Archivos para el tag ‘clase media’

A por ellos; son pocos y cobardes

Tacho Rufino | 27 de mayo de 2013 a las 15:07

Mientras que el que sólo tiene un pagador de salarios y rentas vive con dignidad y hasta con alivio financiero la Campaña de Renta en curso hasta final de junio, al “salirle a devolver” la declaración, éste es un periodo de especial estrés y dolor monetario para todos aquellos que han cometido la gran infamia de tener más de un pagador en sus actividades por cuenta ajena y profesionales. Por ejemplo, un profesor que dé conferencias o cursos, de forma que esos trabajos complementarios (habrá quien niegue el derecho a estas actividades, pero en fin, ésa es otra cosa); o por ejemplo, una madre trabajadora que dice en la redes sociales, con más razón que una santa, esto: “Que Hacienda considere que la Seguridad Social, por pagar la baja maternal, es un segundo pagador y sea uno de los muchos motivos para meterte el palo este año en la declaración de la renta es, sencillamente, INDIGNANTE”: paga sus impuestos, paga más de la cuenta por lo que le dan rebajadito por la baja por maternidad, y encima trae españoles al mundo, cosa que debemos agradecer los demás. Pero la norma tributaria es fundir por el IRPF a todo aquel al que se pueda apretar. No hay presa más fácil que el asalariado por cuenta ajena. Si encima percibe extras –lo de mi amiga tributando al alza por la baja no tiene nombre–, esos extras se acaban gravaamdo exageradamente, de forma que el incentivo por buscarse la vida legalmente por esta vía es casi nulo.
Los ingresos fiscales públicos provienen, de mayor a menor recaudación, del IRPF, el IVA y el Impuesto de Sociedades. Las más seguras (de momento…), recurrentes, y como vemos, más exprimidas son las rentas del trabajo por cuenta ajena, particularmente de las clases medias en vía de martirio, si no de extinción: las más bajas están exentas; las más altas tienen vías de organización y deucción fiscal que no tiene por lo general un currito medio. Como dice la madre que ha sido penalizada por recibir lo que le corresponde en el proceso de ser madre, “A por ellos, son pocos y cobardes”, parece haber arengado el gran jefe tributario español, Montoro, a su cúpula ejecutiva recaudadora. Pocos y cada vez menos; cobardes, porque tienen mucho que perder, y están asustados por el riesgo de perder el empleo como lo perdió su hermano o su vecina.

La ‘clase flotador’

Tacho Rufino | 28 de septiembre de 2009 a las 12:48

 

EN los pasados años de bonanza se habló mucho de la desaparición de la clase media. Ésta nace en el XVIII con el capitalismo, contemporáneamente al nacimiento de la clase obrera, conviviendo (?) con la aristocracia de siempre y sus súbditos. La clase media ha ido perdiendo peso ante la tecnocracia, que ha acaparado demasiado poder y recursos salariales, en detrimento de profesionales, empleados y pequeños empresarios, cada vez más empobrecidos y atrapados por ficheros laborales y fiscales. La clase media se tenía por especie en vías de extinción, entre una clase dominante muy minoritaria y ultraenriquecida y una clase pobre masiva y sin porvenir, dentro de un escenario global cada vez más indiferenciado.

Parecía condenada a desaparecer en medio de un trastorno bipolar degenerativo. Y, sin embargo, de momento, no sólo se resiste a desaparecer, sino que vuelve a emerger como flotador del sistema. Menos el propio Gobierno, todos han coincidido en señalar a las rentas medias como aquellas sobre cuyos hombros cae el peso de la subida de impuestos que el Gobierno acabó desvelando el sábado. ¿Que “rentas medias” y “clases medias” no son lo mismo? Puede, pero sus coincidencias son suficentemente grandes como para, con permiso de los sociólogos, identificar a ambas categorías a efectos de lo que nos ocupa.

Mientras desaparece y no, la clase media soportará el desfase presupuestario que deviene, por un lado, de la recesión drástica del país y, por otro, de las liberalidades de un Gobierno agradador en periodo electoral, que perdonó 400 euros a cada contribuyente haciendo caso omiso de su renta: la verdadera patada en el arco del triunfo a nuestras cuentas públicas fue tal medida, que ahora, al ser derogada al tiempo que se suben prácticamente todos los impuestos, resulta ser una bocado en el bolsillo de las clases medias.

 

(Dibujo de sosperiodista.com )

Proletarios del XXI

Tacho Rufino | 25 de marzo de 2008 a las 9:06

Creo que no hay muchos asuntos tan cruciales para el futuro de nuestro modelo económico (con todas sus manifestaciones, contradicciones y versiones)  como la disminución del peso de las rentas salariales y, consiguientemente, la creciente polarización entre ricos y pobres, o entre rentas del empresariales o del capital y rentas del trabajo por cuenta ajena. El mileurismo es una manifestación de este fenómeno que, en España, es más acentuado que en nuestro marco de referencia. Esta preocupación ha dejado de ser cosa de “izquierdistas que no se enteran de qué va la cosa” para convertirse en una preocupación también para economistas liberales, estadounidenses miembros del mismísimo Partido Republicano y, por supuesto, políticos preocupados por la deformación de una máquina de producción y consumo que, a golpe de desregulación e inmigración, ve como los consumidores tienen cada vez menor capacidad, convirtiéndose en una segunda oleada proletaria, pero en casa adosada, se me ocurre decir. (Pueden ver mi opinión en “Joven y sobradamente tieso”.)

Sin embargo, es muy común entre analistas de prestigio aludir, para que España siga creciendo y no se ahorque, a la necesidad de ser más competitivos laboralmente, siguiendo en la senda de la reforma estructural o desregulación laboral. Un articulista de esta casa, el brillante Santiago Carbó (profesor de Economía en Granada y recientemente fichado  por la Reserva Federal estadounidense recientemente), explica los motivos para alinearse con esta postura en un artículo suyo del pasado sábado.

En este mismo orden de cosas, recomiendo la lectura de “La desaparición de la clase media”, breve y brillante libro del periodista Massimo Gaggi y el empresario Edoardo Narduzzi

Gaggi y Narduzzi

El perverso ‘infrasalario’

Tacho Rufino | 13 de febrero de 2008 a las 12:33

Un buen número de alumnos míos, al terminar sus estudios universitarios, se darían con un canto en los dientes por ganar mil euros (limpios; cuando se trata de esas cantidades, hablar de “bruto” es casi ofensivo). Y todos conocemos a gente que trabaja por cuenta ajena desde hace un puñado de años y no llega a 150.000 pesetas de las de antes (que a día de hoy serían unas 190.000, ya que hace siete años que la moneda española dejó de existir y se le puede aplicar entre un 20 y 25 por ciento de actualización por inflación). Evidentemente, en la mayoría de los casos no están bien pagados, y encima sufren en silencio cuando se habla del mileurista como la base del escalafón salarial. No es de recibo que una sociedad opulenta como la nuestra -¿o no lo es?- pague salarios que no dan para independizarse a gente con formación superior y cerca de los treinta años. La brecha de los salarios con respecto a otras rentas (las empresariales o las de inversión) es cada vez mayor. Sin caer en la demagogia de afirmar que el crecimiento de los beneficios empresariales debe traducirse en un inmediato y lineal (proporcional) aumento de los salarios de los empleados, sí es cierto que tal divergencia no es conveniente para el sistema, y omitamos la justicia social si queremos. Por un lado, reduce la capacidad de consumo no suntuario de una economía (la base de la máquina económica), al concentrarla en pocas manos. Por otro lado, amenaza a la clase media -¿los nuevos pobres?-, piedra angular de nuestro sistema económico y social (por lo menos, hasta ahora).