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Reggaeton y cociente intelectual

Tacho Rufino | 13 de abril de 2015 a las 17:37

PARA comprender el funcionamiento de las cosas, los investigadores en cualquier materia utilizan las llamadas correlaciones, de forma que podemos concluir que la lluvia está asociada con las bajas presiones, o que la ingesta continuada de palmeras de huevo y hamburguesas industriales tiene mucho que ver con lo que vemos en el espejo y en la báscula. Hace unos meses supimos de un estudio de relaciones estadísticas de este corte, tan simple como llamativo, y que puede dar bastante juego en las redes sociales o en la barra de un bar. Virgil Griffith, desarrollador de software, ha medido dos cosas en una muestra significativa de estudiantes de su país: su IQ o cociente intelectual y sus gustos musicales. Griffith acabó demostrando que los más inteligentes escuchaban música clásica, seguidos por los usuarios de rock prestigioso (como Led Zepellin o U2). Los más mendrugos, siempre en general, consumían reggaeton: era un secreto a voces, y también a altavoces, los que con frecuencia atronan en la calle dentro un coche medio pelo pero brioso, negro o tuneado, que expele por la ventanilla esa música difícil de definir, que contamina el buen nombre del reggae jamaicano y el hip-hop, de los que se dice que proviene… degenerando, como describía aquel séneca la evolución de un picador que acabó siendo gobernador civil. Sin embargo, no sólo de macarrillas de barriada con gafas de Dolce&Su Hermana vive el reggaeton; también lo ponen mucho en las fiestas más pijas, porque pijo e inteligente son variables cuya correlación no está en absoluto demostrada hasta el momento. Una forma alternativa de identificar esta corriente musical son las letras. Indicios claros de que estamos ante el reggaeton son el uso de expresiones del tipo “Mami te voy a coger para perrearte el cueppo“, “Yo quiero darte lento toda la noche sin anestesia”, y otras sublimes propuestas gramaticales. Si a usted le gusta el reggaeton, o lo consume en la intimidad o a escondidas, no se venga abajo ni maltrate su autoestima: puede que usted sea la excepción que confirma la regla, papi (o guirla, que es de lo mejorcito que dicen los trovadores de este arte acerca de las mujeres). Una cosa más. Estos estudios demuestran correlación, que no causalidad. No se sabe si es primero en este caso la gallina (la cortedad intelectual) o el huevo (la pasión por el reggaeton), porque puede que la ingesta auditiva de esta música rebaje la capacidad cognitiva severamente. Pero eso, ya para otra tesis si eso.

P.S.: BEn el estudio de Griffith, Beyoncé también era consumida mayormente por los menos lumbreras. Quizá en el caso de la rotunda cantante estadounidense, lo más inteligente es no sólo ewscucharla, sino también verla bailar.

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