¿Calidad democrática? No se encuentra aquí

Tacho Rufino | 23 de enero de 2017 a las 19:11

Hace unos días, un columnista de este diario proponía ser optimista con el porvenir inmediato y, en particular, el de este país que forma parte de una Europa atacada en sus cimientos culturales y sociales. Justo debajo suyo, otro compañero declaraba tener serias dificultades para no ser pesimista por los mismos y otros motivos. Entre el desiderátum “en positivo” y la visión fundida en negro, está la selección de los hechos que cada uno pueda hacer para su análisis, sus propios presupuestos ideológicos y hasta el pie con que se haya levantado una mañana dada. Hay periodos -semanas, en el caso de esta columna- en los que la realidad te mueve a ser pesimista o, si quieren mejor, a sentirse desencantado o tan sólo confirmar los bueyes petardos con los que aramos aquí. Eso último sucede cuando esto se escribe y, de sopetón, confluyen ante tus ojos dos noticias del día y otras dos de la semana que aún colean, tanto en la mente de uno como en las noticias corrientes.

Comencemos por el presente rabioso que a su vez hace rabiar. Perplejo se queda uno cuando Rajoy hace una defensa sin ambages de quien fue ministro de Defensa suyo, premiado después con la Embajada en Londres, el inefable Trillo que daba vivas a Honduras mientras pasaba revista en una base aérea en El Salvador (una mala tarde la tiene cualquiera, es cierto). A pesar de que el Consejo de Estado lo acaba de hacer responsable del accidente del Yak-42 -decenas de muertos entre gran tufo de chapuza, negligencia y trampa de su Ministerio-, su presidente hace de padre: “Eso pasó hace muchísimos años”. “Muchísimos”. El Consejo de Estado no es suficiente institución para destituir a Trillo como embajador en plaza tan clave y reponer algo del derecho moral que los familiares de los muertos han visto restituido por dicho Consejo. El mismo día, en el mismo noticiario, conocemos que la Guardia Civil -no toda, al menos de momento- de un pueblo sevillano se da todas las trazas de tener un sobresueldo con el narcotráfico por el Guadalquivir. Un mando y tres guardias, detenidos. Sobran comentarios. Viva Honduras, viva El Salvador y viva la Guardia Civil de Isla Mayor (complicado creer que el resto del destacamento y otros cercanos no supieran nada).

A la vez, se confirma que el chafarrinón grotesco que protagonizó un empresario andaluz señero al abalanzarse patética y beodamente sobre -qué tino- la líder de Podemos en Andalucía. Si no es por la denuncia de ésta, Teresa Rodríguez, nada hubiera pasado, y mira que el presidente de la Cámara de Comercio de la que el empresario era vocal en ese momento estaba presente, y hasta se permitió bro

mear y trivializar tal esperpento de un landismo resucitado. Empresarios, con amigo como éstos, ¿quién quiere enemigos? (No se pierdan el artículo que sobre esto hizo Ignacio Martínez, Ridículo empresarial.)

Cuarto y último, la desilusión de presenciar la complicidad del Gobierno con la banca que perpetró las cláusulas suelo: debe obligarla a establecer de oficio -y sin instancia de parte, porque la parte dañada es infinitamente más débil que la banca que tan artera fue- un calendario de devolución de lo cobrado en intereses con abuso contractual y de información, tal como ha sentenciado con calidad -dignidad- el Tribunal de Justicia de la UE, poniendo la cara colorada a nuestro Supremo, también muy falto de calidad en este caso. Y no dejar que los perjudicados tengan que armarse judicial o administrativamente: no es su obligación. Pero va a ser que no: poniéndose de perfil, el Gobierno apoya a Goliath, el abusador.


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