Archivos para el tag ‘referéndum’

Trato y truco: el griego la da por la espalda

Tacho Rufino | 2 de noviembre de 2011 a las 15:17

En el martes metido a domingo de ayer, mientras sudaba los excesos de baja intensidad del puente –trabajé el lunes, conste, dando varias clases a no más de cinco abnegados alumnos–, la tele frente a la cinta de correr informaba del trile de Papandreu a sus socios comunitarios. Entre la recurrencia a la situación griega, y dado que era el Día de los Difuntos, los subtítulos del solonoticias informaban de que cada día se venden menos flores en el cementerio. La causa no es que la gente no se levante a tiempo de ir a visitar las tumbas de sus familiares desaparecidos, presa de una resaca del coñazo de Halloween que todo lo puede. No. La causa es, cómo no, la crisis: la penuria real o el miedo a la que está por venir. Las familias –y es de suponer que los propios fallecidos cuando estaban en vida— prefieren ahora incinerar a sus muertos antes que enterrarlos de la forma tradicional, es más barato. Pues bien, sería la fatiga mental que acarrea el ejercicio aeróbico, pero una pirueta triangular de mi cabeza me llevó a poner esta opción funeraria en conexión con aquella alternativa que daban los romanos a los judíos que iban a morir en La Vida de Bryan: “Crucifixion?”, “Yes!”. De ahí, la tele –y mi enfebrecida cabeza– va a Grecia de nuevo, cuyo Gobierno no sabe qué forma de morir prefiere: si sufriendo lentamente una purgación programada –que quizá no acabe en muerte– recetada por la troika (FMI, UE, BCE), o lanzándose directamente por un barranco si en el referéndum con que amenaza Papandreu resulta que los griegos deciden –muy democráticamente, hombre, por Dios— que rechazan el plan que tanto ha costado acordar. Un plan en el que los principales socios comunitarios afectados han echado el resto, hasta condonar un 50% de la deuda pública helena en manos de inversores privados (bancos alemanes, en gran medida). ¿Cómo puede acordar el representante más cualificado de un Estado un trato, y a los dos días, cuando la calma –ruinosa calma, pero calma a la postre—había vuelto a los mercados y los espíritus, descolgarse con que esto lo tienen que decidir “mis ciudadanos” en referéndum? Eso es tomar el nombre de la democracia en vano, eso es trampa. Si hubiera convocado referéndum hace año y medio, estupendo, eso sí es una consulta pertinente ante un asunto de máximo interés nacional. Vestido de fantasmita, “¿Truco o trato?”, dice Papandreu  (mejor “Trato… y truco”), llamando a las puertas de sus acreedores, como si fuera un niño español, halloweener de toda la vida como las mías. Puñaladita por la espalda… o quizá sólo farol. Esperemos acontecimientos.

Islandia, de opulenta a morosa

Tacho Rufino | 9 de marzo de 2010 a las 12:58

islandiaisalndia2

En Holanda y en Gran Bretaña están muy quemados con los islandeses, que se acaban de negar en referéndum  a hacer frente a las deudas que sus bancos nacionalizados tienen con los depositantes de esos dos países: acorralado por los acreedores exteriores,  la única solución que tiene un Estado en bancarrota es financiar la deuda trasladando la roncha a los contribuyentes, que caben a unos 11.400 euros por barba roja (ó 40.000 por familia, que así puesto duele más), a pagar en 15 años al 5,5 por ciento. Un palo. Lo que allí sucedió hace un par de años es en síntesis lo que sigue: Islandia tiene una moneda propia, unos 300.000 habitantes y, aunque se enriquece fulgurantemente, tiene problemas de inflación. Para luchar con el alza continuada de los precios, el Estado islandés y su banco central mantienen unos tipos de interés altísimos, del orden del 15 por ciento… no sólo para los créditos, sino también para los inversores, con lo que los dineros europeos en euros (ahorros holandeses, mayormente) o libras (británicos) volaron hacia una gélida tierra; gélida pero  a la vez  presa de un auténtico calentón de crecimiento artificial y de una inflación que no se atajaba con los tipos altos, sino al contrario. Una burbuja de hielo con aire caliente de geiser en forma de créditos excesivos por los depósitos, que al estallar esparció cristales dañinos sobre el sueño islandés. ¿Qué pasó? Que, tras la espita del mangazo sub-prime y la contracción brutal del interbancario planetario, los bancos totalmente desproporcionados de la isla empiezan a tener problemas de liquidez, y su mini-Estado no tiene capacidad de intervenirlos como se hizo en otros países, ni su naif moneda propia contribuye a recibir fondos exteriores para evitar el petardazo. O sea, catacrac. O catacrash.

La negativa de la inmensa mayoría de los votantes a pagar a sus acreedores no hace más que complicar la papeleta a su Gobierno, al que británicos y holandeses dicen querer ayudar con su deuda común (a favor una y en contra otra, eso sí). Los cabreados votantes no son soberanos con el referéndum, pero los gobernantes deben verse las caras con ellos a diario: hablamos de una ciudad pequeña o de un pueblo grande, como quieran. Cuanto más tarden en llegar a un acuerdo, peores serán las condiciones de amortización de deuda. Debe ser duro pasar de rico con solvencia y liquidez a endeudado atrapado en una pequeña jaula de oro… falso.