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Busquemos el claqué

Tacho Rufino | 23 de diciembre de 2011 a las 12:15

Nutrir a un blog es una actividad de mantenimiento neuronal que acaba por condicionar tu forma de conocer las cosas, de forma que, cuando uno le coge el gusto, casi cualquier cosa que sucede a tu alrededor puede ser filtrada en las claves del blog. En este caso, la economía razonable y para todos los públicos. Hace unos días vi The Artist, una película maravillosa de la cual Carlos Colón hizo una de sus habituales críticas impagables. No osaré penetrar en esos terrenos de especialista, por mucho que cualquier cinéfilo con cierta experiencia –o sea, años viendo pelis— tiene su criterio. Pero sí contaré qué esqueleto vi yo en la película, qué otra película creí descubrir tras la más evidente, probablemente como producto de mi empecinamiento en ponerme las gafas de comentarista económico (suena feo el oficio, pero tras un rato de duda no he encontrado mejor ni más cierta denominación). La sinopsis de la historia es: chico estrella del cine mudo se topa con chica que se busca la vida, y de esa misma forma azarosa le da la oportunidad de entrar en el mundo del celuloide. El destino quiere que la chica (Peppy Miller: para caer rendido a sus pies todas las mañanas) triunfe de forma fulgurante, ya en el cine sonoro –que desbanca traumáticamente y condena al olvido al cine mudo–, mientras el declive y la caída personal de él (George Valentine, rutilante y solar hasta en los malos momentos) están servidos. La cosa es que yo desconocía que todo el proceso de cambio de paradigma en la industria se produce paralelamente al hinchazón económico y caída que se da en los felices años 20 y el crash económico de 1929. ¿Les suena?

Una industria y una forma de vida que, del éxtasis y la exuberancia, mutó en un nuevo estado de las cosas, tras un bombazo económico que dinamitó no sólo la fortuna de muchos (como George Valentine o Europa), sino que también cambió la forma de hacer las cosas y la de relacionarse entre las personas, y aupó al mando económico a antiguos pobres (como Peppy Miller o China e India). Un alud sobrevenido que obligó a las personas, a las empresas y a los países a reciclarse para evita morir en vida. Con la ayuda secreta de Peppy, George sortea la muerte tras intentar suicidarse, y acaba entrando en la vereda nueva de la que él se mofaba y después renegaba. Para ello, tuvo que reinventarse como bailarín de claqué. ¿Cuál será nuestro claqué, la fórmula de vida que nos permita adaptarnos al nuevo mundo que ha venido para quedarse? Ojalá una gran Peppy Miller solidaria y fraternal –un espíritu de muchos que no sólo se miren el ombligo– nos ayude a encontrar un equilibrio nuevo, distinto pero no peor. Ustedes sean indulgentes con la probable ingenuidad, pero es Navidad y toca soñar y desear, aunque uno no sea muy soñador que digamos.