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Volver a la caja necesaria

Tacho Rufino | 25 de julio de 2010 a las 8:33

(Publicado en El periscopio, Grupo Joly, el 24 de julio de 2010)

Como sucede con los ronquidos que escapan por el patio interior del condominio en que vivimos, muchas veces no somos conscientes de que asuntos que creemos de nuestra atención exclusiva tienen un eco que, al leerlo en un medio extranjero, refleja la interdependencia inexorable de las relaciones entre los países. Esta semana, las cajas de ahorro españolas atraen a los periódicos europeos.

El italiano Il Corriere della Sera afirma que no pocos de los bancos sociales españoles van a tener problemas con los test de estrés del BCE [cuando este artículo se escribe no se conocían los resultados de estas pruebas de solvencia, en las cuales han participado muchos más bancos españoles que de ningún otro país: las cajas –salvo cuatro SIP de baja capitalización y la ya vasca Cajasur— han salvado la prueba]. Resulta curioso, sin embargo, que el rotativo italiano sólo mencione a las cajas en el titular, y comente sólo de pasada a bancos estatales alemanes, los llamados landesbanken (que no se someten al test), cuya estructura y función social no difiere mucho de las cajas. Esas que no pocos se quieren cargar –bancarizar, lo llaman– por obsoletas, ineficientes, folclóricas o politizadas. Una peligrosa tentación pendular.

Las cajas son instituciones financieras que permiten cierto control y manejo político. Y esto, como dormir, beber cerveza o ingerir vitaminas, no es malo… sin excesos. Es más, en la cainita Andalucía vamos a echar de menos tal control (si Unicaja y Cajasol no lo arreglan). La banca pura es mucho más dura en sus planes de negocio y programas de amarre –fidelización la llaman–, y, por ello, poco comprometida con sus clientes a unas malas. La tenida por banca “eficaz” es la que ha hecho tambalearse al sistema financiero mundial y, de rebote, el sistema productivo del mundo desarrollado. Una banca apoyada de forma generosa por los estados, pero que no han revertido ese esfuerzo en dar liquidez a la economía. Y de nuevo apuntamos al pianista: las cajas. Un mundo heterogéneo el cajístico, eso sí: unas hacen caixafórums cosmopolitas y otras insisten en repetir ciclos desiertos de Turina, en promocionar la autoestima flamenca o en publicar monográficos sobre romerías; una se ven más abocadas a hacer de inmobiliarias baratas que otras. Pero el pendulazo patrio no debe llevarnos a cargarnos lo bueno que hay entre lo innecesario o anquilosado. ¿Por qué a Alemania le funcionan las iniciativas sociales en lo financiero y en lo empresarial y aquí siempre hay un espalda cubierta (*) que quiere desmontar desde su marfileña torre técnica todo el camino colectivo recorrido? Que vuelvan las cajas “a su amor”, pero defendámonos de los dinamiteros natos, los natural born killers kubrickianos del sistema social. (Y fusiónense ustedes dos cuanto antes, por favor.)

PS: Sobre este asunto, lean el artículo del sábado de Santiago Carbó en El País, Test de estrés y ‘fair play’: uno lee la prensa extranjera después de los resultados del test y no encuentra en ningún lado un dato: ¡los que proporcionalmente se han sometido al test son abrumadoramente españoles! El propio Corriere afirma que la banca italiana está a salvo… la que se ha sometido al examen, querrán decir sin decirlo. Infine