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Los nuevos periféricos

Tacho Rufino | 29 de abril de 2012 a las 20:41

Publicado en los periódicos Joly el 27.04.2012

LA alegría, como la pena, va por barrios. A todo cerdo le llega su San Martín. Las dentelladas de la realidad no dejan a nadie a salvo: ni al empleado de a pie, ni al de altos vuelos, ni al empleado público, ni al funcionario, ni al empresario de relumbrón, ni al autónomo de furgoneta y dos móviles, ni al inversor de sus ahorros. Ayer un ajuste laboral, hoy un real decreto, mañana un impago a favor o en contra, hoy una debacle en bolsa. Hay barrios de parroquia y taberna, y también hay barrios más globales, donde las relaciones de interdependencia son puramente comerciales y económicas. En el barrio comunitario, las penas llegan antes o después a todos. Y llegarán a Alemania. Ya han llegado a Holanda. Las banderitas de terreno conquistado -o a punto de- se plantan por todo el mapa: no se van a quedar en la periferia de toda la vida. La política de consumo del propio músculo que campa como condición sine qua non para la existencia de la Unión Europea -o sea, la política del dogma de la eliminación del déficit fiscal ahora y totalmente- comienza a hacer daño a los primeros de la clase: no sólo es un principio cero que contiene una perversión en sí mismo porque hace a las economías un daño de mayor magnitud que la seguridad que consiguen, sino que es vírico y pandémico. Si España es intervenida (o sea, privada de su soberanía en política económica), Francia caerá poco tiempo después, entre otras cosas porque España tiene numerosos créditos otorgados en Francia; por el Estado y los bancos fracneses, y los inversores que compran deuda española. Holanda, una Alemania en pequeñito, sufre los primeros síntomas de la gripe del cerdo, el pig. (“¿Qué es periferia, dices mientras clavas tu garra de águila en mi gasto público?” “Periferia eres tú”. Bécquer, allí donde esté, no puede ofenderse por el prosaico uso de sus versos: uno ha tenido que sufrirlos toda la vida y eso da cierto derecho.)

Hasta hace poco, el premio Nobel Paul Krugman era denostado por muchos que ahora reclaman atención al crecimiento y al empleo como vendeburras oportunista , como mercader de crecepelos para gente de izquierda con estudios, como un García Márquez del pensamiento mágico en Economía. Sin embargo, el hombre tiene más razón que Galileo: Eppur si muove, o mejor dicho, o esto se mueve, o cuando te quieras dar cuenta no estarás en buena forma (presupuestaria) y delgadito, sino consumido por falta de consumo e inversión. Muerto en vida, suicidado. Alemania -obviemos aquí la enésima alabanza a su economía- está rentabilizando enormemente su dogma: se financia a coste cero, mientras los periféricos de rancio abolengo nos financiamos hasta seis puntos más caro: abre brecha entre su industriosidad y sus mercados y deudores, un grave peligro para la propia Alemania, cegada de soberbia y razón. Ahora, de pronto, todo el mundo, hasta el derrotado Sarkozy, habla de que hay que pensar más en el crecimiento, en los estímulos y facilidades públicos (que suelen crear déficit, en efecto) y en debilitar la dictadura del déficit cero como único leit motiv en política fiscal. En el camino, hay cadáveres.

Paralelo al tardío cambio de opinión de mucha gente con respecto al déficit discurre el populismo, de forma inquietante y creciente. El Gobierno holandés ha caído por una extrema derecha repleta de gente empobrecida y/o encabronada. En España, la extrema derecha xenófoba y anticomunitaria todavía no se ha desgajado del voto imperante, que no es (sólo) el votante más radical del Partido Popular. Ha sido la extrema derecha holandesa, integrante del Gobierno de coalición, la que se ha negado a aceptar las exigencias de déficit público para el próximo año. Sus motivos son sin duda distintos de los que reclaman lo mismo en la otra Europa. Pero el vigente juego alemán de ganar en todo -no siempre ha sido así: hubo un tiempo de “cambio fondos por territorios comerciales”- no se sostiene. Alemania también es periférica como su periferia holandesa, y quizá tenga que ser rescatada de su propia terquedad.

La fe del ‘Estado mínimo’

Tacho Rufino | 6 de septiembre de 2010 a las 15:40

LOS refranes que usamos se crearon cuando, para bien y para mal, lo políticamente correcto no existía, de forma que, por ejemplo, en el país de los ciegos, el tuerto era el rey (hoy no podríamos hablar de ciegos en un foro público, y menos aun de tuertos). Es ése un dicho tirando a incorrecto, pero es muy ilustrativo, y de aplicación a las economías regionales: en España, el País Vasco -ex aequo con Cataluña- es el rey tuerto económicamente; en Europa, lo es sin duda Alemania. En estos días de profusión de mapas meteorológicos en los interminables partes del tiempo de los telediarios, la mayor intensidad de color cálido del sur solía contrastar con la frialdad celeste del norte. Aunque no entremos en discutir la influencia del clima en la economía y la historia de los pueblos, sí se le venían a uno a la mente otros mapas en los que también las regiones más meridionales lucían con tonos más intensos: los mapas del paro y el fracaso escolar. La renta per cápita también se comporta en España con distribuciones que, sobre la piel de toro, son bastante complementarias con las anteriores. En el marco europeo, la tónica general es parecida: norte más rico, sur más pobre, aunque no sólo no ha sido siempre así, sino que en largos periodos ha sido al contrario. Enfocando en un tiempo concreto, el que vivimos, vale la pena preguntarse por qué a Alemania le va bien con la crisis, y si sus planes de austeridad tienen mucho o poco que ver con su liderazgo.

La derecha política suele estar mucho más desunida que la izquierda, lo cual no deja de ser lógico dado que la derecha (teórica) promueve la capacidad individual y la izquierda (teórica) la igualdad. Sin embargo, en economía, el liberalismo (la derecha económica) suele tener un credo sencillo y firmemente compartido por sus fieles, a pesar de que el mercado sin trabas -particularmente, el financiero- se haya demostrado más un origen de males colectivos y beneficios particularísimos que un beatífico manantial de crecimiento y bienestar. Muchos apóstoles de la fe del Estado mínimo se han apresurado a atribuir a las políticas de austeridad de Merkel un dato fenomenal: el último crecimiento oficial de la economía de Alemania ha sido el más grande desde la Reunificación, en 1989. Algo como atribuir la tripa galopante a las cervezas de ayer o como culpar de la alopecia al champú del hotel del fin de semana pasado. Identificar los planes de consolidación fiscal -qué nombres tan juguetones damos a las cosas- de Merkel con el éxito del último dato de crecimiento iba parejo a la identificación de los planes de estímulo de Obama (la política económica contraria, por decirlo de una forma sencilla) con el pobre último dato oficial de la economía USA. Sin embargo, el éxito alemán tiene mucho más que ver con un euro a la baja que ha posibilitado un enorme auge de sus exportaciones (Alemania es, dicho sea de paso, el mayor exportador del mundo). Sus buenos datos recientes no se deben a la política de austeridad que ha acometido Merkel “para dar ejemplo”, que es demasiado reciente también.

A Obama, por su parte, lo estaban esperando. No ha caído ni caerá bien a la derecha española (no digamos a la estadounidense), por motivos de diversos colores, y resulta alucinante cómo tantos se han apresurado a achacar a sus políticas de estímulo -energía sostenibles, infraestructuras y recortes de impuestos a pymes- un presunto fracaso de sus cifras económicas. Tantas veces el objetivo no es analizar, pues, sino atacar al enemigo con cualquier excusa. ¿Por qué no combinar la sensata austeridad, cuyos efectos son más demorados, con el estímulo útil, que funciona más rápido en sus propósitos? Por pura ideología.

Austeridad y estímulo, ¿incompatibles?

Tacho Rufino | 30 de agosto de 2010 a las 14:34

ayuntamientos

CANINA MUNICIPAL

MUCHOS presupuestos, sobre todo públicos, se aprueban cuando los dineros de las partidas de gasto están ya consumidas. Con los ingresos pasa igual: hasta que se producen, alguien los financia; un banco, el Estado. Por ejemplo, los ayuntamientos españoles, sin diferencia de credo ni región, reciben anticipos del Estado, que se estiman en función del pasado reciente de las cuentas municipales: si ingresé X en 2007, ingresaré X más algo en 2008, y así sucesivamente. El IVA es el impuesto que nutre mayormente estas trasferencias anticipadas. Pero 2008 no fue un año normal, cosa que, claro está, se debía haber tenido en cuenta al valorar los anticipos. Y en él se produjo el desplome histórico de la recaudación por IVA, que está vinculado al consumo, a la compra de casas y coches y a casi cualquier transacción. Los adelantos de ese 2008 se han demostrado, a la luz de la actividad real, exagerados (2009 va a ser otra bomba de relojería para muchos presupuestos locales). El Estado dice que los ayuntamientos tienen que devolver lo que se les adelantó de más. El problema es que esos dineros están archigastados. ¿Qué hacer ahora? El Estado reclama 600 millones. Algunos ayuntamientos piden plazos; otros, como Manresa por boca de Josep Camprubí, alcalde del PSC, dice que no se debe devolver “ni un duro”. Otro alcalde catalán, Lluìs Recoder, esta vez de CiU, dice que esta situación es “escandalosa”. No dice de quién es culpa el escándalo: de su propia gestión, del Estado que reclama lo que prestó de más, o si es escandalosa, un poner, la actitud del maestro armero. Los ayuntamientos grandes se han endeudado tradicionalmente muy por encima de los ratios razonables, pasando la patata caliente al que venga detrás (las grandes obras quedan hechas y con su placa atornillada), y a sabiendas de que hay mucho voto en el municipio, y que papá Estado no va a dejar abandonadas a sus criaturas. Un padre que no deja de toser y encorvarse.

AUSTERIDAD O ESTÍMULO
austerity
El propio Estado -o, mejor, el Gobierno central- se debate entre el debe y el haber de su próximo presupuesto, recortando allí (presupuestos ministeriales, nóminas públicas, obras públicas, gasto social) e intentado alargar allá (subida del IVA y otros impuestos, venta participaciones de la SEPI en Iberia, Ebro o EADS… ¿algo más? Ah, sí, devolución de exceso de anticipos dados a los ayuntamientos).

Ante el adelgazamiento y debilitamiento del Estado que, paradójicamente, viene por la mano de un Gobierno de izquierdas, debe ser bienvenida la suavización en el recorte automutilador que Fomento iba a propinarse en obras públicas programadas, e incluso en las licitadas. Y no ya porque creamos o no en el multiplicador keynesiano, que podría ser enunciado, con permiso y disculpas a la academia, así: “Efecto benéfico sobre la actividad económica y la creación de empleo que tiene la inversión del Estado mediante el gasto público”. ¿Que eso valía para la segunda posguerra mundial y es una falacia hoy? No lo sabemos bien, pero sí sabemos que meter 700 millones más de obra pública evita decenas de miles de nuevos parados: la gran debacle del empleo de la construcción estaba por venir. Y contenerla es una gran prioridad ahora. El Gobierno, alternativamente, podría no haber recortado los salarios públicos y no mermar el consumo, pero optó por eso ante la presión exterior… y la de la cruda realidad.

Sea como sea, y faltos de elixires quirúrgicos e incrédulos de los crecepelos, los 700 de inversión recuperada van a apuntalar unos buenos miles de empleos (y empresas). Por un tiempo, al menos. El largo plazo no existe sin el corto. Por supuesto, habrá quien diga que el anuncio de recorte del recorte de 6.000 y pico se hizo para hacerle el trile a la UE y a las agencias de rating, y que las obras recuperadas son para nutrir criaderos de votos. O para contentar a constructoras afectas. Pero bueno.

(Este artículo se publicó el sábado 28 de agosto en papel. Como a lo largo de la semana, el domingo encontré reportajes sobre la precaria situación de las corporaciones locales –que tendrán prohibido endeudarse desde el año próximo– e incluso la petición de la alcadesa de Cádiz, Teófila Martínez, de que se rescate a los ayuntamientos como a los bancos. El editorial de las cabeceras Joly del domingo desmontaba la queja acerca de la Andalucía beneficiada por ser vivero de votos: vean las cuentas y no disparen siempre al mismo lugar.)