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Las brechas que no paran de abrirse

Tacho Rufino | 16 de julio de 2012 a las 14:35

LA brecha entre la opinión pública y los políticos no hace sino crecer. La gente descubre que la economía no tiene grandes secretos ni insondables misterios. Es más, el ciudadano medio descubre que la economía -la política económica- es un blandiblú, una masa algo informe que se puede moldear de un día para otro, e incluso una sucesión de medidas precipitadas y en buena parte incoherentes. Por no decir nocivas: la subida del IVA es un palo en la nuca al enfermo, una medida impuesta por Bruselas, el BCE y el Eurogrupo, instancias eurócratas a quienes queda lejos la pobreza a la que lleva esa medida mil veces negada por el Partido Popular. Por su parte, el recorte en la duración de la prestación por desempleo es básicamente injusto y malpensado, aunque es una medida que prende con ardor en el ciudadano más halconero, el que tiene un negocio que sobrevive o un trabajo aparentemente estable y, de momento, no percibe el olor de su propio desempleo. Pero también es torpe: no hay economía para absorber a esos parados, ni mucho menos financiación ni apoyos posibles para que se lo monten por su cuenta una vez liquidado su periodo de prestación. Gente que irá de cabeza a la precariedad y el chapú de la economía sumergida de los desheredados (recordemos que buena parte de la economía sumergida y la mayor parte del fraude fiscal menos criminal se origina en las empresas, y no en las pequeñas).


Y, abriendo brecha también sin pausa, las formas, las pésimas formas que ha demostrado el partido del Gobierno cada vez que ha podido en esta semana. ¿Qué tipo, no ya de demócrata, sino de persona puede ser una mujer que grita “que se jodan” en pleno hemiciclo, al escuchar las protestas por el anuncio del recorte de la duración del paro? ¿Qué valores tiene esa política de estirpe? ¿Podemos confiar en gente así? ¿O debemos joderla a ella, por niñata? Por otra parte, ¿a qué viene tanto y tan encendido aplauso ante el tremendo anuncio del presidente del Gobierno el miércoles, incluso si consideráramos que son medidas necesarias o inevitables? Se aplaude a los toreros vivos y hasta a los muertos, no al encargado del despiece. Aunque sea por respeto. Qué fatua soberbia de clan. (Para quienes cualquier ataque a “lo suyo” es una muestra de partidismo, cabe decir que la respuesta de la oposición por boca de un melifluo Rubalcaba -henchido de responsable estadismo- fue aún más decepcionante si cabe. Toda la pinta de que sabe que la actual presidencia está comenzando a oler mal. Y quiere Rubalcaba erigirse en la alternativa moderada con gran sentido de Estado. Ja, ja.)

Y otra brecha: España es un satélite económico y político, teledirigido. El presidente votado masiva y mayoritariamente por los españoles, Rajoy, se ha convertido en lo que en Organización se llama un rol de enlace, un delegado, un mandado. Como Monti, pero con votos. ¿Para qué los votos, entonces, nos preguntamos? Un director de zona sin el lustre técnico del italiano. De hecho, De Guindos, nuestro técnico, pierde peso, quizá porque ha sido un negociador rocoso e insolente con una troika cada vez más lejana, castigadora y ciega (las medidas similares forzadas en Portugal e Irlanda no han producido prácticamente efecto positivo alguno, y amenazan con dejar a esos países colgados por lustros). Si no hay políticas expansivas públicas en la UE, estamos todos muertos, a ritmo de los diez negritos de Agatha Christie: el próximo serás tú. España sufre un enorme castigo infligido sobre todo a las clases medias y bajas, y todo por salvar a una banca -unas cajas, sobre todo- en la que, al alimón, trincaron bancarios ex políticos y políticos en ejercicio. Y ni uno en el trullo. ¿Demagógico? Como decía Makinavaja, si seguimos en esta línea -con la prima de riesgo lozana como una rosa, a pesar de la escabechina-, “aquí va a haber una masacre del cagalse“.

¿’Hispania delenda est’?

Tacho Rufino | 10 de abril de 2012 a las 12:36

Si España es el condenado a la crucifixión, los inversores financieros son los romanos y la Unión Europea una mezcla de sanedrines de pose técnica y de Herodes lavándose las manos (por ejemplo, no comprando deuda española durante estos episodios de ataque y venta masiva, lo cual disuadiría a los atemorizados de vender presa del pánico y a los especuladores puros de jugar a ganar en el río revuelto). Recordarán aquella hilarante escena de La vida de Brian: “¿Crucifixión?”, preguntaba amablemente el listero romano. “Sí”, respondía con igual cortesía el reo. “Bien, salga por esa puerta, alinéese a la derecha, una cruz por persona”. España no tiene quien la defienda, o mejor, ni siquiera la atribulada adopción de medidas de enorme impacto social y económico de su Gobierno es capaz de parar las impenitentes y periódicas razzias de unos agentes de los mercados que vienen a decirle: “Dése usted por jodida; le canto a usted por Luz Casal: Y voy a por ti, y voy a por ti, como una locomotora por ti, y voy a por ti, y voy a por ti, y voy a por ti ahora”.

Los confusamente llamados “mercados”, los dueños y árbitros finales de la economía que vivimos, los emperadores invisibles, no se creen que vayamos a ser capaz de ir amortizando nuestra creciente deuda (privada, pública, externa), a retomar la senda del crecimiento ni a poder soportar los mazazos automutiladores de los recortes, muchos repentinos y atribulados, alguno planificado, casi todos negados antes de anunciados. Los romanos del siglo XXI dan y quitan. Si, por un lado, es innegable que la situación de España es muy comprometida fiscalmente y muy preocupante en cuanto a su nivel de actividad, y todo ello justifica parte de la prima de riesgo, por otro es también innegable que un reducido número de inversores globales es capaz de condenar a una economía completa, reforzando su proceso de degradación y taponándole las vías de recuperación. No sólo la prima de riesgo (el interés que pagamos de más que el que paga menos por su deuda pública, Alemania, en estos momentos con un alarmante nivel de 420 puntos básicos), sino los ataques a ciertos valores de nuestra bolsa de valores. En este sentido, el levantamiento de la suspensión de las operaciones bajistas o de short selling (dicho mal y pronto, apostar con dinero o acciones de otro a que a alguien –por ejemplo, ahora, Abengoa, Bankinter o Popular– le va a ir mal, vendiendo a su valor acciones u otros títulos, haciendo así caer su precio en el mercado, para recomprarlas baratas, ganando en origen) ha ocasionado que unos pocos grandes inversores acaparen cientos de millones de euros en inversiones destructivas (para ellos no lo son, claro es). Hay quien las justifica porque dan liquidez al sistema, algo así como decir que cortándole la mano a alguien elimino la posibilidad de que ese alguien se hurgue la nariz. Algunos nombres de estas gestoras que se han instalado en España para hacer subir y bajar las cosas obteniendo réditos en una y otra circunstancia, acelerando el proceso de mala fama y descomposición de nuestra economía: Amber Capital, Wellington Management, Landsdowne Partners y Marshall Wace.

Carthago delenda est“–“Cartago debe ser destruida”–  dicen que dijo un senador romano. Cartago es España, los romanos, queda dicho, son los inversores. “Hispania delenda est”.