Hasta siempre, Obama

Tacho Rufino | 23 de enero de 2017 a las 19:12

Admiro a Obama. No por su golpe de cadera al bailar ni por su voz, ni porque de su voz sale un inglés comprensible para no nativos -es una exigencia para cualquier presidente: son el imperio… y lo saben-; tampoco por el ebúrneo encanto de su mujer, ay, o su sentido del humor. Ni porque cuando ha llorado en público era más creíble que el mejor actor dramático. Tampoco por su respeto hacia cualquier persona. ¿Profesionalidad? No sólo, no parece. La admiración por el saliente presidente de Estados Unidos no viene ya por la epidermis, sino por otras dos razones. Primero, porque sus detractores de andar por casa -algunos amigos, algunos fatigas de la tertulia- suelen tener mal ocultos un puntito racista y otro fachoso. Suelen criticarlo por “mediocre” y por teatrero. No soportan que sea defensor de los desfavorecidos -los de su país, de acuerdo, pero para eso lo votaron y le pagan-. Segundo, por los datos de sus dos “Administraciones”. Compararlo con Bush hijo, el líder secreto de la Asociación de Amigos del Accionista Petrolero, es como comparar a un pura sangre con un mulo. Los resultados de Obama tras coger al país en pleno crash financiero son incomparables, por buenos, a los de ningún antecesor suyo reciente. Quizá sólo a los de Clinton.

Un viejo artículo sobre Obama provocó la guasa de un amable lector: “¿Cuánto paga la Casa Blanca por la glorificación?” (dijo “ojana”, pero no viene en el diccionario). “A quien paga es a su gente”, cupo replicar: sin ofrecerle los cuartos traseros a los grupos de enorme poder ni hacer populismo pro-negritos del algodón. Hoy (sábado), cuando el presidente USA ya tiene las maletas hechas, la prensa nos recuerda que la era Obama se cierra con pleno empleo técnico, y que en este año se han creado un millón de empleos por sexta vez consecutiva. Antes ya supimos que tuvo redaños para nacionalizar megabancos quebrados y, o bien dejarlos caer, o bien reflotarlos recuperando los dineros públicos (igual que aquí, lo mismo es…). Que su plan de sanidad universal ha fracasado, en buena medida por el ejemplar equilibrio de poderes públicos de aquel país. Que para ayudar a la decadente industria del automóvil no se embarcó en subir los aranceles a la competencia. Para eso está Trump, su sucesor, que tanto gusta a tanto liberal a la española, que quizá compartan que la presidencia de Obama fue -Aznar dixit– “exotismo histórico”. Sin racismo ninguno, hombre, por Dios. Ah, y que iba a llevar a su país “al desastre económico”. ¡Nostradamus, a los albañiles! Que viene Aznar.


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