Boris Johnson, el camaelónico ‘clown’

Tacho Rufino | 18 de octubre de 2016 a las 10:44

HACE varias décadas, aquí en el meridión español imperaba una creencia tan arbitraria que no puede serlo más: “Los ingleses no tienen sentido del humor; a nosotros, nos chorrea por los poros la gracia” (la segunda asunción sigue bastante vigente, más en unas provincias que en otras). Ya Benny Hill y los Ropper comenzaron a hacernos dudar seriamente de esa matraca, sambenito bumerán donde los haya, que tanto daño nos ha hecho nada más llegar a Jaén y subir un poco más: “Qué salero, mírale; cuenta un chiste, báilate una rumbita”. Con el tiempo, uno ha experimentado un efecto pendular al respecto, de forma que cuando conoces a un inglés empeñado en hacer gracietas inteligentes todo el tiempo, acaba por producirte desconfianza e irritación. Y si ves a un político que alardea de continuo de sentido del humor en modo excéntrico y epatante, desconfías más. No hablamos de Rajoy, qué va, hablamos de Boris Johnson. Un inglés cuya estrategia política reciente nos afecta más de lo que quizá creamos. De momento, es Ministro de Exteriores. Antes, dio alas al Brexit.

El que fue alcalde conservador de Londres cinco años hasta 2015 y después adalid del abandono británico es un hombre que no para de interpretar humoradas. Aunque su gran objetivo es ser primer ministro, dice desestimar esa estrategia: “Mis probabilidades sólo son superiores a las que tengo de ser decapitado por un frisbee, a que me dejara ciego un taponazo de champán o me reencarnara en aceituna”. Como ven, una notable tendencia a la jartibility, la del osuno Johnson. Extravagante, lleva un estilismo del cabello de “mira que despeinado voy, está claro que no soy un tipo ambicioso”. Lo de despeinado me atañe, poca broma con eso. El del ex colegial de Eton no es un despeinado despreocupado, sino uno perfectamente premeditado, según quienes bien lo conocen. Hurgando sin profundidad en su permanente puesta en escena, uno acaba por concluir que no es fiable. Lo cual se confirma al haberse sabido ayer lunes que Johnson escribió un artículo -autosecuestrado y ahora revelado- dos días antes de decantarse por hacer feroz y teatrera campaña por el Brexit. En él defendía la conveniencia de Gran Bretaña de permanecer en la UE. Como para tragarse sus llamaradas de humor. Casi que, para reír, se queda uno con Chiquito de la Calzada, quizá próxima Medalla de Andalucía… de perdidos, al río ¡Condemor! (Por cierto, el proceder serpenteante de Johnson se parece mucho al de Artur Mas, cambio de opinión radical incluido. Es más bien clavadito.)

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