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La verdad es más fácil de recordar

Tacho Rufino | 10 de septiembre de 2010 a las 13:20

Hace unas semanas vi “Madres e hijas”, una película de Rodrigo García, y me gustó Annette Bening (siempre me ha gustado), y también Naomi Watts (a la que no conocía pero sin duda me gustará en adelante). Esta última dice lo siguiente en un momento de la película, cuando alguien ironiza sobre su dureza y sus pocos pelos en la lengua:

 – Prefiero la verdad, es más fácil de recordar.

Me dice un amigo que esto lo dijo Mark Twain antes: “Si dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada”. Yo, estando en líneas generales de acuerdo con estas frase, soy partidario, si no de la mentira, de la mentirijilla y de la mentira piadosa. Al hilo de esta irrefutable frase –más fácil de recordar es, de eso no cabe duda– recuerdo otra de una canción de Serrat:

– Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

Ésta es muy llamativa, pero no estoy de acuerdo con ella. La verdad es no pocas veces triste, por mucho que no tenga remedio, que no lo tiene: “la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”, como dice Machado por boca de su Juan de Mairena.

El asunto de la verdad tiene una inevitable traslación a la economía, y no digamos a la economía que sale de boca de los políticos (Rousseau –ésta me la dice Google– afirmaba, ladino, que “la verdad apesta cuando sale de ciertas bocas”). Las hemerotecas son cada día más fáciles de consultar, y no hace falta desplazarse de la mesa habitual ni arriesgarse a respirar polvos incunables o a llevarse puestos monstruosos ácaros invisibles; basta con un ordenador conectado a Internet o una blackberry de esas que mandan uno tras otro a los jóvenes a las consultas de los psicólogos. Por ello quizá, por esa facilidad de acceso, hay cada día más analistas y articulistas que exigen a los medios en los que publican sus ideas que no incluyan a éstas en sus ediciones digitales. Una prevención que de aquí a nada no será posible, y la verdad más veraz, la mentira disfrazada de verdad y otras formas de manipulación o vanidad estarán disponibles para todos los públicos. Dicho sea de paso, la verdad económica, como tantas otras, parte de supuestos como mínimo discutibles, a saber y por ejemplo: la racionalidad de los individuos o el tancredismo de las variables influyentes que no se tienen en cuenta en una teoría o modelo concreto (“…permaneciendo constantes el resto de los factores”).

– La verdad será más fácil de recordar, pero muchas veces no sabemos cuál es.