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Damos por concluido el desplome: ¡óle!

Tacho Rufino | 19 de octubre de 2009 a las 12:07

Quizá lo leyeran ustedes el pasado viernes. En la portada, él periódico generalista con mayor difusión de España, El País, daba una noticia con el siguiente titular: “El Ejecutivo da por finalizado el desplome del precio de los pisos” (es de suponer que no cabía “de la vivienda”, como sería más preciso). O sea, como un alcalde da por inaugurada una romería o un médico da por concluido un tratamiento. Sin embargo, la noticia, una vez se lee, decide entrar en la realidad. Lo que nos explica -con datos del Ministerio de la Vivienda- es que, en el útlimo trimestre computado de 2009,  el descenso del precio medio del metro cuadrado español (que ya es sintetizar…) es menor que en el trimestre anterior. ¿Les parece poco una caída del ocho por ciento en un trimestre, por mucho que en el anterior hubiera caído más? Se trata, de nuevo, de un caso patente de confusión entre la realidad y el deseo, muy propia de los estados de ansiedad y hasta de pánico: “¡Que se acabe el desplome, por Dios!”, porque nadie -salvo los más ricos con la caña de la ganga echada- se beneficia de esta situación. Tanto la caída de los precios como los de la vivienda son sintomáticos, y a estas alturas no ya de una corrección o ajuste necesario, sino más bien de una indesable caída de la actividad económica y el consumo (y del empleo por tanto, claro). El FMI, que tampoco acierta por norma, desdice al capitidisminuido ministerio de Beatriz Corredor (en la foto, también de El País, abajo) y sigue en sus trece de que los precios van a caer más todavía aquí. Desandando camino…

 Beatriz_Corredor

NYT: Spain, el foco viral de la deflación

Tacho Rufino | 21 de abril de 2009 a las 17:08

Pirro, rey de Epiro, tras derrotar a los romanos en una batalla, volvió a su tierra con las tropas tan diezmadas que pronunció una famosa frase: “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”, vino a decir. La paulatina bajada de los precios al consumo en España es otra victoria pírrica: sólo los miopes ven como algo positivo el descenso de los precios (y sí, también aquel reducido número de personas que saca partido y hace fortuna en las épocas de penuria). Desde el mundo exterior, nos ven como el epicentro de una nueva pandemia: la deflación. Hoy, 21 de abril, The New York Times publica un artículo descorazonador, titulado “La caída de los precios en España alimenta el miedo a la deflación en Europa”. La cadena de causas y efectos aquí descrita sería como sigue: 

  1. Ante la caída de las ventas y de los pedidos, los comerciantes de un país en recesión hacen algo que nunca habían hecho, o sólo como reclamo: bajar los precios.
  2. Como la bajada no estimula las ventas (porque el consumidor está agazapado esperando nuevas bajadas), los empresarios siguen despidiendo trabajadores.
  3. El paro supera el 15 por ciento, y se espera que alcance el 20 en pocos meses.
  4. La combinación de caída de precios y subida del paro huele a deflación, una situación de la que históricamente es difícil salir: la Gran Depresión (que duró una década a partir del crash del 29) y la reciente década perdida de Japón así lo atestiguan
  5. Deflación: bajada generalizada de los precios en una economía. Los precios disminuyen por falta de demanda, y es mucho más dañina que la inflación. La deflación puede desencadenar un círculo vicioso. Los comerciantes se ven forzados a vender como sea para cubrir al menos sus costes fijos, y bajan los precios. Si los precios bajan y bajan, la demanda disminuye más, porque los consumidores sienten que mañana será todavía más barato. Los empresarios no tienen aliciente y bloquean la actividad y despiden al personal.. Dado este círculo vicioso, la deflación se convierte en causa y efecto de la falta de circulación de dinero en la economía, porque todos prefieren retenerlo. Al final, la economía se derrumba, dado que el sector productivo no encuentra salida a sus productos y percibe que es un sinsentido aguantar con pérdidas. Deflación, pues, igual a marasmo y la parálisis.
  6. Este círculo vicioso parece haberse desencadendo en España. Al menos, hay síntomas no desdeñables: el mes pasado fue el único país de la Zona Euro que registró una “inflación negativa”, por así decirlo. Eso no pasa aquí desde hace más de 45 años (los que yo tengo, por ejemplo; y crío muchas más canas de las que se ven en la foto).
  7. Las economías no se recuperan fácilmente de la deflación

Los primeros damnificados son los más jóvenes, que son más baratos de despedir. Eso es una desgracia: se castra en origen el desarrollo del capital humano nacional -disculpen la expresión-, y con ello la necesaria creatividad par superar una crisis larga. El paro juvenil es el mayor de toda la Unión Europea, incluido Bulgaria, por ejemplo.

Ojalá fuera de otra manera, pero los comedores sociales están cada vez más poblados.