Archivos para el tag ‘Crisis griega’

De los perversos ‘ratings’ y ‘funds’

Tacho Rufino | 28 de abril de 2010 a las 11:04

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Las agencias de rating no advirtieron, como era su deber, la cantidad de basura que había en muchos productos financieros. Sin embargo, Moody’s, Standard&Poor’s, Fitch y otras que no hicieron bien su trabajo, o connivieron con entidades financieras enloquecidas por captar clientes, siguen siendo ahora los moduladores de las inversiones y los créditos de empresas, particulares y países. En concreto, sus calificaciones de la calidad de la deuda pública de ciertos países están poniendo en peligro el futuro económico inmediato y a medio plazo de dichos países los mismos. Véase Grecia, véase Portugal, ¿véase…? Sin duda en el caso griego tienen razón: los propios griegos lo reconocen. Pero detrás de toda la debacle en curso –y la que viene–, sin embargo, está también la acción de los inversores galácticos que, con ingentes cantidades de dinero, apuestan a que algo va a ir mal. Por ejemplo, el euro. Por ejemplo, la economía griega. Quienes practican esta práctica demoledora y muchas más veces ganadora que perdedora se agrupan en los denominados hedge-funds, que no sólo practican la venta corta (para ver cómo funciona el asunto, pinchar aquí), sino que precisamente son los principales compradores y vendedores de derivados (pichar aquí), que es el nombre en el que se camuflaba (conviviendo con productos con verdadero valor) toda la bazofia sin valor que se retribuía con intereses exagerados hasta que todo se fue al carajo, cogiendo con la escoba en la mano y cara de tonto a miles de inversores que pensaron que aquello era Jauja, y que se podía ganar millonadas por la cara. Pues bien, los representantes de los hedge-funds dicen que no tienen mucho que ver con el desastre griego –y los que vengan–. Algo más que dudoso: las apuestas a favor del naufragio de una moneda o de un país entero están detrás también de la precipitación de los acontecimientos en el caso griego. Hasta ahí, normal: la solución a la debacle no debe demorarse, y la cirugía presupuestaria se impone allí (y aquí). Ahora bien, las apuestas con la venta corta vinculada a los seguros de crédito están poniendo en peligro el plan de rescate. Y eso no es ya inmoral, sino que debería tutelarse y sancionarse. ¿Por quién? ¿Por Obama…? Ésta es otra cuestión.

(Sobre este asunto hay una entrada anterior en este blog: El euro dilata la pupila de Soros)

‘Zobra’ el griego, o urge su catarsis

Tacho Rufino | 26 de abril de 2010 a las 17:16

 moneda euro-Grecia

(Foto: Un euro griego)

DE nada ha servido a Grecia contar con un primer ministro, Yorgos Papandreu, con un excelente bagaje técnico y diplomático, el tercer eslabón de una familia de primeros ministros con exquisita formación. Su padre Andreas, exiliado, estudió Filosofía y Economía en Harvard, universidad en la que fue profesor antes de conseguir sendas cátedras de Economía en Minnesota y en UCLA. Su abuelo Giorgios, nacido en el XIX, es la piedra de toque de una exquisita saga de socialistas moderados. A pesar de contar con un político de raza y prestigio al frente de su Gobierno, el país ha entrado en una fase de descomposición de consecuencias incalculables, para Grecia y para la Europa comunitaria. Permitan que recuerde aquel chascarrillo: se abre el telón, y se ve a una pareja pelando la pava denodadamente, mientras un discóbolo posa tras ellos. Se cierra el telón. ¿Cómo se llama la película?: ‘Zobra’ el griego. Puede que en Fráncfort se estén planteando que sí, que sobra Zorba. Si deja de pagar sus deudas, deberá abandonar el euro.

Ayer viernes, todas las portadas de los principales periódicos occidentales -compartiendo primera plana con un Obama en Wall Street que no ceja en su compromiso de domeñar el salvajismo financiero- dedicaban espacios preeminentes a la “agonía” o a la “sentencia” de Grecia por parte de los inversores, a la inminente “quiebra” griega y , por supuesto, a la “tragedia”, vocablo tan griego como crisis o caos… y catarsis . Nadie, sin embargo, mencionaba en la primera plana que la expulsión del euro del país helénico es la consecuencia natural de sus elevadísimas deudas pública y exterior, de sus insostenibles déficits fiscal y por cuenta corriente, de la falta de reacción de las inversión internacional al apoyo del FMI, de la rebaja de su calificación de riesgo por parte de las agencias de ráting, de sus maquilajes estadísticos a la postre descubiertos, de, en fin, su incapacidad de exportar bienes que son caros por su exceso de mano de obra incorporada, también sobrevalorada salarialmente. Una economía en fuera de juego competitivo, castigada por sus vicios y la emergencia de China y otros países.

Una economía anémica, carente no sólo de glóbulos rojos suficientes para competir, sino empeñada hasta las cejas. Y, ahora, totalmente descontada por los inversores y ahorradores, que están llevándose el dinero a otros territorios, vendiendo masivamente una deuda pública griega que, aunque pague más interés que nadie, nadie quiere. Nadie se fía. Sin dinero corriente, no hay movimiento económico. Un problema de liquidez gravísimo, el griego, que pudiera ser consecuencia de una insolvencia fatal. Lo primero es gestionable con ayudas y apoyos externos transitorios; lo segundo es la muerte. A Grecia, muy probablemente, no le queda sino adelgazar a lo bestia, sufrir un bajonazo drástico de su nivel de vida. (En el momento en que esto se escribe, la agencia Efe difunde el anuncio de Yorgos Papandreu: “Grecia se rinde al mercado y solicita la activación del plan de rescate”.)

Es inevitable en este punto volver a preguntarse en cuántas cosas nos parecemos a Grecia. No tenemos su desaforado déficit público, ni mucho menos su deuda pública, que en España arroja mejores niveles que la media de la eurozona. España cuenta con grandes empresas multinacionales (financieras, energéticas, tecnológicas, constructoras) que Grecia no tiene en medida comparable. España no miente en sus estadísticas públicas y aguanta el tirón de los demiurgos del rating, cuyas calificaciones inducen la circulación del ahorro y la inversión. Pero España está expuesta al contagio, porque se nos identifica con Grecia merced, en buena parte, al acrónimo PIGS, y también por causas objetivas: nuestra debilidad competitiva, nuestros productos relativamente caros y nuestro crecimiento no ya anémico, sino adobado con un creciente paro crónico. Urge adelantarse a la jugada y seguir abundando en las reformas y los recortes públicos. A los griegos sólo les queda resurgir de sus cenizas, como su Ave Fénix. La catarsis griega: purificación ritual, y vuelta a la vida.