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Reflexionar, ardua tarea

Tacho Rufino | 28 de septiembre de 2015 a las 17:52

(Cuando esto se publicó en prensa diaria, el sábado pasado, no sabíamos que los partidos separatistas habían conseguido agregadamente la mayoría absoluta de las elecciones, aunque el número de votantes de estos partidos ha resultado ser menor que los que no quieren independencia. Si era un referéndum encubierto, los soberanistas han perdido)

el-pensador1PENSAR es una cosa muy costosa. De hecho lo hacemos muy poco, o pérfidamente, a tenor del panorama. Más bien pensamos en su versión gratuita, inmediata, automática, un pensamiento para ir tirando sin tropezarnos, sin que nos peguen o dañen; un pensamiento reactivo y no proactivo, que diría uno con estudios. Pero pensar bien, claramente y con pausa y propósito, delimitando el asunto de que se trate, sin dejar de considerar ningún elemento clave de la cuestión, eso, eso es costoso y, como consecuencia, es escaso. De hecho, a muchos nos resulta imposible pensar en algo con un mínimo de utilidad sin papel y boli. O sin sparring dialéctico; alguien que nos escuche y lleve de la mano en el pensar dialogado, y nos rebata, aclare o confirme. Siempre he creído que la actitud de la escultura El pensador de Rodin es imponente por evocadora, pero que en realidad con esa pose no se piensa con claridad ni se llega a conclusiones prácticas y, sí, con el tiempo, a una patología lumbar.

Lo de reflexionar es un paso más allá. Requiere de más tiempo y esfuerzo, detenimiento y método. Por eso ayer, en la llamada jornada de reflexión previa a las elecciones catalanas de hoy -transformadas en plebiscito o referéndum, entre estos dos términos también hay fronteras, cosas de técnicos-, las seseras habrán echado humo, cabría decirse. Pero qué va, el humo llevan echándolo nuestras cabezas -y orejas, y narices, y otros órganos humanos- semanas, y hasta meses. Ayer no se ha reflexionado nada, no nos engañemos. Hoy todo el mundo lleva una papeleta que ya llevaba en la cartera hace mucho tiempo, una papeleta de un partido que significa sí o no, fuera o dentro de España. La llevamos incluso quienes no tenemos derecho a voto hoy. El pescado estaba ayer más que vendido. Puede que alguno que otro haya cambiado de intención esta semana, movido -a favor o en contra-por los bancos, las patronales, la Federación Española de Fútbol, Gasol, Trueba, Linde o Sarkozy. Poca cosa.

A cientos de kilómetros de distancia de Cataluña, y a miles del calentón separatista, a uno le da por pensar un poco, medio reflexionando, y llega a la conclusión de que le importa exactamente un pepino. Y, pensando, pensando, el pepino crece y crece, como mengua y mengua mi temor por la suerte de España sin Cataluña (y viceversa, claro). Como le decía a mi hija, sentado al borde su cama acariciándole el pelo, cuando ella tenía una pesadilla: “No pasa nada, no va a pasar nada”, ahora he reflexionado, mucho más de lo que esto merece para el futuro de, por ejemplo, ella: y no va a pasar nada que no tenga remedio, concluyo.

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