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Tinta de calamar ‘estructural’

Tacho Rufino | 11 de marzo de 2012 a las 19:12

(Publicado el sábado en El Poliedro, Economía)

ESTRUCTURAL en economía es lo que no es cíclico ni coyuntural. Coyuntural es una prosopopeya de los economistas latinos que se refiere a las cosas que no son permanentes. De hecho, los envidiablemente prácticos y ecónomos anglosajones no dicen coyuntura, dicen situation. Un problema estructural es el desempleo en España, que tiene unos mínimos crónicos demasiado altos de tasa de paro. Estructurales son los ojos de usted, que son del color que son por mucho que los disimule con lentillas cosméticas. La estructura económica de un país es el reparto de la actividad -en porcentaje de PIB, o en número de trabajadores- nacional en distintos sectores: un reparto que, lamentablemente para nosotros, no es fácil de cambiar de una década para otra. Por ejemplo, la violencia contra las mujeres es un problema estructural en Ciudad Juárez u otros sitios de México. También la violencia doméstica es un problema y una tragedia estructural en España. Pero atribuir, como ha hecho el titular de Justicia, a la “violencia estructural contra la maternidad” -lo que quiera que esto sea- que decenas de miles de mujeres al año acudan a abortar en España es una pirueta mental olímpica. Un motivo etéreo en que basar un cambio -quizá cosmético a la postre- de una controvertida Ley, la del aborto. Un gran misterio conceptual. En vez de decir: “Estoy en contra del aborto, me parece un crimen, tengo mayoría, abolimos el derecho y que salga el sol por Antequera”, se quiere contentar a todos, hasta a las propias votantes que defienden o han ejercido tal derecho (que las hay, claro que sí, si no, ¿de qué se ha mantenido la ley anterior ocho años durante el Gobierno de Aznar, una primera entrega hipócrita de la ley, que obligaba a  emntir a quien no tenía un motivo “objetivo”?) Ruido.

Alberto Ruiz Gallardón, creador de esa formidable innovación sociológica, es un hombre ecléctico, borroso, indefinido. Tan es así que hasta el jueves era el líder del Partido Popular con mayor predicamento entre la izquierda: “Pues a mí Gallardón es el que mejor me cae”. Y, viceversa, el que menos tragaba gran parte de la derecha española: “Lo que tiene que hacer es irse al PSOE”. O sea, un hombre atrapado a la mitad, el peor posicionamiento estratégico según Michael Porter; una garantía de fracaso. Y ha decidido dar un giro copernicano a su imagen pública, invertir sus sambenitos. Y de paso, dar su sitio a la Iglesia, asumiendo el estilo verbal propio de muchos curas de mi juventud en la homilía: simbólico, elíptico, metafórico… incomprensible. Además de lanzar mensajes inextricables sobre un asunto muy duro (para las mujeres que se embarazan sin desearlo) y epidérmico (para los demás), no ha aclarado Gallardón dos cosas. Primero, por qué no estableció la red asistencial extra de transportes, sanitaria, ayudas sociales y laborales para las que tienen la tentación de abortar -la que ahora predica sin decir cómo ni cuánto- cuando era virrey de Madrid. Segunda, cómo se come eso de solucionar un problema laboral -con una superreforma cociéndose- con una ley sanitaria. Pero, en fin, no nos engañemos: aparte de la estrategia metamórfica personal del ministro de Justicia, el asunto ha desviado, aunque sea por una semana, la atención de asuntos económicos y sociales de primerísimo orden. ¿Tinta de calamar para emborronar el ambiente?

La prima de riesgo se ha colocado desde agosto tercamente sobre los 300 puntos básicos -va para rasgo estructural-, ya por encima de la de Italia, a pesar de las oleadas reformadoras del Gobierno. España, a ese precio inflado, debe pedir a lo largo de 2012 entre 300 y 400 mil millones para devolver deuda (estatal, autonómica y bancaria). Nada menos que un 30% del PIB. Eso sólo para refinanciar. La banca española tiene un problema de viabilidad de un buen número de sus entidades, y la exposición al ladrillo sigue siendo una muralla demasiado alta para que el crédito fluya (obligar a la banca a hacer su función es un tabú), siquiera hacia las “familias y empresas solventes” que mencionaba Rajoy esta semana. El traslado de la exigencia comunitaria de mayor reducción del déficit a las autonomías, que sólo podría realizarse tocando Sanidad y Educación, es otro asunto crucial. El gran rasgo estructural de nuestra economía, el paro, crecerá mucho a corto plazo con la nueva legislación laboral. Mientras tanto, hablemos del aborto y la enorme violencia estructural que hace que las mujeres decidan abortar en este santo país.