negro, y que el presidente de la CEOE tiene mucho más a buen recaudo en Hong Kong. En vez del peluco exagerado de De Cabo, Ferrán se presenta en los juicios con una bandera española ostentosa en la muñeca. En este país de abusos y complejos con la enseñas, con esto consigue dar otra patada testicular no ya a la imagen de la clase empresarial, sino al símbolo que es la bandera. Gracias por todo, apandadores.

Los comentarios están cerrados.