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La metamorfosis de la cigarra en hormiga

Tacho Rufino | 4 de enero de 2010 a las 11:00

ahorroLos chinos son hormiguitas en las finanzas domésticas, y su tasa de ahorro es de casa la mitad de su renta disponible (ver entrevista con Wu Xiaobo, profesor de la Universidad de Shanghai), es decir, gastan muy poco. Tal como funciona la economía global, el consumo es básico para su dinamismo, más aun en los tiempos que corren. Al mundo le vendría muy bien que los chinos (aparte de producir masivamente y acaparar una creciente cuota de la producción industrial mundial; ya han superado a Estados Unidos como fabricante líder de automóviles) consumieran más, tirando del carro de los intercambios planetarios, cuyas ruedas siguen desinfladas. Pero, de momento, prefieren guardar el dinero en el banco o en el calcetín.

Los españoles somos muy distintos en nuestra propensión a ahorrar. Atrás quedan los años del tardofranquismo y la Transición, en los que la emergente clase media “Alcántara’s Way” guardaba el dinero con gran cautela y prudencia, y no consumía más que aquello que podía pagarse con efectivo, haciendo de la contabilidad del cajón una religión financiero-familiar: lo que sale del cajón ha debido entrar antes en él. Atrás acaban de quedar los tiempos de la burbuja “alien”, una época de consumo masivo financiado con crédito, época de apariencia de riqueza y endeudamiento familiar sin precedentes. Durante una década, nuestra tasa de ahorro no había sido tan alta como está siéndolo ahora. El INE informa hoy de que la “la tasa de ahorro de los hogares e instituciones sin ánimo de lucro se situó en el 14,1% de su renta disponible en el tercer trimestre de 2009, 4,6 puntos más que hace un año y el máximo histórico en un tercer trimestre, aunque cayó 10 puntos respecto al trimestre anterior” (el tercer trimestre es de poco ahorro, tradicionalmente), según difunde Europa Press. La noticia es tan completa e ilustrativa que me remito a ella y evito extederme sobre la evolución de las magnitudes renta disponile, tasa de ahorro y gasto en consumo final.

penduloEl eterno péndulo de las costumbres y los valores vuelve a oscilar de vuelta a la racionalidad… y al miedo. A pesar de los hechos, de la objetividad de unos salarios que no van a crecer -en caso de existir dicho salario, o sea, que no se hayan transformado en temporales subsididos de desmpleo-, las sombrías expectativas son de nuevo la clave de los comportamientos microeconómicos, de unas familias e individuos que, en su conjunto, generan una tasa de ahorro del 14 por ciento de la renta disponible. Nada que ver con los chinos -“produzco para que consumáis vosotros, que yo soy de poquito consumil”-, pero también nada que ver con nosotros mismos hace, como quien dice, dos días.

Los nuevos “conquistadoles”

Tacho Rufino | 14 de agosto de 2009 a las 19:27

 

 (Foto de lanacion.com.ar)

HACE algo menos de una década, en plena expansión americana de las grandes empresas españolas, apareció un libro llamado Los nuevos conquistadores, para muchos un libelo muy lucido -llana, no esdrújula- escrito por dos periodistas argentinos, en cuya solapa podía leerse lo siguiente: “Daniel Cecchini y Jorge Zicolillo han hecho un minucioso, apasionado y apasionante trabajo (…) que pone al desnudo la bochornosa labor de expolio que han realizado en Argentina los nuevos conquistadores, contribuyendo decisivamente a la bancarrota del país”. Entre los supuestos perpetradores de tal expolio se mencionaba a Repsol, Endesa, Telefónica, Santander, BBVA o Iberia; cuyos capitanes coloniales fueron Aznar, Felipe González y el propio Rey de España, calificado de “ocasional broker”. “Los malísimos vienen de fuera; quienes destrozaron los activos nacionales y quienes los pusieron en venta son también malos, pero son nuestros malos” cabe poner en boca del orgullo herido. Unas adquisiciones tan legales como consentidas, que a la postre supusieron, por ejemplo, que en Argentina pudiera llamarse por teléfono desde una cabina con una mínima garantía de éxito, por no mencionar la seguridad de los suministros estratégicos que las empresas propias no podían ya ofrecer. Claro, que no eran empresas japonesas, estadounidenses o francesas, sino españolas, y eso reavivaba algunos complejos que sobreviven a los siglos y que se visten de exageración xenófoba (dicho sea esto sin caer en la ingenuidad acerca los manejos de alta política que se dan en cualquier operación de este calibre, sea con la armada diplomática y con la bandera del país que sea).

Desde entonces hasta hoy, las compañías hispano-argentinas emplean a miles de ciudadanos de aquel país, de cuyo vaciamiento y debilitamiento productivo y financiero anterior debe culparse más a políticos y personajes argentinos que a imaginarios neoconquistadores provenientes de España. Aun así, el bucle melancólico antiespañol ha dado mucho juego a un rentable y quejoso populismo político, al que no han sido ajenos dirigentes posteriores a Menem, como Néstor Kirchner en la propia Argentina, o Evo Morales y Chávez en otros países vecinos. Ahora llegan los chinos: cosas del desplazamiento del centro de gravedad del planeta hacia Oriente.

Se ha publicado esta semana que dos gigantes energéticos chinos parecen pretender comprar a Repsol el 84 por ciento de su participación en YPF, petrolera de bandera argentina . Las partes niegan que haya nada “firme”, aunque el río suena porque lleva un ingente caudal: 12.000 millones de euros, oferta que Repsol ha desmentido, como suele suceder en estos casos. A principios de julio se supo que Repsol había encargado a Goldman Sachs la búsqueda de posibles compradores para su filial argentina, YPF. Antes, la propia Repsol había estado en el ojo de la rusa Lukoil, que a muchos parecía la personificación de un diablo geopolítico con los ojos gélidos de Putin. El miércoles se apuntó a empresas indias como compradoras de YPF. Los chinos (los indios, los rusos) necesitan asegurarse la energía para una máquina productiva que parece ajena a la crisis mundial. Y pueden hacerlo. Será YPF, o será otra. Pero argentinos, españoles o cualesquiera otros debemos estar preparados para el desembarco de los nuevos conquistadoles.

Por qué sube el petróleo

Tacho Rufino | 3 de julio de 2008 a las 12:25

Ah, el petróleo… Carísimo, encareciéndolo todo a su vez. En ese mercado global y con zonas tan oscuras como la propia brea, cada agente tiene su propia interpreteación de los hechos. Aquí van unas cuantas, agentes aparte:

  1. Interpretación ortodoxa e irrefutable: mayor demanda por la incorporación al sistema de producción y consumo occidental de los páíses emergentes, básicamente China e India. Como la oferta no se incrementa en la misma proporción, el precio sube. Pero eso no lo es todo.
  2. Con una bolsa a la baja e inestable, el petróleo se ha convertido en un valor refugio de los capitales que circulan por el globo. Se compra físicamente o en operaciones a futuro, de la misma forma especulativa -o sea, comprar para revender con plusvalía, de forma similar a las operaciones de bolsa- que se hace con otras materias primas. Los fondos de inversión también invierten en petróleo, con lo que la presión sobre los precios es muy grande, y se inflan de una manera artificial: la burbuja petrolera, cuya existencia afirma el ministro Sebastián (y niegan Repsol, BP, Shell y otras petroleras)
  3. Las operaciones Over the Counter, que son opacas, paralelas a los mercados habituales, con compras y ventas directas entre empresas del mismo o diferente país (Estados Unidos y Reino Unido, básicamente, que así puentean sus respectivas restricciones normativas). Se dice que este tipo de operaciones no son “especulativas” y legales, sino “manipuladoras”: maquinaciones para alterar el precio de las cosas. Tiene los acérrimos defensores de la libertad de movimientos del capital, siempre de guardia. Estados Unidos se plantea intervenir en estas timbas de tiburones sin nombre ni rastro.
  4. La Guerra de Irak que, aparte de dificultar la distribución, evidentemente deja en fuera de juego una producción importantísima, disminuyendo la oferta y encareciendo, pues, el precio. Es curioso que esto no se suele mencionar como causa de la inflación petrolera.
  5. Yukos, la principal petrolera rusa, está enfrentada al hierático e inquietante Putin, que quiere destruir la compañía. Su producción se resiente, menor oferta que la natural, de nuevo: presíón al alza de los precios. Las plataformas del Mar del Norte bombean menos crudo cada vez; Venezuela y Arabia Saudí tienen infraestructuras extractivas obsoletas: otras mermas en la oferta, ante una demanda disparada.
  6. Estados Unidos consume cada vez más, a lo bestia. Además, acumula stocks de su producción nacional y compra fuera desaforadamente. El impacto medioambiental de su modelo de producción y consumo -dependiente del petróleo como ninguno- es enorme.
  7. Y, en fin, las expectativas de que es escaso el crudo y va a subir, que estimula las operaciones financieras a futuro mencionadas más arriba. La globalización, en este caso, no ayuda.

¿Apunta usted alguna otra causa? ¿Qué peso concede a cada una de ellas?

No hay Alcántaras en China

Tacho Rufino | 4 de junio de 2008 a las 14:37

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En Deseo, Peligro, la película de Ang Lee, Sanghai es una ciudad floreciente y sofisticada. Desde la ocupación japonesa y el final de la Segunda Guerra Mundial ha pasado mucho tiempo, y han pasado el comunismo, la penuria y el fuera de juego de la economía y la sociedad china en el mundo global. A pesar de las catástrofes, y aun contando con la polarización extrema entre la pujanza y el nivel de crecimiento de las zonas urbanas -Beijing y Shanghai, básicamente- y la depresión y abandono de las inmensas zonas rurales, China no para de crecer. Y, por tanto, de consumir: petróleo, alimentos, servicios, electrodomésticos, bienes tecnológicos y de equipo. Hasta el punto de provocar enormes desequilibrios en un estado más o menos estable de la oferta y la demanda de las cosas y las mercancías. China, paradigma del desplazamiento del eje de gravitación planetario hacia el Pacífico, ha pasado de la pobreza al crecimiento sin pasar por el desarrollo de las clases medias, y además juega con la doble baraja del capitalismo económico y la férrea dirección centralizada. Nuestros Alcántara de Cuéntame no tienen equivalente allí. Allí: donde está gran parte de los habitantes del mundo. En un juego de suma cero o de crecimiento limitado del pastel global, la repentina avidez de cientos de millones significa ni más ni menos que el empobrecimiento de quienes no eran pobres o, eso seguro, el mayor empobrecimiento de quienes lo eran ya.

Los asuntos críticos de La Tierra -la energía, el clima, los 75 millones de habitantes nuevos cada año- tiene mucho que ver con China, con India, con Rusia, y otros que, no teniendo tanto peso demográfico, quieren crecer y reproducir nuestros estándares “por familia”: dos coches, dos casas, alguna moto, microondas nuevo cada dos años, envases y plásticos, tarimas flotantes, aires acondicionados en todas las habitaciones, turismo y vuelos low cost generalizados, tres comidas variadas al día, varios ordenadores, ipods y móviles, centros comerciales. Háblele usted a Kecheng Alcántara de lo saludable de ir en bici, de la sostenibilidad, de la responsabilidad individual en los temas globales, del actuar localmente y eso: ya escucho las carcajadas nasales bajo los ojos más cerrados de lo normal por la risa ¿Ven ustedes que esto tenga buena solución… siquiera “alguna solución”?

Nubarrones económicos para 2008

Tacho Rufino | 1 de enero de 2008 a las 21:32

El año se ha ido apretando bien las clavijas al consumidor -y no transitoriamente-, además de ensombreciendo las perspectivas de futuro en lo económico. Esencialmente, la causa es que el petróleo está caro, casi tan caro como en su máximo histórico (actualizando los precio, dicho máximo se produjo en 1980 con la subida al poder del ayatolá Jomeini). La causa principal de esta inflación del crudo que acaba siendo importada y afectando a todos los productos y servicios es la irrupción de cientos de millones de chinos e indios en la sociedad de consumo: a igual cantidad de producto, una mayor demanda produce un aumento de precio. La cadena de causa-efecto vendría a ser la que describía Joaquín Estefanía el domingo: las materias primas caras estimulan la inflación y provocan la reacción de los bancos centrales, que suben los tipos de interés para domeñar el incremento de los precios; sube el precio del dinero y, con él, el coste de los créditos y de las hipotecas; baja el consumo porque el ciudadano ha de pagar los préstamos; se reducen los beneficios empresariales, la inversión se hace anémica, aumenta el paro, etcétera. El final puede ser una recesión.

El consumo se va a ver afectado por la bofetada de subidas inmisericordes de alimentos, sumnistros básicos, telefonía y, en definitiva, del coste de la vida que se ha dado en el último trimestre del año 2007 y -la primera en la frente- desde hoy 1 de enero de 2008.

Dos cuestiones se me suscitan:

  • ¿La excusa del petróleo está siendo aprovechada por gobernantes y productores, unos para justificar el cambio de rumbo económico, los otros para meter un buen arreón desproporcionado a los precios, y tonto el último (el consumidor es el último)?
  • ¿Qué podemos decirle a los chinos e indios, entre otros, que quieren reproducir nuestras más insostenibles pautas de consumo y estilo de vida?