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Fuera cerdos del paraíso euro (o Quítate tú pa ponerme yo)

Tacho Rufino | 29 de enero de 2009 a las 19:25

Escudados en su supuesta esencia irónica y distanciadamente hiriente, los británicos llaman a ciertos países de la Unión Europea PIGS. Literalmente, PIGS significa cerdos, aunque el faltón juego de letras representa las iniciales en inglés de Portugal, Italia, Grecia y España (Spain). No hace mucho tiempo, en ese mismo saco estaba Irlanda, pero éstos, si bien son para aquéllos unos cerdos de toda la vida y viceversa, lo son por otros motivos que no son del caso. Ahora, el foro de Davos -un ‘think tank‘ ultraliberal reconvertido a marchas forzadas en responsablemente keynesiano- dice que España lo tiene muy crudo, que ha crecido con escoliosis severa, que hemos tirado la casa y los fondos europeos por la ventana y que nos queda sólo una alternativa: recortar drásticamente los salarios y el gasto público. Imagino a Zapatero mirando hacia otro lado ante tales cursos de acción para afrontar la crisis. De momento, nadie nos sacará tarjeta por incrementar nuestro déficit público para dar árnica al sufrimiento del pueblo, aunque las futuras generaciones deberán pagar dicho tratamiento y aunque, también de  momento, los límites de Maastricht estén arrinconados en algún cajón. Pero todo se andará.

El euro ha sido un colchón y un paraguas para una economía poco competitiva en el exterior como la española. Por otra parte, ha anulado el recurso a la devaluación de la moneda nacional -que tras la peseta ya no es tal- como recurso de urgencia para hacer nuestros productos más baratos y venderlos mejor fuera, consiguiendo así equilibrar nuestra desastrosa balanza comercial. Según un experto presente ayer en Davos -inglés, of course-,“si España no controla su desempleo, sus niveles de actividad y sus presupuestos y finanzas públicas, se verá forzada a abanadonar el euro”. Gran pelotazo informativo, no me dirán.

Mientras digerimos esta noticia que seguramente va a ser recurrente a partir de ahora, cabe apuntar que dicho aviso de expulsión coincide con el debate interno británico acerca del abandono de la libra y su integración en el euro. Como cantaba un conjunto salsero, quítate tú pa ponerme yo. Nada es fijo ni cierto en estos tiempos de tribulación.

Si España sale del euro -por su propio pie o con una carta que traiga el motorista de Bruselas-, el corralito financiero está asegurado, la banca se colapsaría por la huida de depositantes y acreedores y la financiación externa del país se vería enormemente dificultada, entre otras consecuencias (ver aquí una lista de pros y contras). Por contra, si volvemos a la peseta podremos manejar nuestro tipo de cambio, como hemos dicho antes. En ese caso, olvidémonos de ir a las rebajas de Nueva York, de cruceros caribeños a los que van hasta los jovenzuelos en pandilla y, en general, de llegar mucho más allá en vacaciones de la casa de los parientes del pueblo. O nos sacamos el Interrail con al mochila llena de latas de atún. Sé que la cosa no está para bromas, pero agoto los cartuchos de la risa antes de darme al ponche definitivamente.

The pain in Spain

Tacho Rufino | 20 de enero de 2009 a las 11:10

Traduzco la entrada de Paul Krugman en su blog, que data de ayer mismo: Sse titula “The pain in Spain” (“El dolor en España”, o “Dolores de España”, menos literalmente, jugando con aquel “The rain in Spain” de la película “My fair lady”, canción que en español se tradujo como “La lluvia en Sevilla… es una maravilla”). El premio Nobel nos echa cuenta, y no lo hace para darnos mucho ánimo, según vamos a ver:

El dolor español no es difícil de explicar. España era esencialmente un caso como el de Florida, con una burbuja inmobiliaria inflada por la compra de viviendas habituales o de vacaciones, y ahora la burbuja se ha roto. Pero España lo tiene peor que Florida, por dos motivos, que les serán familiares a cualquiera que haya estado interesado en el gran debate acerca de si el euro era una buena idea o no.

La primera razón es que Europa no tiene un Gobierno central; España, a diferencia de Florida, no puede recurrir a la Seguridad Social o a los cheques Medicare de Washington, de forma que el peso de la recesión cae por completo en el presupuesto local (nacional), y de ahí deriva el recorte del rating crediticio del país.

En segundo lugar, Estados Unidos tiene un mercado laboral más o menos integrado geográficamente: los trabajadores se mudan de las zonas más deprimidas hacia otras con mejores perspectivas. (El estallido inmobiliario, de todas formas, redujo la movilidad porque la gente no puede vender sus casas.) Europa, no: de acuerdo que sí existe algo más de movilidad tanto entre la élite laboral como en la franja de menor salario, pero nada que ver con el nivel estadounidense.

Entonces ¿qué puede hacer España? Necesita ser más competitiva, pero no puede recurrir a la devaluación, porque es un país de la Eurozona. De manera que la única alternativa es bajar los salarios, lo cual es extremadamente difícil de conseguir (y crea graves problemas para quienes están hipotecados o endeudados).

Al contrario de lo que todo el mundo decía hace unas semanas, ser miembro d ela Eurozona no inmuniza a un país contra la crisis. En el caso español (y el de Itlaia, Grecia e Irlanda) el euro bien podría estar empeorando las cosas.

Y la caída de la libra esterlina, por impopular que sea, quizá se convierta en una cosa estupenda.

Por cierto, hace cerca de dos años ahora, The Economist titulaba igual un artículo que, leído ahora, no tiene desperdicio. Pinchen aquí si quieren leerlo.