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Los mercados, ¿quiénes son?

Tacho Rufino | 29 de noviembre de 2010 a las 15:25

wall-street-film-photoELLOS no son tan malos. Ellos sólo encienden la mecha, y después gritan “¡fuego, fuego!”, aunque puede que no haya ni siquiera olor a chamusquina. Entonces, mucha gente se teme lo peor, porque el grito se ha escuchado, y bien fuerte, por lo que avivan la mecha, y abandonan el lugar, despavoridos. Ellos son los invisibles actores de “los mercados”. La mecha es la apuesta de ellos por que algo va a ir mal -unas acciones, una empresa, un país-. La gente que huye son fondos de inversión y de pensiones y también los muchísimos inversores, menos informados, que siguen la estela de ellos, y venden o compran aquí o allá. El lugar del que huye la gente es la Bolsa, el mercado de futuros y otros derivados… los traídos y llevados mercados financieros.

El proceloso y multiforme mercado financiero es aún hoy día, y a pesar de la crisis, más de diez veces mayor que el real en volumen económico. Es el sitio -un sitio también invisible, a tiro de Enter- donde se emiten, compran y venden bonos, acciones, derivados, divisas y muchos otros papeles que están sujetos a expectativas, movimientos faroleros y otros juegos puramente especulativos. Lo especulativo no es en sí bueno ni malo: las consecuencias sí lo son. Todos especulamos cuando esperamos que, pongamos, nuestra casa de la playa se revalorice para asegurarnos la pensión o el estudio de nuestros hijos en el extranjero. Lo que sí es perversamente especulativo es poner todo tu esfuerzo en derrumbar algo que, aquejado de un simple resfriado, acabas matando de neumonía o tuberculosis a base de ponerlo en la corriente, y ustedes perdonen la metáfora. Por ejemplo, el euro.

Los políticos, los que gobiernan, no pueden con ellos. No se ponen de acuerdo para poner coto a las actividades de los tahúres, quienesquiera que éstos sean. Millones de personas pierden su empleo, ven volatilizarse su patrimonio y sus ahorros. El enemigo más letal para sectores, empresas o territorios es la llamada venta corta. Se trata de apostar a que algo va a perder valor: Ellos -llamémosles hedge funds- le piden a alguien acciones o divisas, y las venden. Eso lo hacen masivamente, una y otra vez. Esos valores, por lo que viene a llamarse ley de la oferta y la demanda, pierden valor. Paralelamente, ellos se han comprometido a recomprar dichos valores, que como han caído de precio caen en sus manos baratitas. Su ganancia es previa, pues. Claro, que el riesgo existe, y pueden perder. No es éste el caso del asedio al euro, que está saliendo redondo a los cortistas. Desde primeros de año, las posiciones cortas contra el euro han ido creciendo exponencialmente, y la merma de la divisa comunitaria ha sido contemporánea a dichas apuestas de la ruina: las apuestas a la baja contra el euro se encuentran en máximos históricos, y se han multiplicado por diez desde principios de año. La caída del valor del euro con respecto al dólar ha sido casi de un 20%. Mucho dinero ganado, y no sabemos hasta cuándo.

El asunto tiene una doble cara. El vaso medio vacío o medio lleno. Alguien pierde porque alguien gana. La venta corta, dicen sus defensores, proporciona liquidez al sistema y penaliza las malas prácticas y las ineficiencias, y hasta desinfla burbujas. La realidad es que su apuesta es ciega, tanto con respecto a la estabilidad y corrección supuesta de los mercados (financieros o reales), como con respecto al daño emergente. La particularidad de estos ataques es que se están llevando por delante a países enteros, a su futuro y al de su gente. Ya puedes hacer los deberes o dejar de hacerlos: voy a por ti, como una locomotora, y voy a por ti ahora, que decía aquella canción.

el roto