El Brexit y La Trinca (Trump, Putin y May)

Tacho Rufino | 23 de enero de 2017 a las 19:17

Las cosas que cambian de verdad cambian de repente. Casi de un día para otro. Por ejemplo, ¿quién se veía venir hace apenas un año que Gran Bretaña abandonaría la Unión Europea y resucitaría su alianza genética con los Estados Unidos de un Trump que desprecia al Viejo Continente y, además, dice querer completar la Gran Alianza del XXI con Rusia y, ya veremos, con China? Es sólo un ejemplo, pero viene al caso por una anécdota, de esas simbólicas que tanto gustan al columnista. Va de Brexit. Uno está sensiblote con el asunto, porque la hija ha decidido, con beneplácito, tomarse un “año sabático” -así lo llama ella, adelantándose unos cuarenta años-antes de entrar en la universidad, e irse a poner pintas o hacer camas a la patria chica de los Beatles. Nuestros jóvenes van por miles a las Islas, donde hay ese tipo de trabajo nutritivo para sus bolsillos y gustos, a 90 euros el día de trabajo reglado. Ésa es una cara de la moneda. Un juego de oferta y demanda laboral que con el Brexit podría verse alterado, acaso perjudicando a los jóvenes comunitarios que quieren inglés más vivencias o mero empleo. Pero todo tiene una cara B.

La otra cara aparece esta semana en la tele. En plan Lobatón, dos chicas inglesas que no se ven hace años planean montarse a dúo la despedida de soltera de una de ellas. “Ni pa ti ni pa mí”, y deciden encontrarse en una ciudad ubicada entre Londres, donde vive una, y la ciudad donde reside la otra. Hacen lo cálculos y les salen caras las noches de hotel, las copas y la comida. Buscan y remiran en internet y… ¿adónde se van que les salga por dos duros de avión y hotel, cuatro duros de mil copas y tres duros de boquerones, paellas y hamburguesas? A la Costa del Sol, que mola pero que mucho más que las alternativas domésticas de las chicas. España es barata para sus sueldos y sus libras, ofrece un comer y un beber incomparable en calidad y precio con los de allá, las habitaciones no tienen enmoquetados sospechosos y están tiradas, los vuelos son de un low cost insultante: sus turoperadores son unos cracks que se chupan buena parte del valor añadido de la cadena turística. Que aprovechen y vengan con gran resaca, dos kilos extra, la felpa-pene daleada y un quemazo cutáneo de gamba plancha: el Brexit también puede alterar bastante este planazo. Quién sabe qué será entonces del tipo de cambio, probablemente nada bueno para su poder adquisitivo. El Brexit es un melón por calar. Y La Trinca de los dos rubios extravagantes de Putin y Trump con la rubia flemática de May, por no hablar del otro áureo de Boris Johnson, otro más gordo.


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