¿Quién da la vez? » Bill Gates

Archivos para el tag ‘Bill Gates’

Buffett, el oráculo discreto

Tacho Rufino | 14 de mayo de 2011 a las 11:48

”Ilustración

 

La ampliación del rescate griego que amenaza con abrir la fisura definitiva en la Unión Europea es equivalente a lo que Warren Buffett donó hace unos años a la fundación de Bill Gates y su esposa: algo más de 31.000 millones de dólares. Por dar otra referencia, una cantidad poco menor que el presupuesto de reconstrucción del Japón tras la catástrofe de febrero. Eso sí, para tan colosal donación -el 80% de su fortuna personal- Warren puso como condición que Bill lleve el timón de la benefactora nave. Porque si Buffett es generoso, es sobre todo gestor, gestor de sus inversiones en otras empresas. De hecho, su escasa visibilidad pública es una forma de vivir a la que él no piensa renunciar, por mucho que la revista Forbes, año tras año, lo sitúe en alguno de los tres cajones del podio de los más ricos del planeta tierra. Este año, el tercer cajón, tras el mexicano Carlos Slim y, precisamente, su socio filantrópico.

Cuentan que Gates se concedió un máximo de media hora para conocer a Buffett, a quien veía un tanto vetusto como para serle afín. Pero fue abducido por el ordinary man, tras prolongar el encuentro hasta diez horas. De aquellos polvos, estos lodos repletos de nutrientes: los de la Bill & Melissa Gates Foundation, una charity gobernada con criterios rabiosamente empresariales. Porque el Oráculo de Omaha, como se conoce a Buffett, no sólo es riquísimo -y no por el sueldecito de 100.000 dólares al año que se tiene asignado, claro es-, sino que su forma de invertir en las empresas lo convierte en un auténtico demiurgo económico global. Baste con señalar que su empresa, la también poco visible Berkshire Hathaway, posee alrededor de un 9% de Coca-Cola, un 13% de American Express o casi un 20% de la editora del Washington Post.

Constatada su influencia, renunciemos a calcular el valor de capitalización bursátil de sus inversiones. Entre millones y billones de aquí o de allí, algún cero se trabucaría.A pesar de tanto oro, el oropel no refulge en su caso. Buffett no es amigo de saraos ni grandes puestas en escena. No usa móvil ni tiene ordenador en su mesa, y al parecer no se trata de una pose, como sucede en no pocos que reniegan de tales artilugios del bien y del mal. No tiene chófer ni guardaespaldas, y vive en la misma casa normalita desde hace décadas, en su Omaha natal, Nebraska, América profunda. El efecto sede lo lleva puesto, don Warren. Ve la tele y come palomitas, lo cual le reporta un gran placer, quizá comparable al que otros sienten por el ejercicio mediático del poder.

A sus 80 años, perfectamente activo, no da la tabarra a los jefazos de las empresas que controla, más de sesenta grandes compañías. Poco amigo de agotadoras e interminables reuniones de más o menos utilidad, se limita, por ejemplo, a enviar una carta -quién sabe si por correo ordinario…- a los directores generales que deben obedecerle. Les fija objetivos y los deja vivir, y sólo les impone una premisa ineludible: “No haga usted perder dinero al accionista”. Una condición sine qua nonpara ser uno de esos CEO que rigen los destinos de las empresas en las que Berkshire Hathaway tiene participación de control es ser honesto: después, deben ser competentes y librepensadores.

A la hora de invertir, tampoco hablamos de un tiburón financiero al uso. De nuevo en su enfoque inversor, Buffett es él mismo. No se posiciona como un bolsista técnico ni tampoco fundamental (los dos enfoques para valorar acciones y su futura evolución). No desprecia la evolución chartista histórica del valor de la empresa en cuestión, pero por supuesto tampoco los estados financieros y otros datos comerciales, estratégicos y operativos de la misma. Sí aconseja seguir una de sus virtudes como inversor: la paciencia. O sea, no hablamos de un Gordon Gekko -el Michael Douglas de Wall Street-, ni de un especulador nato cuya ganancia es la inestabilidad provocada por él mismo. Desde que, con once años, compró con su hermana 38 dólares de Cities Service en bolsa y aguantó vaivenes hasta ganar un 900%, la paciencia ha sido su gran virtud. Una de ellas.

Buffett sufrió mucho por amor, un amor monógamo e inmenso por Susie, a quien se mantuvo fiel tras su divorcio en 1970. Cuando, al lado de Warren, Susie murió, él se desmoronó y tardó en superar el golpe. Como cualquiera.