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Crece el divorcio, ¿de la mano de la economía?

Tacho Rufino | 8 de marzo de 2016 a las 9:57

El blog más visitado del mundo se llama Freakonomics, que podemos traducir como Economía friki. Sus titulares, el profesor Levitt y el periodista Dubner, no pasarán a la historia por su ortodoxia científica, y nunca obtendrán un Nobel, pero la naturaleza racional-esotérica –un contradictorio concepto recién parido— de sus hallazgos hacen muy atractivos sus estudios, y no digamos en comparación con quienes sí investigan con parámetros habituales. Sus propuestas surgen de poner en duda lo evidente e indagar en relaciones causa-efecto que en muchos casos resultan eso, frikis, del género rarito y hasta majarón, muy juguetonas con lo subyacente y lo oculto: han concluido, por ejemplo, que, como sucedió en un centro educativo israelita, si se multa a padres con tres euros por llevar tarde a los hijos al colegio, el efecto conseguido es un incremento de tal demora, al aliviar la multa la carga de conciencia de los padres; qué son tres monedas ante un ataque de pellizcos en la conciencia durante toda la jornada laboral. O que el descenso de la población reclusa en los noventa en Estados Unidos se debe a una ley del aborto promulgada veinticinco años antes, que hizo que muchas mujeres de barrios marginales evitaran tener hijos con muchas papeletas para acabar siendo delincuentes.

Ayer lunes supimos que la desaceleración de la crisis –creo que acabo de acuñar una expresión muy de experto; la cedo a la ciencia— el número de divorcios ha crecido. ¿Da esto para un frikipótesis? Y para varias, según el criterio y el sesgo del investigador. Si medimos conjuntamente la cantidad de divorcios anuales y las tasas de crecimiento del PIB, parece claro que cuando la cosa va a peor, la gente se separa menos, y viceversa. La hipótesis subyacente puede ser: “Las parejas cuyo amor estaba fatalmente dañado al comenzar la crisis han aguantado hasta percibir aires de mejora y/o poder pagar al abogado”. Pero también ésta vale: “La crisis se ha llevado por delante mucho compromiso y proyecto común, y antes de ellos, al amor”. O hasta esta otra, algo más propia de la Rota Romana y como más defensora del vínculo: “La crisis es reflejo de la corrupción política, que lleva aneja la corrupción de los valores, del sacramento y el contrato moral, y del bien superior que deben ser los hijos”. (Cabe, por qué no, negar la mayor y así afirmar que la crisis está aquí todavía, aunque las compuertas del crédito se vuelven a abrir, quizá anunciando el adviento de una nueva burbuja, el comienzo de un nuevo ciclo prometeico. No nos atrevemos a decirlo, pero quizá la economía globalizada no es más que un conjunto de burbujas de distinto color y olor, que se secuencian cual válvulas de descompresión en el espacio y en el tiempo, cada vez más rápidamente.)

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