Archivos para el tag ‘Fondos Soberanos’

La nueva forma de dominio

Tacho Rufino | 12 de enero de 2011 a las 17:29

Los países emergentes (no sólo, pero sobre todo China) exportan mucho, y su consumo interno es muy débil, como sus salarios. Por eso, acumulan fuertes cantidades de dinero, de liquidez. ¿Dónde la invierten, sobre todo mediante lo que se da en llamar Fondos Soberanos? En deuda pública de aqullos a quienes les ha pasado lo contrario: exportan poco (o sea, su balanza comercial es negativa), conusmen  mucho… y tienen necesidad de enedudarse, con lo que su deuda exterior es grande (por ejemplo, España, 1, 2, 3, responda otra vez). ¿Quién compra esa deuda, cada vez en mayor proporción? Quien tiene liquidez, como los mencionados países emergentes. Ser acreedor de alguien con muchas deudas es una excelente forma de dominación geoestratégica.

 

(Con la venia, ahí va una viñeta del gran “El Roto”)

el roto deudores

Chinos, os recibimos con alegría… e incredulidad

Tacho Rufino | 10 de enero de 2011 a las 13:15

POR pura comparación entre la oferta y la demanda y por mero poder de negociación de las partes, si China se encaprichara con tomar pan con aceite de oliva español y jamón ibérico, regado con rioja, nosotros tendríamos que dejar de hacerlo. O si no llega tanto la cosa, el todavía hoy asequible lujo hispánico nos saldría carísimo. O peor aún: quedarían las peores partidas para el mercado nacional. La prensa extranjera, incluido el diario oficial chino, el Renmin Ribao, prefiere centrarse en los acuerdos sobre estos tres productos señeros españoles -de los que sólo se ha sustanciado un precontrato de un par de millones, algo relativamente modesto- que en el verdadero apoyo que el régimen comucapitalista asiático podría darnos: comprar nuestra deuda soberana. Es ésa la única vía de mantener nuestra tesorería pública en movimiento, además de la mejor fórmula para apartar los mengues especulativos que se ciernen sobre España cual marea que sube y baja, puro acoso y derribo financiero. Pero esta ayuda será, en caso de ser, necesariamente transitoria y no hay motivos para entonar el “Chinos, os recibimos con alegría”.

Un primer motivo para ser cautos con la visita del occidentalizado hombre fuerte del régimen, Li Keqiang, es que los chinos son reconocidos negociadores de boquilla. Su fuerte no es cumplir los compromisos verbales que adquieren en las cancillerías de otros países, y valga como muestra sus repetidas promesas incumplidas de revaluar su moneda, el yuan, una divisa mantenida artificialmente baja para ser también artificialmente más competitivos de lo que de por sí son. Un segundo motivo para el escepticismo es que nadie da nada por nada, y tampoco un chino. ¿Por qué habría de lanzarnos una tabla de salvación la República Popular, comprando bonos españoles que las agencias de calificación, ay, evalúan cada vez peor? Algo querrán, aparte de colocar su tremebunda liquidez, ¿no? Lo mismo hicieron antes con Grecia e Irlanda. ¿Qué quieren de nosotros, que tan poco podemos ofrecer, sin ánimo de desmerecer los adorables manjares patrios?: quieren comprometer nuestro apoyo para grandes asuntos geoestratégicos: poder contaminar a ritmos exponenciales y fuera de todo estándar de Kioto o Copenhague; que la UE les levante el embargo de armas; que no les toquemos la nariz con los premios Nobel; que no pongamos pegas a su expansión africana y latinoamericana. A cambio de nuestro servilismo en estas cosas, con el tacón nos firman acuerdos comerciales de algunos milloncejos, que, eso sí, pueden suponer un excelente apuntalamiento allí para, por ejemplo, el aceite andaluz Hojiblanca. Por lo demás, y referente a la deuda, hasta que no lo veas, no lo creas.

El comunismo empresarial asoma las orejas

Tacho Rufino | 9 de enero de 2011 a las 21:50

HACE unos días leí a un compañero en estas mismas páginas que a veces es mejor que los sueños no se hagan realidad. Se refería al sueño liberal -lo que aquí conocemos por liberal, es decir, antipúblico- de desmontar el Estado del Bienestar para liberar las sabias fuerzas del mercado. Y sí, lo desmontamos, pero no por nuestra propia mano, sino forzados por las circunstancias. A la fuerza, vendemos o quemamos nuestro patrimonio; el común, el público, el que tan poco valoran -salvo, por ejemplo, para operarse gratis y con garantías en la Seguridad Social- quienes de pronto degustan el irresistible sabor del éxito empresarial o profesional, y descubren que lo común es una rémora. Nos hacemos yanquis de pacotilla, y a la vez empobrecidos economistas de calle de la Argentina de el corralito. Norte pero Sur, mezcla e indefinición: una mala situación estratégica. En el fondo, no es sino esa misma contradicción la que impera en el escenario económico.

multinacionalLas empresas grandes mueren menos que las pequeñas en este largo y tortuoso camino que emprendimos, sin previo aviso, hace unos tres años. La mayor concentración de riqueza en pocas manos es una de las consecuencias de toda crisis económica. También el mundo empresarial reduce su número de agentes. Las empresas familiares -un modelo antinatural a la larga- son pasto de las llamas en primera instancia. El muchas veces sumergido y muy desprotegido mundo del autónomo también es víctima propiciatoria. Cuando las relaciones económicas se vuelven más salvajes, sobreviven las grandes corporaciones. O sea: el “búscate la vida o muere” convive con las superburocracias empresariales, grandes empresas que emplean a millares de personas. Algo, en esencia, muy poco diferente de los fracasados esquemas estatalistas. La mayor parte de la gente en los países desarrollados vive y vivirá su vida laboral en burocracias de planificación centralizada llamadas empresas, en entidades que buscan contratos y suministros al más largo plazo posible. De la misma forma que rige la bipolaridad laboral empleado maduro, seguro y bien remunerado vs. empleado precario, dispuesto y bien formado, las relaciones económicas parecen condenadas a la bipolaridad: grandes empresas que emplean a la mayoría con condiciones salariales extremas, junto a miríadas de pequeños empresarios que sobreviven al albur y a expensas de aquellas. Al Estado no se le espera, está ingresado. Un Estado que recorta en mayor medida su inversión que su gasto: sueldos y prestaciones irracionales para los políticos, entidades superpobladas de levantadores de mano como el Senado o los parlamentos autonómicos, coches oficiales, dietas para políticos… que deberían ser sustituidos por funcionarios de carrera que garanticen una mayor independencia en la gestión de las instituciones. Mutilar la inversión pública que nutre el tejido empresarial y maquillar los recortes de gasto (salvo los hachazos a los funcionarios de a pie): justo la combinación de política presupuestaria que más daño hace al sector privado, que, no lo olvidemos, es el único potencial recuperador de empleo.

china_car_logoY, de pronto, gritamos “¡albricias!” al saber que China, la verdadera gran empresa global planificada y burocratizada, va a colocar en nuestra economía un montón de sus enormes sacos de dinero líquido. Aliviará las tensiones de nuestra deuda y, de paso, se posiciona en nuestra economía de una forma bien distinta que la habitual de polígono con tienda de todo y todo barato, esas naves y megatiendas cuya generación espontánea hace pensar que, efectivamente, fueron la pica en Flandes del Imperio Naciente: “Primero, mandamos emisarios con dinero fresco, cuyo origen era posiblemente tan soberano como los fondos oficiales que ahora han venido para quedarse”. El nuevo comunismo empresarial asoma las orejas por distintos frentes.