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Su primera comunión

Tacho Rufino | 17 de mayo de 2016 a las 7:00

Son días de primeras comuniones, un evento del que prácticamente nadie priva a sus hijos: practicantes, creyentes no practicantes, agnósticos, ateos, casados, separados, amancebados, solteros y familias monoparentales. Cada uno celebra como quiere un rito que ya para pocos es en esencia religioso, y que para todos es un “rito de paso”, que diría un antropólogo: el principio del fin de la infancia. El otro día, un buen amigo me contó que la fiesta en el caso de su hija consistiría en un almuerzo al que invitaría a apenas diez personas, en un sitio donde pudieran convivir y jugar grandes y pequeños unas tres horas, y en el que la estrella por un día sería, claro está, su pequeña. Me conmovió: un rebelde, mi amigo. Algo parecido tuve yo hace un puñado de años, en un día del que conservo recuerdos más o menos inventados, pero muy íntimos. Con mi primo de coprotagonista; entonces las familias buscaban las economías de escala en esta fiesta: donde comulga y celebra uno, comulgan y celebran dos. Y cuesta la mitad. Las cosas han cambiado mucho, y no entraremos en consideraciones religiosas ni éticas –líbreme Dios–, ni en juzgar cómo gasta cada uno el dinero. Iremos, eso sí, a ciertos rasgos y síntomas económicos a partir del party que no cesa en estas tierras llegada la primavera.
Con permiso del gran Juanito Valderrama, parafrasearemos y actualizaremos su copla, cuyo título tomamos prestado: “En el quicio de la puerta / estamos su madre y yo / con lágrimas en los ojos / por tan tremendo pastón”. Entre tres y cuatro mil euros suele costar una primera comunión hoy, informaba ayer aquí Juan Parejo (“Primeras comuniones: las nuevas bodas”). Hace unos días leí que era común gastar unos siete mil. Hacer una gran fiesta, para mayores tanto o más que para el pequeño, con una barra libre como segunda estrella del día (de la que, huelga decir, no disfrutan los pequeños, a los que se les coloca un payaso, un mago y un castillo inflable). No sé si convendrán ustedes conmigo en que muchas de estas fiestas se pagan a crédito, y que –esto ya es irrefutable— la familia española media gasta ahí el equivalente a su sueldo de dos o más meses. Allá cada uno con cómo gestiona sus lagrimitas, su pamela, su vistoso pañuelo asomando en la americana, su cachondeo y sus gin tónics. Lo que sí parece claro es que el crédito vuelve a fluir. Flujo para el cual hace falta un banco, ya más ligerito de cascos, y un empeñado en un crédito personal al 10% TAE. A mí como que me recuerda a algo. Un ‘deja vu’, algo que ya vi no hace tanto.

PD:  Para ver a Juanito Valderrama cantando “Su primera comunión”, hagan clic aquí. https://www.youtube.com/watch?v=8QHF9tiqNCQ

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