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El ‘Gran Germano’ y sus vampiros periféricos

Tacho Rufino | 14 de agosto de 2011 a las 12:39

LOS asesores económicos de los partidos alemanes lo tienen claro: lo rentable electoralmente es proponer que la política presupuestaria de cualquier país europeo en apuros la lleve Alemania. O expulsar al díscolo del club. No los obreros o los taxistas, sino que son los sesudos asesores de cualquier signo quienes han instalado la certeza del vampirismo periférico en la opinión pública alemana: las gafas rentables de ver la verdad simple y sin matiz. Si Grecia está en la ruina, la garantía de recuperar los créditos por parte de su principal acreedor -Alemania- es tomar el mando de las finanzas públicas helenas (Alemania es también su principal suministradora de armas para alimentar la guerra fría turco-griega en el cálido mediterráneo: Grecia es la primera importadora de armas de Europa).

Las tres economías comunitarias intervenidas a día de hoy (Grecia, Irlanda y Portugal) han entregado en buena parte la cuchara en lo que respecta a su capacidad de hacer política económica: fueron salvados a cambio de perder soberanía y asumir planes leoninos de ajuste. A España e Italia -cuarta y tercera economías europeas, ojo-, la salvación momentánea les ha venido por la vía de la compra de su deuda pública por parte del BCE. Desde el Gran Hermano alemán ha llegado esta semana un efectista consejo-admonición: “Vende el oro y con eso paga deudas”. Una teutónica sandez, con todos los respetos e incluso las admiraciones (obviemos por esta vez el detalle de los grandes méritos alemanes y su lógica preponderancia comunitaria). Las reservas nacionales de oro no son lo que fueron, y en España su venta no serviría para gran cosa: el oro español no pagaría más de un 1,6% de la deuda española.

Acerca del papel de líder europeo de Alemania, el inefable tiburón-filántropo George Soros ha puesto el dedo en la llaga: Alemania debe defender el euro (artículo publicado en Project Syndicate el jueves). Dice Soros: “Alemania y los demás miembros de la zona del euro con calificaciones AAA deberán decidir si están dispuestos a arriesgar su propio crédito para permitir que España e Italia refinancien sus bonos a intereses razonables. De lo contrario, España e Italia serán empujadas hasta caer en programas de rescate (…) y el euro se vendrá abajo. [La decisión de Merkel en 2008 de no dar garantías europeas] agravó la crisis griega y causó el contagio que la convirtió en una crisis existencial para Europa (…) Para cuando Alemania acepte un régimen de eurobonos, su propia calificación podría verse comprometida. Una ruptura del euro precipitaría una crisis bancaria que superaría la capacidad de control de las autoridades financieras mundiales. Cuanto más se demore Alemania, mayor será el precio que deberá pagar”. Pero, ay, las elecciones están siempre cerca.

¿Por qué se irá Soros?

Tacho Rufino | 27 de julio de 2011 a las 20:50

George Soros se retira de todas las finanzas menos las suyas y las de su familia, que, dicho sea de paso, deben requerir una estructura de personal en toda regla, dada la enorme fortuna amasada por el húngaro-estadounidense mediante fondos de inversión y transacciones en divisas. En varias biografías-exprés que he consultado hoy me encuentro con que, como era de esperar, se califica a Soros de especulador. Para ver si es que los españoles somos unos faltones que creen en conspiraciones, acudo inmediatamente a páginas tan fiables como Wikipedia en inglés y, también lo llaman speculator (en un sito llamado investopedia lo llaman, más halagadores, “gran inversor”) en la primera línea, tras la fecha y el lugar de nacimiento. Se ve que lo es, y quizá cabe de nuevo recordar aquí que especular no es esencialmente malo: todos los hacemos cuando invertimos en algo que no sea de estricta necesidad, porque esperamos obtener un beneficio al desinvertir; por ejemplo, en una vivienda en la playa. Distinta cosa es maquinar con el fin de alterar el precio de las cosas para obtener una ganancia más o menos a corto plazo, dejando detrás tierra calcinada y severos daños patrimoniales a empresas y particulares. Soros ha hundido monedas –como la libra, a la que se encargó de cepillarse en 1992, ataque que pagó el contribuyente británico—o a empresas con ataques que no sólo castigaban la sobre o infravaloración de la divisa o la acción, sino que sembraban inercia y pánico en los movimientos de inversores más débiles y peor informados. El fondo que ahora abandona practica la venta corta y opera con derivados de difícil trazabilidad, como los CDS (ver reciente entrada sobre este asunto aquí).

Puede que Soros se sienta mayor; puede que no ya le motive seguir ejerciendo de gran escualo de los mercados financieros; puede que le divierta más multiplicar la infinita riqueza de sus tataranietos, y puede –como dice la versión oficial— que la mayor regulación sobre las actividades –a veces muy opacas— de sus fondos le ha hecho desistir, porque al supuesto filántropo y pieza fija en el ranking de Forbes no le va que lo vigilen. Pero, ay, puede que Soros piense que en los mercados hasta él tiene poco ya que ganar a medio plazo. Y eso es preocupante.

Qué es un ‘ataque especulativo’

Tacho Rufino | 20 de julio de 2011 a las 13:34

Financial Times nunca hablaría de “ataques especulativos” a España (o Italia o a la Zona euro) al informar sobre los vaivenes de los mercados financieros de deuda soberana o de divisas: cree y defiende que los mercados son justos y benéficos, o bien hacen labores de dar liquidez al sistema, o cuando menos depurativas de la fruta podrida. Sin embargo, la mayor parte de la prensa económica y generalista habla de dichos ataques, los da por ciertos.

Entendemos por ataque especulativo una acción deliberada realizada por un agente con gran calidad de información y gran capacidad de invertir y endeudarse en la bolsa y otros mercados financieros, de forma que puede modificar al alza o a la baja los precios de los productos financieros o las divisas, estimulando a otros agentes menores en el mercado a seguir su inercia o reaccionar antes sus acciones, obteniendo el ‘atacante’ pingües beneficios en esos movimientos, que eventualmente provocan grandes daños en la estabilidad económica de territorios enteros (disculpen la extensísima definición, no podía dejar nada importante detrás).

Según quienes defienden (y creen que realmente existe) el libre juego de la oferta y la demanda en los mercados financieros y su limpia fijación de los precios, quienes afirman que existen ataques especulativos son ingenuos o paranoides. Sin embargo, no ya el rojo de Krugman, sino también Merkel, Obama o Sarkozy, pero también Guillermo de la Dehesa, Warren Buffett y otros expertos no dudan de que existen los ataques especulativos… gente nada nada sospechosa de querer hacerse los interesantes con conspiranoias sobre doctores No y tipos muy malos y muy poderosos que están en la sombra. Eppur si muove… Ataques, “haberlos, haylos”.

Veamos breve y claramente cómo funciona un ataque a la deuda pública de un país (sobre esto, conviene conocer una de las claves: el mercado irregulado de los Credit Default Swaps –CDS–, en un artículo que publicó Guillermo de la Dehesa, siempre ultratécnico sin concesiones, este domingo el el Negocios de El País). Aparte de que si algo se ve débil –un bono griego que vencerá en un año, por ejemplo–, los inversores de a pie querrán vender, y si lo hacen en gran medida esto hará que la cotización de una acción baje o la deuda de un país se deba vender más cara, los ataques pueden funcionar tal que así:

    1. Un poderoso inversor –si lo prefieren, un especulador— cree que un Estado puede tener dificultades presupuestarias y, por tanto, podría tener dificultades para atender la devolución a los inversores de una emisión de su deuda pública que vence próximamente. También puede que no tenga tales problemas inminentes, pero una situación de un vecino enfermo –véase, Grecia—estimule tales temores. “A por él”.
    2. El poderoso inversor –el filántropo George Soros, por ejemplo— alquila o toma prestados de un banco a cambio de un precio –el euríbor, por ejemplo– una gran cantidad de dichos bonos u otros títulos de deuda pública. No se los compra, se los alquila para devolvérselos una vez hecha la operación (el ataque).
    3. Ahora entran los voceros: las alarmas mediante prensa especializada (esa que niega que existan los ataques y se burla de los paranoicos), think tanks, grandes instituciones financieras planetarias y, también, otros individuos que no ganan nada con esto, pero a los que gusta tildar de loquitos que ven gigantes donde sólo hay molinos a quienes denuncian estas armas de destrucción masiva (así llamó a los CDS otro gran inversor nada sospechoso de anti-mercados, Warren Buffett).
    4. Tras el “¡Grecia (España, el euro) se hunde, tonto el último en vender!”, gran cantidad de inversores aterrorizados comienzan a vender masivamente esos títulos para limitar sus pérdidas. La cotización de dichos títulos se hunde: la ley de la oferta y la demanda sentencia que, cuando la demanda de un bien baja, el precio del bien baja. En este caso, la “pendiente” de la bajada es abrupta: el precio se hunde. Cuanto más se hunda, más gana el atacante.
    5. El atacante-especulador espera al momento más bajo del precio de los títulos en el mercado de compra y venta (el llamado secundario, el de cotización). Entonces el atacante compra barato… y devuelve los títulos depreciados al banco, con el que el acuerdo es “te lo alquilo a cambio de un precio de alquiler –no de venta–, y te los devuelvo, valgan lo que valgan cuando yo te los devuelvo”. Como vendía en el mercado caro y compré barato, obtengo grandes ganancias. Y a otra cosa, sea esta cosa la deuda de otro país, las acciones de una gran empresa o un divisa concreta.

A esto se lo llama venta corta o short-selling, y es legal, una práctica habitual en los mercados. ¿Les parece especulativa? O si le parece que lo especulativo es natural, ¿la creen conveniente para el sistema económico global? Estas prácticas, en definitiva, son capaces de generar paro masivo por la parálisis económica y la inestabilidad que crean en territorios enteros llenos de personas. Además, merma en los ahorros de los pequeños ahorradores, por no hablar de los hipotecados y otros deudores que pagan los platos rotos de una banca –griega, española— presa del pánico. Sor Presa del Pánico y Sor Rata de Callejón, como aquellas irreverentes monjitas de Entre Tinieblas.

El euro dilata la pupila de Soros

Tacho Rufino | 2 de marzo de 2010 a las 16:10

aguila

(Publicado el domingo 28/2/2010 en ‘El Periscopio’, periódicos Joly)

GEORGE Soros es un especulador galáctico que, por alguna razón mágica, goza de predicamento como visionario de los problemas inminentes de las economías (en realidad, su especialidad es crear los problemas), como filántropo y hasta como hombre izquierdas. Judío de origen húngaro, cambió su apellido original, Schwartz, por el palíndromo Soros, un capicúa de letras que causa pavor a la Zona Euro en estos días, como si de una canina con capa y guadaña se tratara. Entre sus reconocidos méritos está el de haber conseguido tumbar a la libra en 1992. Como le sucede a una leona ante un cachorrito de impala despistado, a Soros se le dilata la pupila cuando ve una divisa o una empresa que tiene dificultades. En vez de ayudarla a superar el bache invirtiendo en ella -muy naïf esto, de acuerdo-, la ataca sin piedad para sacar partido de la pérdida vertiginosa de muchos. Esta semana ha apostado 8.000 millones de dólares contra el euro. Si además tiene de palmeros a periódicos de primerísima línea, como The Wall Street Journal esta semana, la caza de ventaja está servida. Cuando Zapatero, por boca de su Gran Blanco, al que Financial Times llamó paranoico, se quejaba hace unos días del ataque especulativo contra la economía española, tenía más razón que un santo. La crisis mundial no ha frenado a los hedge funds y otras plataformas que sólo crean valor para quienes especulan en la economía casino: de refundación del capitalismo, nada. Al contrario.

Igual que el gurú Soros, hay gente muy bien informada y muy rica que se dedica a una práctica llamada short-selling, que podría traducirse como venta corta. Básicamente, se trata de apostar a que algo va a ir a peor con fecha fija. Por ejemplo, el precio de unas acciones o una divisa. O sea, vendo caro y recompro barato, ganando. La clave del asunto está en que con la venta masiva de euros o cualquier otra mercancía financiera provoco una devaluación de la misma, porque los mercados son sensibles a estas cosillas. Huelo dificultades en el euro por la asimetría entre países orejas de burro (Grecia, ¿España?) y países empollones (Alemania, claro) que comparten la moneda… y me lanzo a la venta corta como un depredador, consiguiendo pingües plusvalías. Los puristas del librecambio financiero justifican la venta corta desde los hedge funds con el argumento de que “dan liquidez al sistema”. Yo no acabo de entenderlo. Mientras intentamos alumbrar esa beatífica cualidad (para profundizar en esto, ver artículo The Economist, sobre todo los comentarios), el euro pierde valor frente al dólar a marchas forzadas. Ya no vamos a poder ir de compras a la Gran Manzana, donde vive Soros, con tanta alegría. Esperemos que, al menos, podamos ir de compras en nuestra propia manzana.