Archivos para el tag ‘Evasión fiscal’

Lugares soleados para gente sombría

Tacho Rufino | 18 de febrero de 2013 a las 13:55

EL tenido por fundador de la economía, Adam Smith, dijo en el siglo XVIII algo que nace de la que es la base de su ideario, el sentido común: “Los individuos deben contribuir al sostenimiento del Estado en proporción a sus ingresos”. Esto que hoy llamamos progresividad fiscal es recogido como mandato en prácticamente todas legislaciones tributarias del mundo. Pero probablemente pocos mandatos son tan transgredidos. Se calcula que una cuarta parte de la riqueza planetaria está en paraísos fiscales. Sin acritud, un paraíso fiscal sería una jurisdicción de baja tributación, o sea, un Estado más o menos artificial donde los residentes pagan impuestos, pero los no residentes, no. De forma que quienes quieren eludir los impuestos en sus países se ven muy tentados a llevarse los dineros a un paraíso fiscal, sea éste una isla caribeña o del Canal de la Mancha, un peñón colonial, o un paraíso en la otra esquina, en la misma frontera, que las naciones decentes tienen a mano para que sus ciudadanos más pudientes escondan su capital, o laven los dineros del crimen. Italia tiene su cloaquilla de lujo en San Marino, Alemania en Liechtenstein, España en Andorra, Inglaterra en Jersey, Francia en Mónaco (“Un lugar soleado para gente sombría”, lo calificó Somerset Maugham). Fue en Mónaco donde nació el concepto moderno de paraíso fiscal. En el siglo XIX, los Grimaldi fundían a impuestos a sus súbditos, y éstos se rebelaron y dejaron de pagar. La penuria de las arcas de los príncipes quiso ser aliviada montando un casino. El Estado francés hizo llegar el tren desde las grandes ciudades a Mónaco. La siguiente medida fue reducir drásticamente los impuestos para atraer a gente adinerada. Sin duda, muchos políticos trincones franceses fueron los primeros en abrir cuentas opacas en bancos monegascos: no por otra cosa habían hecho el tren. Puede que, precisamente, la falta de voluntad de luchar contra la evasión fiscal hacia los paraísos fiscales es que quienes deben emprender esa lucha tienen dinero en esos enclaves. Como un policía corrupto.

Hoy ya es difícil escuchar a snobs que defiendan que “los impuestos son un robo”, y que desviar capitales a Caimán o Suiza -sí- es un “deporte de élite”. Podría ser abofeteado. Pero hace pocos años, en plena dolce vita, no pocos por aquí presumían de regatear al fisco: “Qué puñetas es eso de devolver a la sociedad parte de lo que he ganado en ella”. Ahora no está la cosa para alardear de pillo. Y los estados están muy caninos, con serios problemas para equilibrar sus presupuestos. Por lo que, a falta de capacidad y voluntad de controlar globalmente la hipertrofiada economía financiera, los gobernantes estadounidenses, alemanes, franceses, británicos o españoles han puesto sus ojos de hambriento en los paraísos fiscales. A repatriar capitales como sea. Cosa que, además, tiene buena venta entre el ciudadano asqueado y asustado.

No es tarea fácil. De entrada, los principales bancos mundiales tienen sucursales off-shore, o sea, son parte necesaria para el lavado y ocultación de dinero. Ni siquiera las asimetrías fiscales en la propia Unión Europea están resueltas. Un ejemplo: Irlanda atrae empresas, de forma legal con el anzuelo de un tipo impositivo de Sociedades dos o tres veces menor que el de sus socios europeos. Es el G-20, la reunión de países industrializados y emergentes, el lugar donde se deben acordar fórmulas coordinadas para cerrar el cerco sobre los grandes defraudadores. Este año, bajo la presidencia de Rusia -empezamos bien-, se tratará de dar una vuelta de tuerca al asunto. Si una cosa buena tiene la crisis fiscal de los países es la mayor tensión en el uso de los recursos y en la obtención de ingresos. Mientras esto escribo, en un canal repleto de friquis muy leídos, un tipo suelta lo siguiente: “Es la avidez de estados hipertrofiados como el francés, el americano y el español lo que los mueve a atacar a países que han tenido éxito en atraer al ahorrador”. A veces desearía uno no tener orejas.

Hijos pródigos e hijos mimados

Tacho Rufino | 9 de abril de 2012 a las 15:03

“La pretensión de la banca de retener las deudas de pymes morosas con los dineros del Plan Montoro es decepcionante”

La amnistía fiscal con la que Rajoy espera recaudar 2.500 millones y reciclar 25.000 para el sistema es un trágala. Como perdonar una traición y convivir con unos cuernos. Ese tipo de cosas que –como diría Sánchez Gordillo perdonando vidas y refiriéndose a los inminentes acuerdos de IU con el PSOE en Andalucía– hay que hacer con la nariz tapada. Muchos opinan que el perdón a los defraudadores en el taco riguroso es una inmoralidad, o peor, una muestra de que la derecha está al lado de los poderosos versión achorizada, mientras exprime a las criaturitas. Francamente, no lo veo así. La medida es un mal necesario, o al menos conveniente. En este momento de urgencia financiera nacional, es razonable tomarla, aunque no se tiene certeza alguna acerca del impacto recaudatorio de la medida. La Italia del último Berlusconi logró repatriar la bonita cantidad de 95 millones con una medida similar, y el PSOE fue pestosamente magnánimo también cuando tuvo que hacerlo en ejercicio del gobierno. Ojalá se consiguiera devolver tanto dinero al país como el presupuestado. Los capitales evadidos no están seguros ya en ningún sitio, o al menos tanto como lo estaban hace sólo cinco años. Los evasores se lo pensarán, aunque su sentido de la responsabilidad con respecto al país donde se propició su fortuna de manera legal o ilegal seguirá siendo nula. Eso, seguro. España perdió tensión fiscal y recaudadora en las vacas gordas. El IVA, los impuestos indirectos y el IRPF manaban a borbotones de la economía recalentada (no así el Impuesto de Sociedades, objeto de grandes creatividades y menguantes recaudaciones en comparación con las rentas del trabajo, hasta acabar siendo otro trágala). Ahora, para recaudar rápido no hay más remedio que arrear a los de siempre, los sufridos contribuyentes de toda la vida. Y perdonar al hijo pródigo. ¿O no es eso lo que Madrid y Barcelona quieren hacer bajándose todo tipo de pantalones con el Eurovegas del magnate Sheldon Adelson, que tiene nombre de personaje de peli de los Coen? (Una maldad oída por ahí: ¿qué dirían los histéricos denigradores del voto andaluz si los entregados al maná de dólares frescos del juego y la prostitución fueran municipios andaluces?)

La gestión financiera manda. La presión es brutal para el país y su Gobierno. Los Presupuestos saben a poco a los inversores, que han vuelto a castigar al país –y de paso, a contratar una rentabilidad fuera de mercado– a pagar un precio muy caro por las emisiones de deuda de esta semana. Las expresiones “intervención”, “abandono del euro” y hasta “proteccionismo” resurgen de sus engañosas cenizas. Y en esas, la banca vuelve a protagonizar –en principio, puntualmente– episodios de ignominia y, como los evasores pero sin delito, falta de responsabilidad nacional tras haber sido actor fundamental de nuestra burbuja inmobiliaria y principalísimo beneficiario de la misma. En pleno proceso de alivio de la ingente deuda local y autonómica con sus proveedores –lo que podríamos llamar la Facilidad Montoro, 35.000 millones–, algunos bancos, que son los que sueltan la mosca en forma de préstamo con aval del Estado, quieren descontar las deudas que pymes y autónomos tengan con ellos antes de soltar un duro. O sea, que se pervierte y fagocita en origen el propósito de la interesante medida. Una postura prima hermana de la de tomar prestado el dinero sin límite del BCE a un tipo mínimo para, en vez de ponerlo a funcionar asumiendo riesgos cumpliendo su función social –¡qué cándida antigualla la función social de la empresa!–, comprar deuda del Tesoro inflada de prima de riesgo: el Estado suspira financieramente dando una patada a seguir, y la banca gana mucho, de forma inmediata y con un riesgo limitado. Como entre bomberos no nos pisamos la manguera, el Gobierno mima a sus banqueros, cada vez más oligopólicos y concentrados. Hay que recordar que, en los los momentos de crisis más severas y empobrecedoras a lo largo del siglo XX, la ira del la gente de a pie se ha enfocado hacia los prestamistas, y que los políticos más mesiánicos y oportunistas han acogido en su argumentario esos odios populares.

El verdadero vicio griego

Tacho Rufino | 27 de junio de 2011 a las 12:10

Los ratios per capita son por lo general esclarecedores. Hace poco, el Ministerio de Economía publicó los que dividen deuda municipal por el número de habitantes de cada municipio español. Quitando el peculiar caso de Ceuta, el Madrid de Gallardón ganó por goleada: concentra el 22% de la deuda municipal española total, y cada uno de sus tres y pico millones de habitantes “debería” unos 2.000 euros (los barceloneses, 742 euros). Madrid es una especie de Estados Unidos –sin dólar, magia potagia— en hispano, que puede endeudarse irracionalmente para ser más grande que nadie, para atraer más empresas que nadie, para acometer obras de dudosa financiación una tras otra… porque es “demasiado grande para caer” (?). Pero en fin, seguro que otros ayuntamientos menores caen antes en la bancarrota (palabra, por cierto, tabú hasta hace un año –como lo fue crisis en su día– y que hoy es moneda de cambio informativa). O sea, cada habitante de Madrid cabría a 2.000 euros de deuda de su municipio. Pues bien, cada uno de los once millones de griegos debería ¡175.000 euros! si repartieran a escote su inmensa deuda nacional (España mantiene cifras cfrecientes pero por debajo de la meida de sus países de referencia en la UE: unos 17 mil euros de deuda per capita estimada (unas diez veces menos que Grecia), y un porcentaje aún tolerable si lo referimos al PIB).

Grecia tiene un problema “cero”: nadie sabe nada a ciencia cierta. Es decir, sus cuentas y sus estadísticas tienen menos pedigrí que una liebre. Ayer, muchos reportajes de esos amplios dominicales, tan jugosos, ponían de relieve la pillería y el fraude instalados en el ADN de la relación entre los griegos y sus instituciones públicas. I.H Velasco daba datos jugosos en Mercados. Mencionemos algunos.

  • Los ferroviarios y otros empleados de ferrocarriles griegos ganan una media de 65.000 euros al año. Hoy se publican los salarios de los directores generales de área del ayuntamiento de mi ciudad y ninguno llega a tal cifra.
  • Las peluqueras griegas se jubilan a los 50 años por ser la suya una profesión “de riesgo”.
  • El corralito acecha al país, si es que éste no es presa de saca el dinero del banco y llévatelo donde puedas, colchón incluido: en el último año, los griegos han retirado depósitos bancarios por una cuarta parte del PIB nacional. Bonito panorama para la asfixiada banca griega.
  • El que quiere ser bien atendido en un servicio público debe impepinablmente pagar una mordida “por lo bajini”.
  • Esto que viene no es broma: las hijas solteras de empelados públicos fallecidos reciben una pensión vitalicia de 1.000 euros mensuales. Hay 40.000 de estas hijas solteras. ¿Le habrá dado alguna una zancadillita a su padre?
  • Uno de cada cuatro griegos con ingresos no paga un duro de impuestos.

¿Qué tiene esto que ver con España?

PD: al ver al perrito que camina entre los policías y manifestantes apunto de enzarzarse, no he podido evitar recordar la sobrecogedora primera parte de Gladiator: La batalla de Germaniahttp://www.youtube.com/watch?v=OLCZ3pZJr1s.

Herve Falciani, un Dioni con estudios

Tacho Rufino | 12 de julio de 2010 a las 20:16

 herve falcianidioni

Herve Falciani es un Dioni fino. Mientras que el segurata que cogió el dinero y corrió a Brasil nunca ocultó que forrarse con el dinero del blindado –su propio furgón de trabajo–era el único obejtivo de su golpe, el financiero suizo dice que entregó a Francia los datos de las cuentas opacas de los clientes de su banco –el británico HSBC–en Suiza por motivos ideológicos. No filtró los datos a cambio de dinero, no; tampoco lo hizo por venganza a la entidad que lo maltrataba laboralmente, qué va: Herve es un hombre con principios, un Robin Hood de traje oscuro y tirantes. Herve no quería, pero por el bien de la Humanidad y la tranquilidad de su conciencia hizo lo que hizo. Pobre Herve. Más hervés necesita el mundo, por Dios. Sea por hache o por be, hay que darle las gracias a este hombre.

¿Les suena cínico esto que escribo? Me he tomado unos minutos para rebuscar en foros y blogs de internet qué piensa la gente sobre esto y, como en botica, hay de todo. Que efectivamente es un tipo honrado que se ha jugado el pellejo (“yo hubiera hecho lo mismo para poder dormir tranquilo”, dice algún sepulcro blanqueado); que debería ser detenido, juzgado y enviado a galeras para resarcir moralmente el enorme daño que ha hecho a los titulares de las cuentas, sin entrar a distinguir en cuáles de ellos son traficantes de armas, de mujeres, de drogas o simples defraudadores sin maldad ninguna… claro, que también hay quienes no albergan, como quien suscribe, duda alguna de que Falciani ha resuelto su vida dándole el palo a la entidad que le pagaba el sueldo. Las autoridades francesas, primero, y después otras como la española, están muy contentas con el listado que contiene miles de cuentas de personas que han evadido dineros de sus países, y no les ha pesado ni un poco darle a Herve lo que pedía. Intuyo incluso que Francia ha revendido a otros países, como España, esos datos, y le ha salido redondo el negocio. No cabe duda que detectar los miles de millones que no pagan impuestos es en estos momentos un posible balón de oxígeno para las arcas públicas: impuestos sobre el patrimonio, sanciones e intereses, liquidez para el sistema financiero nacional… La pupila de Salgado se ha dilatado como la de una leona al ver a un impala que renquea (ver noticia)

No es fácil, de cualquier forma, repatriar esos dineros: la capacidad de gestión de nuestra Agencia Tributaria está lastrada por la tradicional dejadez de los gobiernos con la inspección fiscal (en este sentido resulta curioso que en la última reforma del código penal se rebajara a 5 años el periodo de prescripción de estos delitos, que antes era de diez). Tampoco está claro si se va a amnistiar a los evasores identificados gracias a Herve: librarles del delito penal, aplicarle todo o sólo parte de las sanciones y moras reglamentadas o idear otras fórmulas para incentivar el vuelve a casa, vuelve de los capitales distraídos en el todavía paraíso fiscal que es Suiza. En este sentido, se pueden leer también por la red opiniones legalistas que dicen que no se les puede hacer nada a los evasores porque las pruebas han sido obtenidas irregularmente (una garantía que puede llegar al absurdo de constituir vía de escape de criminales, en tantas ocasiones). Como afirmábamos aquí en otra entrada, los inspectores y subinspectores de la Agencia Tributaria están en contra de perdonar nada a quien ha cometido un claro delito fiscal: me consta por amigos que trabajan –y cómo– en Hacienda y que están más quemados que la pipa de un indio. Para que, encima, ahora que se puede dar árnica a las cuentas públicas, se dé en cambio un privilegio a quien no sólo tiene –legal o ilegalmente– más, sino que además no quiere contribuir y revertir parte de lo que ha obtenido en forma de impuestos a la sociedad en la que lo ha obtenido.

En busca del dinero espabilado

Tacho Rufino | 14 de marzo de 2010 a las 22:49

(Artículo publicado en “El poliedro”, Economía, Grupo Joly el pasado sábado)

Es difícil dar crédito al suceso que voy a referir (en cuanto a dar crédito financiero, se ha generalizado la leyenda de tanto azulejo de tasca: “Hoy no fiamos, mañana sí”). En principio, parece una historia bastante normal. Un extranjero residente en España ha sido encausado por la Agencia Tributaria, que ha enviado su caso a la Fiscalía. La del demandado es una figura más común de lo que pudiera parecer: contribuyentes -es un decir- residentes en nuestro hasta hace poco soleado país que dicen residir fuera de España, con el objeto de no pagar impuestos aquí, aunque tengan a sus hijos en colegios concertados de aquí, usen los hospitales de aquí para intervenciones delicadas y jueguen al golf cotidianamente en este meridional país, actividad del todo compatible con hacer negocios, también aquí. Hasta ahí, nada extraordinario, al menos en una tierra donde sólo paga impuestos el que no tiene más remedio y quien está controlado por la nómina, por mucho que esté muy de moda decirle a políticos, maestros de escuela, policías o celadores que “vivís de mis impuestos” (“de los que pago sin remedio”, cabría apostillar: qué calvinistas nos estamos volviendo para ciertas cosas).

Lo que no resulta tan normal es que el citado extranjero -tan bien orientado hasta que le han echado el guante- haya ingresado voluntariamente en las arcas de Hacienda ¡24 millones de euros!, cuando vio que lo habían trincado de lleno, según informaba El País el miércoles pasado. Tras intentar calcular cuántas pesetas son tal cantidad, se le suscitan a cualquiera una serie de preguntas: ¿cuánto habrá realmente defraudado?, ¿cómo ha sido tan invisible hasta ahora?, ¿cuántos defraudadores más hay como éste?, ¿cuántas infraestructuras, colegios, camas de hospital y hasta sueldos de funcionarios-en-la-diana se podrían pagar con esa suma que había driblado a la caja estatal? Se pregunta también uno quién será este hombre, qué cara tendrá… y a qué se dedica.

Es claro que la inspección fiscal cuenta con pocos medios en España. Tal debilidad no ha sido tan patente en los tiempos en que los presupuestos públicos estaban equilibrados, las empresas empleaban y pagaban a muchos más empleados como lo es hoy. En la abundancia, el relax inspector era más comprensible. Pero ahora toca sacar de donde sea, mayormente donde es de ley, por mucho que algunas administraciones giren impuestos, multas y complementarias preventivas sin fundamento que, además, se pasan por el forro la presunción de inocencia y el in dubio pro reo. Con la ley por delante, no hace falta abusar de los de siempre. A los 24 millones nos remitimos.

Ocaña, secretario de Estado de Hacienda, se ha montado encima del caballo, y enarbola la bandera del nuevo plan contra el fraude que aprobó el Consejo de Ministros hace unos días. Tiendas de chinos, africanos pañoleros organizadísimos en los semáforos y establecimientos de “todo a euro” también van a ser escrutados por la inspección fiscal, según parece.

A ver si se desvelan misterios como el de los turnos de trabajo de veinte horas (a veces en sitios insalubres, donde la inspección laboral también flaquea) y los aprovisionamientos baratísimos (que después se venden en locales con alquileres altísimos), y quizá empiecen a ser tratados con la firmeza recaudatoria con que se trata a tantos otros comerciantes nacionales. Cual seres epsilon lampando por sus dosis de soma en Un mundo feliz, las arcas públicas buscan euros debajo de las piedras, en los paraísos de la baratura de birlibirloque y hasta de las verdes alfombras de los green, porque no sólo de subidas del IVA vive la mustia Hacienda Pública