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Qué difícil ser patriota aquí

Tacho Rufino | 21 de mayo de 2010 a las 12:44

QUÉ difícil es ser patriota en este país. Uno quiere apoyar a su Gobierno cuando, hace un tiempo, nos mete en una guerra justa, o cuando, ahora, adopta medidas impopulares, y acaba paladeando el acíbar de la traición del propio jefe de la manada. No sé si para viejos (pensionistas), pero este no es país para patriotas.

El Gobierno -duele de veras decirlo- practica, no sólo en política económica, el titubeo, la fatuidad, el camelo, el erratismo y, esencialmente, la inconsistencia. La oposición, empantanada en turbios asuntos internos, va a lo suyo: a arrear guadañazos en los tobillos.

Ayer jueves, José Sócrates, el primer ministro portugués de improbable nombre y excelente y convincente verbo español, provocaba la envidia de quien lo veía y lo escuchaba en nuestro telediario; un líder con aire de líder -serlo, y parecerlo-, que ha merecido y conseguido el apoyo de sus contendientes políticos. Por su patria. Nosotros, en tanto, a jodernos los unos a los otros. Que dimitan las cumbres estratégicas del goyesco duelo a garrotazos.

Si el paquete de austeridad fiscal, al ser presentado, apareció valiente y necesario, los digo-diegos con respecto al desigual mundo de las pensiones, las excepciones hechas por De la Vega con los empleados de empresas públicas estatales (los de las andaluzas, con coherencia, sí se equiparan a los funcionarios) han ensuciado tal primera impresión. El Gobierno -Salgado, Corbacho, Chaves, el propio Zapatero- han escenificado un sainete titulable La jaula de grillos… si no fuera en el fondo un drama lo que sucede. ¿Qué necesidad había de tanta contradicción e improvisación en el principal asunto de Estado en muchos años? Blanco -un hombre serio y poderoso-, se pide el papel de sherpa de la crisis, y decide defender lo más indefendible de todo el paquete de la crisis en la crisis, esa matrioska de la contracción que no sabemos cuándo acabará de parir perversas muñequitas. Este otro José -Pepiño a su pesar, en los buenos tiempos- entona un patético “ya nada volverá a ser como antes” en las obras públicas. Es esto lo más preocupante: 6.400 millones menos en dos años. Siendo las otras medidas una terapia de adelgazamiento acelerado, la que él defiende es la más dañina para la economía, más aun que la reducción del consumo severa que se avecina al rebajar de improviso el nivel de vida de miles de familias (más). Mutilar la capacidad estatal de actuar en la economía productiva, dinamizándola con la inversión pública, es como, al acercarse los indios, bajarse del caballo cruzando el río, cortarse la nariz, cegarse y mutilarse los miembros. Hacerlo, encima, paralizando o cancelando obras en curso, es decididamente una estrategia kamikaze para el país. Como le dijo Beloki en el Parlamento a esta figura que gana centralidad mientras se apaga la estrella con forma de ceja, “Así nos hundimos, ministro”.

El conejo vestido de palo a las grandes fortunas, en fin, debería haberlo sacado de la chistera a la primera, y no para callar a la izquierda (?) consiguiendo, de nuevo, poner al atribulado pueblo español frente al escenario de la improvisación y la incapacidad. Ser patriota, así y aquí, es un acto de santidad.

Goya Duelo a garrotazos

De peso pesado a ‘welter’

Tacho Rufino | 15 de febrero de 2010 a las 18:13

(Artículo publicado el sábado 13/2/2010 en El Poliedro, Economía, diarios Grupo Joly)
DEMASIADAS cosas insospechadas han sucedido en estos días: Zapatero ha enviado a Salgado a Londres a calmar a esa bestia mediática llamada Financial Times (FT), que nos flagela sin piedad y nos llama “torpes”, para acabar dándonos la de cal con un “España no es Grecia“; las teorías conspiratorias contra el propio Zapatero han saltado al aire por boca de José Blanco -el caporegime del presidente-, a quien precisamente FT ha llamado sin empacho “paranoico” en uno de sus blogs; nos han señalado arteramente como los verdaderos culpables del batacazo del euro, haciendo caso omiso del altísimo componente especulador que está siempre tras estas debacles transitorias, como también lo ha sido la caída correlativa de la propia bolsa española en estos días: cuando el broker huele sangre, lo mismo le vale la realidad que un rumor. Esta semana, en fin, el Banco de España ha lanzado la primera estimación de cuánto se está recortando nuestra economía y, paralelamente, deberá contraerse nuestro nivel de vida: un 20%. No lo ha dicho directamente, es cierto.

En realidad, Fernández Ordóñez (gobernador del Banco de España y a la vez gran mosca cojonera del Gobierno que lo nombró) lo que ha hecho es exigir que mengüen los activos inmobiliarios que figuran en el activo de los balances de bancos y cajas, que crecieron por la compra de solares y pisos, y que no dejan de crecer por culpa de los impagos hipotecarios. Los bancos son los principales propietarios inmobiliarios del país (unas 100.000 casas) y lo que en sus balances figura como “Activos no corrientes a la venta” empiezan a ser activos corrientes que no se venden nada bien. Es decir, deben reducir su patrimonio inmobiliario -contable, sí, pero que no deja de ser el valor de referencia para casi todo- en una quinta parte. Como si usted debiera perder quince de sus ochenta kilos de hoy para mañana. O como a un púgil al que obligan a bajar de categoría, de pesados a welter, para poner su pegada y su encaje a la altura de sus verdaderas posibilidades. Un saneamiento que, eso sí, debe dar mayor garantías a sus cuentas… a la vez que mete las cabras en el corral a las mayores poseedoras de casas y suelo de entre las entidades financieras españolas: las cajas, a las que con esta medida Ordóñez fuerza, por un lado, a buscar socios fuertes mediante fusiones o ventas y, por otro, a poner a la postre casas en el mercado a precios realmente bajos. En realidad, dicho sea de paso, los pisos bajan de precio porque no tienen quien los compre, y no tanto porque la distancia entre el valor razonable de uso y el de venta (es decir, la burbuja) no se haya corregido suficientemente. De hecho, la recuperación del mercado de primera vivienda, siendo lenta, es un hecho, de manera pareja al repunte de las hipotecas. El suelo es la gran incógnita del sector, parado cual estatua de sal de Sodoma y Gomorra.

Si nuestra crisis es una crisis derivada de la dependencia del ladrillo y el crédito barato a mansalva, las enfermedades de los bancos son en buena medida equivalentes a los de las familias y las empresas, y también al agregado macroeconómico de éstas. Por ello, la estimación del peso que debe perder la banca que hace el Banco de España no deja de ser una medida válida de lo que nuestra economía y nuestro tren de vida debe contraerse para intentar renacer: cuando Paul Krugman y otros oráculos exteriores hablaron de reducciones parecidas en precios y otras magnitudes en España, nos quedamos a cuadros. Y lo de Krugman fue hace menos de un año, en la sede de la CEA. Muchos nos preguntamos a qué precios se refería cuando hablaba de un 15% de deflación: no dábamos crédito a una receta que suponía sangre, sudor y lágrimas. Se refería al nivel general de precios y de vida. Como indirectamente hace Fernández Ordóñez, cuyas recomendaciones ya suenan bien al Ejecutivo: a la fuerza ahorcan.

Salgado y los íntimos enemigos

Tacho Rufino | 12 de octubre de 2009 a las 19:57

 

LA chica, rubia, sofisticada y con atuendo urban chic, se santigua con parsimonia y amplitud, de frente a ombligo y de hombro a hombro, e inmediatamente se enciende un pitillo, como si confiara en la divina providencia para tener sus pulmones a salvo del humo que se disponía a tragar. Descarto rápidamente tal apreciación: la mujer está pasando en ese momento justo por delante de la iglesia que está enfrente de esta redacción. Como voy dándole vueltas a esto que ahora escribo, como ella me recuerda vagamente a alguien que no identifico de momento, y como había decidido que el leit motiv va a ser hoy Elena Salgado, vinculo la escena con dicho asunto, la ministra de Economía (admito que la conexión es algo forzada, la concentración y la fijación tienen eso). Elena Salgado, sin embargo, no sólo no fuma -apuesto a que tampoco se santigua ante los templos-, sino que ha sido el auténtico azote de los tabaquistas hispanos, y es ésa quizá la mejor contribución que ha hecho al país, cuando estaba al mando de una de las carteras ministeriales que ha ocupado, la de Sanidad: todos los que esto leen deben recordar cómo se fumaba en los hospitales, en las guarderías, en las residencias de ancianos, en los banquillos de los campos de fútbol y, claro, en cualquier otro sitio. Algo que cada vez nos parecerá más remoto y pintoresco, porque la medida de nuestra, en apariencia, glacial ministra ha desmontado la insolidaria costumbre nacional de compartir el tabaco con todos los que están a tu alrededor, cosa que quien suscribe ha hecho como tantos otros. Retirar a muchos del tabaco, o arrinconar a los más contumaces, es un mérito de Elena Salgado: fumar es malísimo. Más allá, y sobre todo desde que asumió vicepresidencia económica, sus logros son escuálidos, en caso de ser alguno. Seamos justos y digamos que la maldita crisis no ayuda a fomentar y tutelar la economía.

Pero no todo es crisis o, mejor dicho, la crisis puede ser atacada con armas y estrategias diversas. El Gobierno español, tras el estadounidense y el australiano, ha sido el que ha realizado un mayor esfuerzo en forma de planes anticrisis. Sus resultados son difíciles de evaluar, no así su diligencia o su coherencia: la primera es innegable; la segunda, más que dudosa. De hecho, como testimonian las viñetas de todos los periódicos, Zapatero está atribulado y confuso por los golpes del boomerang de la precipitación y la política de cámaras y micrófonos. El presidencialismo de un presidente henchido de poder -¿como todos, tarde o temprano?- ha condicionado enormemente la labor de la ministra de Economía. La sombra de un ZP lego en la materia ha sido demasiado larga y densa para Elena. Como lo fue para otra figura que, a su vez, también empequeñece a la de Salgado: Pedro Solbes, el padre Solbes, el venerable sabio, escudado en la técnica y el halo de la objetividad. Tenido por un Zidane de la política económica, debe de ser muy duro sucederlo en el puesto. Y encima -torero parlamentario- da la espantá justo el día en que se van a votar los presupuestos. ¿Pilatos, Caín o Quijote? La siguiente figura -que difumina también a la de Salgado, disolviéndola “como lágrimas en la lluvia”- tiene clara su respuesta: Solbes es “un desagradecido”. Un escaqueado con aires dignos.

Así lo vino a decir esta semana José Blanco en el Foro Joly. Solbes será un desagradecido, pero la figura del ministro de Fomento y fontanero máximo del PSOE, Pepiño, tampoco potencia a Elena Salgado. Al contrario, el sanguíneo y aguerrido Blanco se permitió hace unas semanas dar un gran pelotazo informativo, que hubiera correspondido dar a nuestra mujer, cuando anunció que el gobierno se proponía subir los impuestos. Para colmo, el gobernador del Banco de España y asesor nominal del Ejecutivo, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, no para de reconvenir y censurar al Gobierno y su gestión de la economía.

En fin, quizá debiera usted santiguarse, ministra, antes de aspirar los humos de los fuegos que la rodean: con amigos como éstos, quién quiere enemigos.

 

(Fotos arriba: Marlene, Greta y Elena, ¿a que tienen un aire?, Solbes con Zp en el Parlamento)