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Schäuble, el ‘poli malo’

Tacho Rufino | 29 de noviembre de 2011 a las 21:25

Schäuble es un economista un poco matón. Es el poli malo del gabinete de Angela Merkel, el que le da la de cal (o la de arena, según se mire) a los indignados alemanes que, pobres ellos, todo lo trabajan y todo lo soportan en sus anchas y generosísimas espaldas. Merkel es el yin de su yang, Schäuble: ella hace de poli buena, que no es lo mismo que hacer de poli simpática. Como dicen que decían los alemanes de su recuperación económica tras ser represaliados (reprimidos por los aliados, como su propio nombre indica) después de emprender dos guerras contra los vecinos y el mundo y perderlas en el siglo XX, “lo imposible ya lo hemos hecho, para los milagros nos estamos preparando”. Se asusta uno un poco con estas cosas.

Nadie les pide que sean simpáticos a la canciller y sus pretorianos, pero sí les pedimos que no quieran gobernar todo lo que se cuece en la Unión Europea con sus propios criterios, sus propias normas, sus propias sanciones y sus propias listas blancas y negras. Parten –pelín totalitarios, sin ánimo de faltar– de un axioma: el euro es alemán, y le toca a Alemania defender a su moneda de los díscolos y los caras. Almunia, nuestro Almunia, sí se lo ha pedido: no sea usted tan antipática, que votantes, y hasta argumentos, tenemos todos. Bueno, más que una petición, le ha hecho un reproche: “No se arroguen ustedes, señores alemanes, la toma de decisiones en Europa en nombre de todos”. Schäuble, el ministro de Economía más ministro de Economía de todos, ha puesto al comisario de la Competencia –Almunia— en su sitio: “No te metas en lo que no es de tu competencia“. Lo cual está gracioso, por lo menos traducido a español. Soberbiete e impertinentón, pero gracioso. Más claro, el agua: me habéis molestado mucho, enturbiáis mi futuro… así que os someto. Fiscal y presupuesatariamente, pero os someto. Y os amenazo de expulsión. “Mariano va a ser bueno, no me cabe duda, y además es más de mi cuerda que Zapatero”, ha dicho Schäuble. Obedece rapidito y sin rechistar o… Raus! Empiezan a darte leches y acabas convencido de que te las mereces. Eso es así.

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Rígido, ineficiente, injusto… ¡y hasta indecente!

Tacho Rufino | 2 de septiembre de 2009 a las 18:17

“El BCE vuelve a pedir la reforma del mercado laboral y achaca el paro a la subida de salarios en el pasado · Pero que el 63% de los trabajadores sean ‘mileuristas’ demuestra que existe una brecha entre las rentas altas y bajas”

LOS mayores pepitogrillos de nuestra economía no viven en España, sino que los tenemos destinados en Bruselas, Fráncfort o Luxemburgo, ejerciendo de representantes nuestros en alguna institución de la Unión Europea. Desde allí, sus advertencias, recomendaciones y vaticinios suelen ser mucho más duros y tajantes que los que periódicamente hace el propio director del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, azote del Gobierno que lo nombró. Almunia, desde la Comisión, es un claro ejemplo de eurócrata versión martillo pilón: varias veces al año nos recuerda que sin reforma laboral, sin flexibilización y sin contención salarial no tenemos futuro ninguno. La última entrega de su “os lo tengo dicho” tuvo lugar en junio. Esta semana ha sido José Antonio González-Páramo, reputado economista y profesor, quien nos ha recordado el breviario para (poder intentar empezar a) salir de la crisis. González-Páramo ejerce actualmente de miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo. Él lo tiene claro: nuestro sistema laboral es “rígido, ineficiente y socialmente injusto”. Rígido: o sea, que cuesta una barbaridad contratar, cambiar de destino y funciones y, sobre todo, despedir al personal (al fijo, claro, a la creciente legión precaria, no). Ineficiente: debemos suponer que se refiere a la productividad, causa y remedio de todos los males; la “unidad de trabajo”, la hora trabajada, sale cara en España. E injusto: sobre este adjetivo debemos interpretar que -no sólo según Páramo- en España se da una especie de trastorno bipolar laboral: unos muy seguros, y otros totalmente inseguros. Cabe ir más allá y afirmar que la causa de la precariedad de éstos es precisamente la excesiva seguridad de aquéllos: el argumento estrella de los flexibilizadores.

El experto del BCE se despacha con una relación causa-efecto de tipo ¡alehop!, que no explica. Tratemos de descifrarla a partir de su frase textual: “Quiero recordar que desde hace mucho tiempo el BCE ha estado advirtiendo a los gobiernos de la Eurozona que es particularmente importante evitar las cláusulas de indiciación de los salarios, porque llevan asociado el riesgo de desatar y acelerar espirales de salarios y precios, que en el pasado han estado en la raíz de prolongados episodios de desempleo masivo”. Obviemos que Páramo considera que la subida de los salarios no debe asociarse a la inflación, algo que nos parecía una aspiración de lo más normal (no sabemos si la bajada de salarios sí es para él recomendable en caso de deflación). La miga de la frase está en que detrás de la crisis, y de su hijo el desempleo, lo que estaba no era la avaricia bancaria que señala el ministro Corbacho esta semana, ni tampoco las subprime y los intermediarios que venden préstamos a quien nunca ha devuelto ni devolverá un pavo. Ni siquiera unos tipos de interés bajísimos. La causa de este “episodio de desempleo masivo” es la “espiral de los salarios y los precios”. Sin ánimo de negar la mayor a un peso pesado, creo que es claro que entre esa causa y ese efecto hay varios eslabones y factores distintos del hecho que la gente cobre más si los precios generales suben. En cualquier caso, el diagnóstico del prestigioso profesor ha coincidido en el tiempo con un estudio que hace que sus declaraciones resulten algo dolorosas. Aunque, la verdad, nada comparable a las declaraciones de Esperanza Aguirre al saber que los funcionarios quieren mantener lo pactado en cuanto a la revisión de sus salarios. Obviando que muchísimos funcionarios estarían dispuestos a contener la actualización de sus sueldos, la presidenta madrileña protagoniza una nueva pasada de frenada dialéctica y dice que la postura de los representantes de los trabajadores públicos es “indecente”. Moderación ante todo. En fin, según un estudio digno de crédito y que ha sido citado en todas las portadas de periódico esta semana, en España no hay inflación salarial. Lo que realmente hay es un auténtico ejército imperial de mileuristas.