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Se sentó mal… y se murió

Tacho Rufino | 1 de octubre de 2011 a las 12:18

CUENTAN de un profesor a quien su bilingüismo español-catalán -y quizá una dislexia nunca diagnosticada- jugaba malas pasadas, algunas muy cómicas, sobre todo cuando el hombre traía a colación refranes y dichos, que se enredaban en el trayecto entre su cerebro y su boca. “Se te van a caer los pelos del sombrajo”, decía de vez en cuando, sin que sus alumnos o contertulios -entre mal contenidas carcajadas nasales- se atrevieran a decirle “palos del sombrajo, no pelos, profesor”. En estos tiempos exagerados y alucinantes que estamos viviendo, uno recuerda las dislexias de aquel profesor cuando vemos cómo se nos caen los palos del sombrajo del bienestar, pero también los pelos si nos descuidamos… o nos descuidan los que hasta ahora podían cuidarnos. El sombrajo sanitario público, por ejemplo, una estructura de verdadera civilización y humanismo que aún nos protege de las radiaciones que desde el sol caen sobre este repentino valle de lágrimas. No sé si saben que en Grecia se han dejado de suministrar algunos tratamientos oncológicos. En Cataluña, los recortes en Sanidad son quirúrgicos, y vendidos como de urgencia. La arrogancia innata del brillante Mas los presenta ineludibles -“esto es lo que hay”, parece decir henchido de responsabilidad de estadista-, y se permite dejar caer que se trata sólo del principio. Cataluña es la comunidad autónoma con mayor porcentaje de seguros médicos privados suscritos, y muy probablemente un buen número de los votantes de Mas están de acuerdo con las medidas, quizá en la dudosa creencia de que a ellos no les afecta. Sin embargo, unas imágenes en la televisión del jueves pasado dan que pensar: aquí, libre de salpicaduras no queda ni el Rey.

Junto con otros sanitarios, un batallón de doctores de edad madura, con sus zuecos y sus fonendos en ristre, entraban a la fuerza en una sala donde se reunían representantes del Institut Catalá de Salut (ICS) de la Generalitat con los sindicatos, para negociar a deshora una política de hechos consumados. Cientos de personas muy estudiadas y cualificadas, con retribuciones menguantes pero más que decentes, tomaron el edificio del ICS. Los nuevos descamisados llevan bata, y no toman La Bastilla, sino las consejerías y los institutos públicos. Los recortes no han hecho más que empezar, por mucho que el tactismo preelectoral no haga sino emitir mensajes-despeje: “tú sí que recortas, Rubalcaba, a mí que me registren” o “estos del PP lo van a desmontar y a privatizar todo”. Pero, a lo que vamos, la contestación tampoco ha hecho sino empezar. El profesor que reinventaba dichos diría que los médicos catalanes de la pública “están hechos unos obeliscos”. Quién nos iba a decir que los médicos iban a salir de sus consultas y quirófanos a algún sitio con visibilidad pública que no fuera una academia de Medicina (y, en esta tierra, a alguna Casa Hermandad), y menos aún que asaltaran lugares públicos con más razón que un médico, digo que un santo.

Quizá todos tenemos asumidos recortes y bofetadas laborales por doquier, aunque la mente humana dribla como Messi, y a uno le parece que la hora fatídica le llega sólo a los demás. También parece que hemos asumido el dogma de que hay que tirar por la calle de en medio y recortar sin miramientos: ¿dónde está lo gordo? ¿En Educación y Sanidad? Pues a meter la tijera ahí; donde mucho hay, mucho ahorro puede haber. Los planes de eficiencia y productividad, la evaluación precisa y coercitiva y otras estrategias de verdadera gestión ni se plantean. Una cosa sí: todas nuestras profesiones son a estas alturas profesiones de riesgo… pero más todavía la de político. Cuidado con dónde van y dónde se sientan, porque la legión de cabreados -y la de los que no tienen mucho que perder- crece como un mal bulto. En cierta ocasión, en fin, el viejo profesor sentenció compungido: “Chico, no somos nadie: Manolo se sentó mal una tarde… y se murió”.

ZP: ¿a la redención por el recorte?

Tacho Rufino | 25 de enero de 2011 a las 14:40

Blair caía bien fuera mientras que en el Reino Unido el odio hacia su persona no paraba ni para de crecer; Obama tiene gran cartel fuera de sus fronteras, pero la mitad de su país es más enemigo acérrimo suyo que adversario. Los políticos con “carisma” –esa capacidad de camuflar lagartos, en demasiadas ocasiones– suelen quemarse dentro pero mantener incólume su imagen exterior. Bueno, con Berlusconi pasa justo lo contrario, pero ése es otro cantar: en Italia, tras salir a la luz pública sus orgias semanales con prostitutas y menores, el índice de popularidad del inefable Silvio… ¡sube! Pero volviendo a un mundo político más normal (?), a Zapatero le pasa en buena medida lo que a Blair u Obama: lo quieren más fuera que dentro. A los hechos me remito. La semana pasada, The Economist publicaba un reportaje sobre la mayor fortaleza reformadora que está demostrando nuestro presidente en cuestiones consideradas clave para recuperar crédito y confianza internacional, y nacional también: reforma del sistema financiero, con especial lupa sobre las cajas; recortes presupuestarios, menor dependencia de los sindicatos, reforma del sistema de pensiones, subidas de impuestos, reducción importante del gasto público, mensajes y adevertencias a las comunidades autónomas y sus déficit…

Según The Economist, Zapatero se encuentra ante una gran chance de convertir sus renuncias impopulares en una oportunidad electoral. Los sondeos son tan claros a favor del PP –que rehúye cualquier pacto nacional y sólo piensa en las urnas y la “sed de urnas de los españoles”–, que la cosa sólo puede mejorar para Zp. Según la mencionada revista, la (nueva) firmeza y la continuidad en el ajuste y la reforma podrían cambiar la imagen pública del presidente, y hacerlo aparecer en la mente y el corazón de un buen número de españoles como un estadista responsable aunque le cueste la popularidad y, teóricamente, los votos. Cuezan esos ingredientes a fuego lento durante meses, y podríamos ver a un Zp renacido cual ave fénix de sus propias cenizas. Mientras, como mono de goma, ponemos a Rubalcaba por delante: un candidato de plástico, que no irá de número uno. El número uno de la lista será Zapatero, el de la “sangre, sudor y lágrimas”. Las elecciones no son mañana, y podrían coincidir con un perceptible cambio de rumbo positivo de los ahora patéticos números de nuestra economía. No lo den por muerto.

Abajo, la significativa ilustración de The Economist, la bilbia liberal. Ojo al bíceps del esmirriado Zp:

zapatero