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Dos bofetadas a la imagen de España

Tacho Rufino | 11 de diciembre de 2010 a las 17:42

marta dominguezÉSTA ha sido una semana de palos a la Marca España, un activo intangible esencialmente vinculado a nuestra capacidad de atraer turistas, pero también a la credibilidad que inspiramos en el exterior política y económicamente. Que la vicepresidenta de la Federación Española de Atletismo, a la sazón campeona del mundo de 3.000 metros obstáculos, junto con el grupo de élite de entrenadores del atletismo español hayan sido pillados con importantes cantidades de sustancias dopantes es un mazazo para nuestro deporte, y por ende para nuestra imagen como país: el deporte, a día de hoy, es una vía de creación y transmisión de mensajes corporativos de primer orden. Las gestas deportivas nacionales de la última década, paralelas a nuestro fulgurante crecimiento económico, quedan ensombrecidas, justa o injustamente, y cae sobre ellas la sospecha de haber sido artificiales. Tan artificiales como buena parte de nuestro boom de producto y renta, vinculados al euro que tantas debilidades enmascaraba y al aire crediticio -la EPO de nuestra economía-, que sobrevaloraba los ladrillos y los patrimonios familiares, dando alas al consumo ubérrimo. Un palo, el de la trama del atletismo, que tardaremos en digerir, y que costará desligar de la proyección exterior de nuestra forma de ser y hacer. Evidentemente, doping hay por doquier, y no digamos en un fútbol que de tan poderoso nadie toca, como sucede con la NBA. Pero la bomba ha estallado en la antesala del despacho de Lissavetzky, secretario de Estado: en la propia Federación Española. Bulgarizados de un día para otro, la DDR mediterránea: inevitable que, de forma automática, se piensen tales cosas, por mucho que sean las propias autoridades judiciales y policiales españolas las que han descubierto el pastel. Si la operación es motu proprio o inducida desde el exterior, es una elucubración que no podemos dilucidar. Estaremos atentos a ver si Wikileaks nos suelta algo sobre el particular.

Militares_en_las_torres_de_controlEn el otro carrillo de la imagen corporativa de España, el bofetón de los controladores aéreos. Cuántos hoteles de Praga entonando el “mi gozo en un pozo”, cuántos aviones pidiendo alojamiento de urgencia por aeropuertos extranjeros, cuántos controladores extranjeros acordándose de los ancestros de sus camaradas españoles (consabidos comunicados de solidaridad aparte). El daño causado a la principal fuente de ingresos española -el turismo- ha sido terrible. Se calcula en 500 millones de euros. Para que se hagan cargo, algo así como todo lo que reciben para formación (su principalísima fuente de financiación) patronal y sindicatos en un año, o como todo el recorte presupuestario del Ministerio de Defensa. Antes de ayer, un representante de los controladores decía en la radio que ellos se sentían culpables, pero que el Gobierno también lo era. Repararon en el concepto “culpa” cuando la tropelía estaba consumada. También dijo que su colectivo no disfruta de vacaciones. No entremos a discutir eso. Aunque ellos lo niegan una y otra vez, buena parte del problema es salarial, y el salario desproporcionado está en la base (en el denominador) de su baja productividad. Su leonino convenio actual -que lo es-, cincelado a base de decretazo, tiene que ver con la laxitud hipergenerosa de los anteriores convenios refrendados por unos Cascos y Magdalenas que miraban para otro lado. Si se avinieran a ganar un sueldo como, por ejemplo, el del presidente del Gobierno, el balance de Aena no sería tan catastrófico. En cualquier caso, Aena es otro saco de tierra que el Gobierno quiere soltar desde el globo, ¿y quién querrá comprar una empresa con tal carga?

Mientras Marta defiende, o no, su inocencia y los controladores pasan por los juzgados, hemos bajado unos puestos en credibilidad como país. Unos puestos más. Gracias…

Aguantando, postrado, el chaparrón

Tacho Rufino | 6 de diciembre de 2010 a las 16:49

Foto: John C.Shaw
(Foto: John C.Shaw)

pie escayoladoDentro de la mala suerte, que me hayan escayolado un pie ayer domingo es mejor que que me hubiera caído –muy tontamente, por cierto– de la moto el próximo lunes, por ejemplo. Yo no tenía planes para el puente –los puentes me dan urticaria viajera–, más allá de leer relajadamente, escribir algunas cosas, dormir horas extra, ver alguna película, encontrarme con los amigos, hacer algo de deporte de veteranos, visitar la exposición de fotos de Atín Aya y, nunca mejor dicho, aguantar el chaparrón. Porque hay que ver el agua que está cayendo. Finalmente, mis actividades se han visto un poco constreñidas por la relativa inmovilidad exógena y endógena (términos que los economistas utilizan, para darse caché, en vez de externa e interna; igual que decimos input/output por entradas/salidas o coyuntura por situación). Así que, aun a sabiendas de que mucha gente no tiene acceso a  un ordenador porque está fuera de su medio habitual, o quizá por eso mismo, he decidido alimentar el blog con cosas de puente. Es decir, con atemporales digresiones onánicas: escribiendo lo que sale del alma. Mejor dicho, lo que sale de mis pobres deditos erosionados por la traicionera grava sobre el asfalto.

“Aguantar el chaparrón”, una metáfora habitual que usamos para expresar cómo afrontar los tiempos difíciles en cualquier faceta de la vida. Hay otra, también metorológica, con el mismo sentido: “Capear el temporal”. Todo lo cual me recuerda a aquel artículo que escribió Xavier Sala i Marti, que acabó rompiendo en adelantado de la crisis, quizá en clásico a estas alturas de la misma, titulado La tormenta perfecta, como la película de Clooney. Servidor de ustedes utilizó la estela del profesor y economista de las chaquetas rojas con escudos del Barça para hacer una reflexión sobre cuál era la tormenta que se instalaba sobre la península Ibérica, irmaos portugueses incluidos: Nuestra propia tormenta perfecta. Aunque, como digo, la tormenta ha venido para quedarse con especial virulencia sobre nosotros, el mapa nacional es grande todavía, y chubascos, ventiscas y nevadas van por barrios. O por sectores.

funcioariosLa inestabilidad climática es máxima sobre el sector público. La espita se abrió con el recorte salarial de los funcionarios, después con los malos presagios sobre la mutualidad sanitaria de los funcionarios civiles (Muface) y acaba de tronar –con mucha más notoriedad a pesar de su menor peso en efectivos– con la huelga y la militarización transitoria del control aéreo nacional. Sobre este tema, no me resisto a recordar que, por comunidades autómas, entre el 60 y el 70% del gasto público se dedica a Sanidad y Educación. A nivel estatal, el porcentaje no difiere mucho. Una pregunta, entonces: ¿de dónde recortamos? Recordemos que el funcionario de visera prácticamente no existe, y recomiendo darse una vuelta por hospitales, colegios públicos, juzgados, Agencia Tributaria u oficinas del Inem antes de hablar de salidas de café, bajas fraudulentas y otros argumentos habituales, muchas veces injustos, en contra de una especie de entelequia llamada “funcionario cara”.

Seguiremos aguantando el chaparrón. Y comunicando para aquel a quien pueda interesar. Ahora tengo que poner el pie en alto. Buenas tardes, no nos vengamos abajo: cuando sale el sol tras la lluvia, nos parece más hermoso (no es de Paulo Coelho ni de Sun Tzu, lo juro).

”(Foto:

Francotiradores y riesgos de dar la cara

Tacho Rufino | 11 de agosto de 2010 a las 11:56

 francotirador

Hace unos días publiqué una entrada en este blog sobre el conflicto laboral entre los controladores y su empresa, AENA. He borrado la entrada porque, tras un buen número de entradas en las que se mostraba un acuerdo parcial o total con mi opinión (no como periodista “informativo”, quede claro, sino como articulista y bloguero con nombres y apellidos), se produjo un ataque personal masivo (en relación a las entradas de est blog) con divesos nicks pero con un pequeño número de identificadores. Me explico: cuatro o cinco personas, totalmente en contra de mi opinión e incluso de lo que deben de creer es mi persona (“lacayo”, “asqueroso”, “ignorante”, “indecente”, “niñato”, “envidioso”) se dedicaron a mandar comentarios furibundos y faltones desde la trinchera de un nombre impostado y un email igualmente falso, cosa que se puede hacer perfectamente y que yo asumo. Suelo publicarlo (el bloguero filtra lo comentarios) todo, menos aquellas intervenciones que utilizan expresiones soeces, insultos personales, borderías extremas o sapos y culebras con altos niveles de bilis. El último que publiqué a pesar de que me ponía de bonito, desde el nick “Botines Rojos” y un email falso (intenté contactar con él, seguramente del gremio en conflicto aunque lo negaba, para explicarle que mi sueldo era de libre acceso al público. No pude. Conmigo, y ahí está el quid de esta entrada, es facilísimo contactar. Con él, que seguramente me conoce personalmente, no). Igual que algunas personas de profesión controlador o afín a su posición como colectivo han sido respetuosos –nada tiene que ver el respeto con la dureza en la defensa de las posturas e intereses–, otros, como digo, no.

Cuando comencé a publicar este blog dentro de la empresa que me alberga (hasta ahora, con exquisito respeto por mi libre opinión, al 100%), algunos allegados me dijeron que estaba lelo, que qué necesidad tenía, que me iban a dar hasta en el cielo de la boca sin obligación ni beneficio alguno. La verdad es que a nadie debe de gustarle que lo insulte alguien, y menos si uno no sabe quién es ni dónde está el francotirador. Es muy normal encontrar estos apostados y emboscados con mala lengua y baba en los blogs, al menos en los españoles. Somos así. Suelo consultar medios extranjeros y los comentarios a sus artículos y blogs. En el mundo anglosajón, la proporción de comentarios endemoniados, que van a lo personal y a vomitar bilis y que no aportan nada, es despreciable. Y todos utilizan nicks más o menos ocurrentes. No sé si aprenderemos. Lo dudo.

De momento, y con respecto a la entrada sobre la huelga de controladores, ésta no se va a producir en agosto. Era de prever. Me alegro, como todos nos debemos alegrar. Que lleguen a un acuerdo sería una excelente noticia. Que la inmensa mayoría de las personas y medios informativos deje de estar en contra de un colectivo muy importante, también. Para eso, hay que hacerse entender sin trincheras. Con nombres falsos, con botines de rojos o de gamuza azul, pero sin insultos ni leches agrias.

Aquí estamos para lo que sea menester. Por cierto, vaya calor.

¿Jueces iguales a pilotos y controladores?

Tacho Rufino | 18 de febrero de 2009 a las 9:53

(De churras y merinas)

Me resulta llamativo encontrar en la prensa de estos días una equiparación que, con todos los respetos, no se sostiene: la de la huelga de los jueces con las periódicas y estratégicas que llevan a cabo pilotos (no de todas las compañías) y controladores aéreos. No otorgo gran peso en el juicio de esta equiparación al hecho de que los jueces han ganado una dura oposición, mientras que los otros dos colectivos no tienen tal filtro de idoneidad, o no en la misma medida: los pilotos son contratados privadamente y los controladores pasan un psicotécnico y un stage de intensa preparación, tras acreditar al menos un título universitario de grado medio y un suficiente dominio del inglés (lo cual no deja de ser una oposición, bien mirado). No son ellos quienes establecen los baremos, y las pruebas están a disposición de cualquiera que cumpla los requisitos establecidos. Tal dato, siendo de interés, no aporta diferencia a la hora de valorar una huelga. Hay una diferencia salarial importante entre los dos colectivos “aéreos” y el judicial: aquéllos gana notablemente más, tienen mayores prebendas contractuales y unos horarios que, en parte en razón de la actividad que ejercen, nada tienen que ver con la de los funcionarios judiciales. ¿Son privilegiados los tres? A nadie han engañado y podemos utilizar el término como arma arrojadiza (typical spanish)  pero, si los llamamos “privilegiados”, no lo son con el mismo nivel de “privilegio”.

Lo que sí creo que omiten -o quizá sólo no reparan en ello- los que ponen en el mismo saco a estos huelguistas (los periódicos o habituales y los que van a ir por primera vez al paro reivindicativo de forma casi testimonial en el tiempo) es el hecho crítico de que, mientras pilotos y controladores hacen huelgas más largas y frecuentes y lo hacen por mejoras salariales más o menos camufladas, los jueces no tienen como objetivo la mejora salarial, sino la mejora de la Justicia en España. Y no nos debe doler la boca al decirlo: el pim-pam-pum al juez Tirado fue comprensible si quieren, pero demagógico, e ignorante de las carencias tercermundistas que están detrás de estos errores/negligencias. Son legión los que niegan a los jueces ese derecho constitucional (encabezados por el centurión Bermejo); dicen que con base constitucional y esgrimiendo directamente la división de poderes, pero nos hacen un favor los huelguistas: si la Justicia no mejora, la democracia será limitada. Más juzgados, más medios informáticos y de otra naturaleza para agilizar la labor judicial: eso lo queremos todos, lo necesita España, y no lo tenemos en absoluto. La libertad fáctica es lo que está en juego, y quien ha tenido en este país un pleito o ha emitido una justa reclamación ante la Justicia sabe de lo que hablamos: muerte por inanición, conculcación de derechos por negligencia del Estado.

Coda: ¿Por qué la Agencia Tributaria funnciona tan eficaz y eficientemente y la Administración de Justicia está colapsada? ¿Tiene que ver con que la primera produce ingresos al erario y la segunda, sólo gastos?