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Las necesidades esenciales y la selva

Tacho Rufino | 11 de junio de 2011 a las 10:53

LOS seres humanos, al parecer en mayor medida que otros animales, nos adaptamos rápido a un nuevo nivel de satisfacción de las necesidades. Lo cual a su vez hace cambiar la valoración futura de dichas necesidades: cuáles son las básicas, cuáles las prioritarias, cuáles las accesorias, cuáles las superfluas, cuáles las excesivas. En el mundo que vivimos peligrosa y austeramente, los niveles de satisfacción y exigencia se ajustan a la baja en línea con los niveles de disposición de renta menguantes, y también en función de las negras expectativas que crean las letanías agoreras del mundo interior -titular del supermercado de la esquina incluido- y exterior -estudios prospectivos de tanques del saber incluidos-.

El ajuste presupuestario en curso, el doméstico y el macro, tiene mucho de esa atribulación y de ese miedo. Nadie discutirá, o casi nadie, que si los ingresos bajan vertiginosamente, los gastos deben reducirse. En la esfera pública, tampoco se debe discutir que, si la partida fundamental de ingresos nacionales son los impuestos, los impuestos son otra vía para equilibrar el presupuesto: subiéndolos, claro es. Sin embargo, en esto topamos con rocas ideológicas. Subir los impuestos a las sufridas -nunca mejor dicho- clases medias sería inocular una nueva dosis de curare paralizante al consumo. La posición progresista -o mejor, progresiva- es apretar más la fiscalidad de las rentas más altas. Esto siempre se ha encontrado de frente con una perversión sin culpable: los que deciden sobre las subidas a las rentas más altas son precisamente rentas altas, o bien son personas con intensas dependencias de entidades financieras que obtienen jugosas rentas del capital, e intentan evitar -lobbeando- que se graven más. También hay otra vía impositiva: atacar a la economía sumergida, que se calcula en una quinta parte de la economía nacional. Para ello, conviene tener en cuenta dos cosas. Primera, la economía sumergida de subsistencia es higiénica y necesaria. Por el contrario, la evasión planificada desde posiciones de poder patrimonial, y no digamos la economía sumergida delictiva, son fuentes lógicas para recaudar más. Dicho esto, dicha también la dificultad de esta obligación pública: en la Agencia Tributaria -sufrida ella también- se da el adagio cubano: por los medios no te preocupes, que medios no hay… suficientes.

Hay, en fin, otras dos vías para ajustar los presupuestos y los presupuestos de tesorería, los que riegan las macetas a diario. La primera parece descartada ex ante: el recurso a nueva deuda pública, siquiera una deuda pública que se invirtiera en activos productivos rentables para los objetivos públicos. La segunda vía para equilibrar presupuestos es el crecimiento. Pero de nuevo la irónica sabiduría del cubano sin perspectivas: “Por el crecimiento no te preocupes, que crecimiento no hay”. ¿O sí? Sí, sí, hay algún dato bueno, aparte de las exportaciones rampantes. Hemos sabido esta semana que nuestra añeja gallina de los huevos de oro, el turismo, ha llegado a cifras desconocidas desde hace una década. El crecimiento del turismo se valora en más de seis veces superior al escuálido crecimiento previsto del Producto Interior Bruto (PIB) para el próximo año.

Sobre las necesidades y su correlativo gasto para satisfacerlas, cabe recordar a Baloo y su genial canción prestada de Louis Armstrong, The bare necessities, las necesidades esenciales, que aquí se cantaba como “Busca lo más esencial no más…”. Las imprescindibles (sanidad, educación, coberturas para los desfavorecidos y desafortunados), deben estar aseguradas por nuestro Gobierno, cualquiera que éste sea. Ese Estado social debe estar al margen de inquietantes “tendremos el Estado del bienestar que podamos tener”. Si no queremos convertir este patio en una selva, mucho más peligrosa que la de Baloo y Mowgli. La del tigre Shere Kahn y de la serpiente Kaa.

La nueva forma de dominio

Tacho Rufino | 12 de enero de 2011 a las 17:29

Los países emergentes (no sólo, pero sobre todo China) exportan mucho, y su consumo interno es muy débil, como sus salarios. Por eso, acumulan fuertes cantidades de dinero, de liquidez. ¿Dónde la invierten, sobre todo mediante lo que se da en llamar Fondos Soberanos? En deuda pública de aqullos a quienes les ha pasado lo contrario: exportan poco (o sea, su balanza comercial es negativa), conusmen  mucho… y tienen necesidad de enedudarse, con lo que su deuda exterior es grande (por ejemplo, España, 1, 2, 3, responda otra vez). ¿Quién compra esa deuda, cada vez en mayor proporción? Quien tiene liquidez, como los mencionados países emergentes. Ser acreedor de alguien con muchas deudas es una excelente forma de dominación geoestratégica.

 

(Con la venia, ahí va una viñeta del gran “El Roto”)

el roto deudores

En ‘chuches’, España es un puntal

Tacho Rufino | 24 de julio de 2010 a las 14:28

bazokaCUANDO las soluciones de los problemas no vienen del mundo interior, hay que buscarlas en el exterior. Si, en un país, la producción, el consumo y su financiación están agarrotados domésticamente y, encima, ese país no produce cosas que sean vendibles afuera por ser más baratas o por ser más deseables aunque más caras que las de otros -eso que llamamos ser competitivos-, ese país está estratégicamente comprometido. Los países que exportan con cierto volumen y continuidad sus productos, tienen un flotador extra y están más a salvo ante las turbulencias. No dependen sólo de la recuperación del mercado interior para salir del marasmo. Dicen los psicólogos que si uno no tiene nada que darse a sí mismo -amor, por ejemplo- poco podrá dar a los demás. ¿Tenemos algo bueno para nosotros y para los demás también? ¿Qué hacemos mejor? ¿Qué cosas exportamos nosotros? Las hay.

Exportamos básicamente turismo, nuestro principal sector y en el que ejercemos un liderazgo mundial más nítido. Ningún gobernante de país rico, medio o pobre reniega de promocionar el turismo. El centro donde trabajo ha pasado a llamarse Facultad de Turismo y Finanzas (se la recomiendo a usted y a sus hijos). El turismo, pues, debe ser cuidado como oro en paño: nos va demasiado en ello. Lo mismo sucede con la construcción. Nuestras constructoras y sus diversificados, a la vista de la parálisis inversora pública y privada, operan fuera a gran escala. Cabe decir lo mismo de la banca española. Pero hay vida más allá de grandes bancos, constructoras y sector turístico. Ciertos sectores capean mejor la crisis que los demás, como las tecnologías de energías renovables y la agroalimentación. En ambos sectores tenemos experiencia, equipamiento productivo y calidad, por mucho que el primero sea un sector emergente por su capacidad de desarrollar y exportar tecnologías de energías limpias, y el segundo, la agricultura y su industria, sea un sector tradicional y en buena medida olvidado por los humos y los cantos de sirena que nos cegaron durante una década. Incluso en mayor medida, el automóvil es uno de nuestros exportadores de referencia. Pero hay más.

Caychi, que así se llama la patronal de las chuches española, anuncia que las exportaciones del sector no sólo están van a mejor en contra del ciclo y la coyuntura (en inglés, a la coyuntura la llaman situation, ¿son o no son prácticos los anglos?), sino que van a permitir que la facturación de chicles, gomitas, zetapetas y demás suba casi un 5% con respecto a 2009. De acuerdo con que niños y jóvenes del país están más ajenos que los adultos a la crisis y siguen endulzándose la vida sin temor. Pero resulta que ingleses, franceses y alemanes -los principales compradores de chuches Made in Spain, cuya forma de ser chucheros nada tenía que ver con la nuestra- están adoptando esa tierna costumbre de llegar con un euro al kiosko y tomarse su tiempo y su indecisión hasta llenar una bolsita con objetos comestibles polícromos y multiformes que les proporcionarán felicidad transitoria.

chuches

Además, según Caychi, la innovación no sólo llega a fabricar chicles cuyo envoltorio y publicidad más parecen de condones de sabores (he aquí una muestra)publicidad gratuita:  estamos que lo regalamos) que descendientes de los clásicos cheiw o bazooka -snif-, sino a otras muchas formas de hacer más atractivos y valiosos (caros) los productos. Sin ánimo de elevar a categoría la anécdota, sí podríamos encontrar en esta anécdota el espíritu de la categoría: sólo con cosas mejor hechas y más deseables podremos darle al cuerpo de nuestra economía fuerza en una de sus dos piernas. La de las exportaciones.