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Ahí lo llevas, amigo mío

Tacho Rufino | 13 de abril de 2009 a las 12:53

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AUNQUE de formación es licenciado en Derecho y, por oposición, inspector de Trabajo, Griñán lleva lustros haciendo política económica en esta tierra, a pesar de lo cual la mayoría de los andaluces desconocía su figura. El perenne consejero económico lleva gestionando los dineros los mismos años que lleva Chaves haciendo política en Andalucía. Ellos -Manuel y José Antonio- son amigos, lo cual no es algo baladí a la hora de interpretar la marcha del presidente-andaluz-por-antonomasia a Madrid y, por lo mismo, el acceso de un madrileño andaluz a la presidencia de la principal comunidad autónoma española. Principal por su peso demográfico, por su atraso relativo, por ser receptora de grandes cantidades de fondos europeos. También principal por el peso político de nuestra región en el partido que gobierna aquí y en Madrid. Griñán se queda de jefe, y Chaves se queda con él. Y, al contrario, Chaves se va a Madrid y Griñán se va con él. Son uña y carne en la política y en la epidermis: son siameses camaradas de trabajo de largo y cotidiano recorrido. No habrá un día en que no hablen Chaves y Griñán: el nuevo ministerio que asume Chaves es, a la postre, el campo en el que pocos saben tanto como… Griñán. No son malas noticias, aunque quizá sí se lo parezca a la política catalana, una de cuyas reclamaciones más pertinaces es un nuevo esquema de financiación autonómica. Ellos dos, el ying y el yang del Gobierno de Andalucía, se refuerzan mutuamente con la repentina crisis. (Nadie parece preguntarse, por cierto, cómo alguien que manda en una región tan importante puede ser llamado a ser ministro sin que nos echemos a reír por la ocurrencia. Pero somos así de dispuestos y de solícitos.)

Griñán es un excelente orador, y un comunicador económico de primer orden. Seguramente, su impronta técnica ha tenido que claudicar en muchas ocasiones frente a las necesidades del servicio. Hasta ahora, él ha estado en la sombra, bastante cómodamente en términos políticos. A cubierto de los procelosos manejos intrapartido. Ser presidente significa un día a día politicón de mucho coche y mucho acto oficial a lo largo de una geografía dispersa en la que las maniqueas y destructivas rencillas provinciales no menguan. Ése, podemos intuir, no es el toro que está acostumbrado a lidiar el nuevo presidente.

La Andalucía que él debe regir desde lo más alto es una Andalucía con mal presente e incierto futuro, con un enorme peso de lo público. Andalucía no ha logrado converger con Europa y va a la cola de muchos indicadores sociales y económicos también en España; los fondos europeos no han dado el rendimiento esperable, y seguir recibiendo el maná de Bruselas tiene todo que ver con nuestro deficiente crecimiento relativo; la Concertación con sindicatos y empresarios da mucha paz –y un gran mercado cautivo de formación– pero no tanta gloria, y a pesar de ello se presenta como algo inamovible; nuestras cifras de desempleo mueven al patetismo; estamos en el punto de mira de Europa por desmadres urbanísticos en los que los actores principales son los munícipes; las corporaciones locales, en fin, hacen malabares -en algunos casos, de cualquier tipo- para cubrir sus gastos corrientes. Un panorama que no había sido peor en toda la Era Chaves. Ahí lo llevas, amigo mío.

Se erige en el poder un tecnócrata eficaz y veterano que, de pronto, debe ser un presidente, cosa que nunca ha sido. No debe de ser fácil cambiar de tercio de esa manera tan abrupta: de experto a ejecutivo. Más importante que la componenda política que lleva a Chaves al ministerio de nuevo cuño, se antoja el equipo que se conforme alrededor del nuevo presidente. Mucha gente pidiendo qué hay de lo mío; mucho partido, muchísimo. El partido debe ser secundario, y las prioridades de un mundo en llamas deben preponderar. Para hacer posible ese cambio, el nuevo presidente de la Junta debe asumir el poder: creérselo; y jugársela.

 

 

 

Griñán pone proa a la crisis

Tacho Rufino | 4 de diciembre de 2008 a las 7:02

El consejero de Economía de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, ha sido el ponente del Foro Joly de ayer miércoles y, como es habitual en este peso pesado de la Administración Chaves, nos ha brindado algunas declaraciones de interés, con todas las cabezas visibles de las cajas andaluzas y gran cantidad de empresarios de bandera entre el auditorio. En su habitual estilo didáctico y directo, Griñán ha dejado dos perlas que más tarde comentaremos con más detalle, una vez circulen los reportajes que los periódicos de Grupo Joly están elaborando:

“Solbes se equivoca”, aludiendo a la predicción del ministro sobre el empeoramiento de la situación del desempleo español para el año que viene. Su argumento, el de Griñán, se basa en que, aunque crecerá el paro, no lo hará de la forma tan drástica (o “dramática”, si utilizamos con mala intención el término anglosajón) en que lo ha ha hecho en éste, 2008. La media aritmética le avala.

– El déficit andaluz no se incrementará “ni en una sola peseta” para contrarrestar la crisis. Y esto no quiere decir que el Gobierno de la Junta no vaya a hacer nada. Intentaremos descifrar el acertijo.

Además, Griñán -dirigiendo la mirada al director general de la Agencia IDEA, antiguo IFA, Jacinto Cañete- ha dejado claro que no va a apoyar a empresas andaluzas porque sí, sobre todo a las que se han “despatrimonializado por una mala gestión”. Muy sensato, sin duda; aunque cabe decir que algunas empresas innovadoras y que han arriesgado han perdido patrimonio precisamente por tener unas pérdidas que no han tenido otras que han estado cobijadas bajo el cielo protector de la Junta.