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Obama, ¿pies o rodillas en tierra?

Tacho Rufino | 12 de diciembre de 2010 a las 7:52

obama_dancingImagínese usted que el jefe del Gobierno de un determinado Estado es lo que se da en llamar un progresista… en fin, alguien izquierdista en sus posiciones o, quizá mejor, un político que ganó las elecciones prometiendo la defensa de los menos privilegiados y una mayor redistribución de la riqueza. Supongamos que la arquitectura de apoyos parlamentarios con que cuenta este dirigente se debilita, y para poder sacar adelante sus proyectos de corte social debe pactar con sus contendientes electorales. Si ese pacto no responde a la fórmula “yo te doy lo que tú necesitas a nivel estatal, y tú me das a mí tal otra cosa para mi pequeño país”, entonces, no hablamos de España. Si el intercambio se da entre los dos partidos antagónicos y mayoritarios, pues tampoco: eso no se estila por aquí ni a unas malas, que lo son a día de hoy. Sin embargo, si este gobernante mantiene bajos los impuestos a los más ricos, a cambio de que el partido al que votan los más pudientes y conservadores apoye la continuidad del subsidio a los desempleados de larga duración… entonces, no, tampoco estamos en España. Estamos en Estados Unidos. Es precisamente este trueque el que ha hecho Obama con el Partido Republicano: la política, el arte de lo posible. Y a Obama se le estaba poniendo el panorama imposible.

Según cuenta The New York Times esta semana, para aspirar a ser reelegido dentro de algo menos de dos años, el vigente presidente “necesita el centro político”. O sea, que debe moderarse, y volver a convencer a ese nutrido grupo de votantes independientes que decantó la balanza a su favor en aquellos tiempos de épica renovadora en que Barack –que significa suerte, dicho en árabe– suscitó tanta ilusión por muchos rincones del planeta.

A Obama, por este quid pro quo con los republicanos, le han llovido las críticas más dolientes de sus propios seguidores: lejos queda el Obama que, cuando le censuraban sus oponentes el paquete de estímulo económico con que presentó sus credenciales ante la crisis, declaró: “Las elecciones tienen consecuencias, y yo he ganado”. Ahora las cosas son de otra manera, y se requiere pragmatismo de supervivencia. En Estados Unidos, políticamente, es factible dar la espalda a los propios correligionarios, que están electoralmente descontados, para hacer concesiones a los contrarios y, sobre todo, hacer ver a los independientes que eres un hombre con sentido de Estado, que merece por tanto seguir siendo apoyado: le va en ello la reelección en 2012. Evidentemente –en un Estado Federal en el que Alabama recibe el 70% de sus recursos de otros y New Jersey aporta un 30% de los suyos a otros– esa bisagra independiente está compuesta por senadores de diversos estados, que creen tanto en su tierra como en el proyecto común. No es España, no.

Marinaleda News

Tacho Rufino | 29 de mayo de 2009 a las 16:33

COSAS veredes, Sancho, que harán temblar las paredes”, decía Don Quijote a su básico escudero. Hace unos días dimos cuenta en estas páginas de cómo envainó la espada la publicación semanal liberal por antonomasia. Francia, según testimoniaba el artículo, se bandeaba mejor en la crisis que los estandartes del laissez faire económico; Estados Unidos y, sobre todo, Gran Bretaña. La revista sin firmas reconocía lo que nunca antes había reconocido: en momentos de turbación funciona mejor el Estado que el no-Estado. (Casi simultáneamente los datos de desplome del PIB francés -el mayor de su historia reciente- enfriaban la alabanza que, a decir verdad, The Economist rebajaba al afirmar algo así como: “ya veremos cuando lo peor pase, entonces volverán a ser un monstruo lento, pesado y poco competitivo”. Genio y figura.)

Una semana después, nos encontramos con que otro oráculo liberal, el New York Times, publica un reportaje que, sencillamente, sería periodismo-ficción hace sólo dos añitos. El diario de la familia Sulzberger reportajea nada menos que al núcleo duro de la praxis comunista en nuestro país, la Marinaleda de Sánchez Gordillo. Un alcalde que da mítines semanales por la televisión local, ataviado con pañuelo palestino y bajo la “querida presencia” -que cantaba Carlos Puebla- del comandante Che Guevara, en forma de retrato presidencial. Un alcalde que recibe un aluvión masivo de votos cada cuatro años, y que garantiza vivienda sin hipoteca y pleno empleo vía economía cooperativa. Un demonio revolucionario que afirma para el NYT lo mismo que decía The Economist, aunque con otras palabras: “Antes era un pecado mortal hablar de que el Gobierno jugaba un papel en la economía. Ahora vemos que tenemos que poner a la economía al servicio del hombre”. Eso lo firmaría Benjamín Franklin. Y cada vez más gente. El periódico neoyorquino, sin embargo, da la de arena: “Los críticos de Gordillo dicen que lo que ha repartido el alcalde vitalicio es miseria más que crear riqueza. Con el fomento de una agricultura de baja productividad ha generado un voto y una fuerza de trabajo cautivos”. La expropiación de las tierras del Duque del Infantado, la necesidad de parar la avalancha de peticiones de casas por parte de habitantes de pueblos cercanos, como Écija, o el dinero que Marinaleda cuesta a la Junta también son señalados como pasivos de este oasis comunista… Oasis en tiempos de empobrecimiento. Pero el tono general del sorprendente artículo es descaradamente laudatorio hacia el “caso Marinaleda”. Da que pensar.

Obama practica lo que un american republican calificaría de comunismo: nacionalizar la banca de facto, inyectar dinero público en los sectores en crisis, exigiendo propiedad pública a cambio, aunque sea transitoriamente. Un rojazo. La izquierda clásica -no la nominal- no era el coco; era lógica. El coco era un lobo, un lobo que podía ser tal para los demás en forma de tiburón o intermediario financiero sin escrúpulos. Tutelar la necesaria ambición privada por prosperar es simplemente necesario, y a las pruebas nos remitimos. ¿Lo olvidaremos en nuevo subidón del ciclo, que esperamos llegue a producirse?

NYT: Spain, el foco viral de la deflación

Tacho Rufino | 21 de abril de 2009 a las 17:08

Pirro, rey de Epiro, tras derrotar a los romanos en una batalla, volvió a su tierra con las tropas tan diezmadas que pronunció una famosa frase: “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”, vino a decir. La paulatina bajada de los precios al consumo en España es otra victoria pírrica: sólo los miopes ven como algo positivo el descenso de los precios (y sí, también aquel reducido número de personas que saca partido y hace fortuna en las épocas de penuria). Desde el mundo exterior, nos ven como el epicentro de una nueva pandemia: la deflación. Hoy, 21 de abril, The New York Times publica un artículo descorazonador, titulado “La caída de los precios en España alimenta el miedo a la deflación en Europa”. La cadena de causas y efectos aquí descrita sería como sigue: 

  1. Ante la caída de las ventas y de los pedidos, los comerciantes de un país en recesión hacen algo que nunca habían hecho, o sólo como reclamo: bajar los precios.
  2. Como la bajada no estimula las ventas (porque el consumidor está agazapado esperando nuevas bajadas), los empresarios siguen despidiendo trabajadores.
  3. El paro supera el 15 por ciento, y se espera que alcance el 20 en pocos meses.
  4. La combinación de caída de precios y subida del paro huele a deflación, una situación de la que históricamente es difícil salir: la Gran Depresión (que duró una década a partir del crash del 29) y la reciente década perdida de Japón así lo atestiguan
  5. Deflación: bajada generalizada de los precios en una economía. Los precios disminuyen por falta de demanda, y es mucho más dañina que la inflación. La deflación puede desencadenar un círculo vicioso. Los comerciantes se ven forzados a vender como sea para cubrir al menos sus costes fijos, y bajan los precios. Si los precios bajan y bajan, la demanda disminuye más, porque los consumidores sienten que mañana será todavía más barato. Los empresarios no tienen aliciente y bloquean la actividad y despiden al personal.. Dado este círculo vicioso, la deflación se convierte en causa y efecto de la falta de circulación de dinero en la economía, porque todos prefieren retenerlo. Al final, la economía se derrumba, dado que el sector productivo no encuentra salida a sus productos y percibe que es un sinsentido aguantar con pérdidas. Deflación, pues, igual a marasmo y la parálisis.
  6. Este círculo vicioso parece haberse desencadendo en España. Al menos, hay síntomas no desdeñables: el mes pasado fue el único país de la Zona Euro que registró una “inflación negativa”, por así decirlo. Eso no pasa aquí desde hace más de 45 años (los que yo tengo, por ejemplo; y crío muchas más canas de las que se ven en la foto).
  7. Las economías no se recuperan fácilmente de la deflación

Los primeros damnificados son los más jóvenes, que son más baratos de despedir. Eso es una desgracia: se castra en origen el desarrollo del capital humano nacional -disculpen la expresión-, y con ello la necesaria creatividad par superar una crisis larga. El paro juvenil es el mayor de toda la Unión Europea, incluido Bulgaria, por ejemplo.

Ojalá fuera de otra manera, pero los comedores sociales están cada vez más poblados.

Krugman, ha renacido una estrella

Tacho Rufino | 14 de octubre de 2008 a las 20:25

Paul Krugman es un tipo especial. No sólo contribuye al desarrollo de la ciencia económica sino que, el muy osado, da la cara en los periódicos, de forma habitual y mojándose sobre temas diversos: no ya sobre las grandes tendencias que todo el mundo conoce, ni sobre las ideas y mantras en boga y los formalismos academicistas desde la torre de marfil, de los que huyen las personas de a pie (y los propios académicos, me temo). En ese sentido, Krugman tiene un bagaje investigador digno de premio Nobel, eso lo doy por seguro, pero es que además está en los papeles. Como dice hoy el profesor de Harvard Pol Antràs, Krugman es “uno de los premiados con mayor perfil público de los últimos años”.  Apuesto a que en buena parte se lo premia por eso, por explicar, por bajar la pelota al suelo, por opinar sobre lo que otros -en caso de tener criterio- prefieren no hacerlo por prudencia y seguridad. Federico Steinberg, también en Expansión como Antràs, dice que no le han dado el premio por el blog (pinchar aquí para entrar en él), pero “somos muchos los que lo visitamos a diario para entender el mundo o, sencillamente, para disfrutar de su provocadora prosa”. Por esos motivos, el de Krugmanen el New York Times es uno de los dos o tres que puse a principio como favoritos en este blog, y ahí sigue. Él ya era una estrella en buena parte del mundo, con un impacto masivo de su blog para ser económico, pero ahora será también una estrella para un mundo que lo desconocía y que está ávido de una información económica accesible, que relaje la ansiedad a que estamos sometidos por las noticias y la propia realidad.