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Albóndigas éticas

Tacho Rufino | 25 de marzo de 2013 a las 12:25

LOS infaustos activos tóxicos provenientes de Estados Unidos que hicieron de detonante de la Gran Recesión en curso eran una albóndiga: buena carne picadita en teoría, pero vaya usted a saber. Ir a una tienda de muebles y decoración sueca a comer albóndigas se convirtió en una actividad fashion al alcance de cualquiera, y en un aporte calórico extra que los glotones se endiñaban con la coartada de un almuerzo de bajo coste pero bastante chic: un trasunto de la propia esencia de Ikea. Al estallar la crisis de la carne de caballo, Ikea retiró las albóndigas de las cafeterías de sus tiendas. Desde el jueves, una vez asegurada la trazabilidad de sus ingredientes, las bolas de carne con salsa adornadas con una banderita sueca han vuelto a ofrecerse al público; de momento, en Suecia, Dinamarca y Finlandia. Este tipo de respuesta socialmente responsable por parte de las grandes compañías es un ejemplo de cómo hacer del vicio virtud, de cómo explotar publicitariamente una crisis de imagen. De hecho, en cuanto las devuelvan a las tiendas de aquí, un servidor irá a Ikea a zamparse unas albóndigas, ya intachables. Hace quince años, la multinacional escandinava hizo igual cuando la televisión pública sueca emitió un reportaje donde se denunciaba que la cadena de subcontrataciones para fabricar sus productos llegaba a quedar fuera del control de la compañía. Ikea reaccionó y aprovechó el golpe para legitimarse en el mercado acometiendo un plan para asegurar que no había explotación ni manos de niños detrás de sus manufacturas. Ahora le ha tocado acreditarse ante la opinión pública a otra empresa de bandera sueca, la cadena de tiendas de ropa H&M, que ha marcado un hito en la industria manufacturera al publicar esta semana un listado de todos sus proveedores. Sostenibilidad y transparencia son las consabidas palabras que salen de la boca de sus altos ejecutivos al explicar tal medida. Bienvenida sea siempre la apertura de las trastiendas de las grandes empresas.

Coincide en el tiempo con el retorno de la albóndiga Ikea y el inventario de proveedores de H&M la postura del Gobierno sueco en el debate europeo por excelencia, austeridad vs. crecimiento. Suecia se alía con Alemania y se alinea con la tesis de apretar las tuercas a países como España. Su primer ministro, Reinfeldt, se apunta al castigo y la disciplina fiscal por encima de cualquier otra consideración. Eso sí, su particular visión desde fuera del euro está teñida de transparencia, de reforma originaria, de trazabilidad ética: Reinfeldt, muy en calvinista, dice que España y los otros orejas de burro sureños debemos “aumentar la lucha contra la corrupción institucional” para salir de ésta. Completamente de acuerdo, caballero, si no fuera porque eso lleva un tiempo que quizá no tenemos para resucitar económicamente. Hagamos lo imposible primero, y después nos prepararemos para los milagros.

Algunos claros entre el oscuro dogma

Tacho Rufino | 28 de octubre de 2012 a las 19:03

CUANDO los nacidos en los sesenta estábamos ya enrolados sin remedio y para siempre en nuestros roles -maniático como su padre, o travieso, o desordenada, o responsable, o cariñoso, o guapa- comenzó a hablarse en conversaciones de pedagogía de calle de la necesidad de no repetirles a los niños esos sambenitos recurrentes y casi siempre precipitados, tan familiares y tan escolares, porque acaban imponiéndose en la personalidad del chaval. Con las recetas económicas pasa igual: de tanto repetirnos que no hay más remedio que tomar las medidas que se toman, de tanto escuchar que no hay alternativa, y sí mucha ignorancia en la disensión del dogma, acabamos por interiorizar el concepto, y compartirlo mansamente. La evidencia de la creciente degradación laboral, con el alucinante récord de desempleo que conocimos ayer, no parece hacer mella en la muy germánica lucha contra el déficit, por mucho que los resultados sean catastróficos. No sólo aquí. Esas mismas recetas han calcinado el medio plazo de países condenados a la inanición en círculo vicioso: el recorte de gasto provoca recortes de ingresos, de forma que incluso un esfuerzo expansivo -que nunca podría venir de un satélite dañado y seco como España- no tendría efecto precisamente por el nivel de depauperación a que hemos llevado al sistema, con la fuerza de la fe única y verdadera, sin matices: el recorte era ineludible, pero no en un camino sin fin y por tanto sin retorno. Hemos acabado por creernos lo que nos dicen que somos. En demasiados casos, sanedrines y prescriptores de tratamientos radicales están a cubierto de los males que comienzan a conducir a gente a la horca por mano propia -la que firmó la hipoteca que no debía, desde luego, pero no seamos simplistas-. No me importa parecer demagógico. Mi conclusión es empírica, sacada de la realidad: los prescriptores de recetas radicales no tienen problemas económicos por lo general, e incluso gozan de buenas pensiones vitalicias. Debe de ser sin duda casualidad.

Lo sabemos. España está enferma de deuda privada, y de creciente deuda pública. Los inversores castigan nuestra debilidad, y la tibieza vestida de ortodoxia del BCE realimenta los ataques especulativos sobre nuestra deuda pública, provocando enormes costes financieros a las arcas públicas e inestabilidad en la gestión presupuestaria…, pero también pingües beneficios derivados de la volatilidad a los más avisados y mejor informados. España no tiene un modelo productivo adecuado: deficiente innovación, dependencia excesiva de sectores hoy paralizados -gran parte de nuestro desempleo proviene de la construcción-. Pero España hace los deberes con obediencia y arrepentimiento por los delitos del endeudamiento en los que, no lo olvidemos, los cómplices necesarios son los bancos que nos animaban, incluidos los alemanes que arrimaban desde afuera cuando lo de dentro no daba más de sí por las costuras. Cajas que se sanean con cargo a usted y a mí. Otros cómplices fueron los gobernantes y políticos en general, incluidos los gobernadores del Banco de España, que no sólo ignoraban más o menos dolosamente los avisos ciertos que probos funcionarios del Estado les lanzaban. Eso lo sabemos, y tan duro nos han dado con razón y, también, con el adoctrinamiento en el pensamiento único, que -de momento- nos achantamos y aceptamos resignados esta encrucijada histórica. Las válvulas sedantes de la prestación social, el apoyo familiar, la economía sumergida y la caridad (gracias, Amancio, gracias) funcionan a modo de cuarto sector, el de la economía de subsistencia. Pero España tiene grandes empresas, no siempre grandes de dimensión; sectores refugio que soportan lo que haga falta, como el turismo y, cada vez más, la agricultura y su industria. España tiene miles de universitarios con cada vez más ganas de realizarse profesionalmente, entre los que se está dando un esperanzador fenómeno: mientras que hasta hace poco querían ser funcionarios o empleados, ahora son la categoría social donde más emerge el espíritu emprendedor. Hay claros entre tanto dogma.

Las verdades del banquero

Tacho Rufino | 4 de febrero de 2012 a las 19:26

“YO soy así, y así seguiré, nunca cambiaré”, cantaba Alaska. Como el escorpión que se ahoga con la rana que lo ayudaba porque su aguijón no puede resistir la fuerza del instinto. Como aquel financiero galáctico que, en la película Inside Job, nos dice más o menos “Nosotros somos como somos, no podemos remediarlo: la culpa del desastre la tienen los políticos, ¡habernos controlado, hombre!”. Como el banquero que va por delante, el hombre que susurraba a los presidentes, nuestro Emilio Botín, que no ha tenido empacho alguno en recordarnos que el financiero de raza es una variedad humana que va a lo que va y, como una leona en el Masai Mara que caza pequeñas impalas porque lo lleva en su código genético, no es responsable de sus actos, ni de los entuertos globales y nacionales que los actos de la banca hayan podido perpetrar solos o en compañía de otros (políticos negligentes, consumidores presa del encantamiento). No. La culpa es de los políticos, que no han sabido controlar, Así lo ha dicho, con el morbo añadido del “y no quiero señalar…”. La ecuación es clara y viciada: los políticos sois dependientes de nosotros, la banca, tanto por la financiación de los partidos y sus campañas, como por la facultad de recurrir a la banca salvadora cuando tenéis un problema de liquidez estranguladora (véase Valencia recientemente); pero vosotros políticos debéis evitar el desastre de mi eventual caída soltando recursos públicos a toneladas (que podían ser destinados a otras cosas, y no a apuntalar los balances bancarios). Eso sí, si yo estoy enfermo es por tu culpa. La culpa es de los políticos. Como un hijo egoísta y tiránico que culpa a sus padres, como un estudiante manta que siempre tiene un profesor incompetente y que lo odia. Y sin embargo, como no podía ser de otra manera, no le falta razón al banquero de España. No se ve la pelusa en el ombligo que tanto se mira, pero razón, tiene.

¿Es el gobernador del Banco de España un político? Estatutariamente, no; el banco central es independiente y autónomo. Pero puede ser aupado o removido del cargo por los políticos en el poder. Luego es, a la postre, un cargo político. Aunque a Fernández Ordóñez le fue la marcha de ser pepitogrillo de su patrón, Zapatero, y sigue en el cargo hasta nueva orden, Caruana (el de Rato, ¿recuerdan? El que dejó Rato en el FMI, adonde sigue) sí actuó como un político cuando tuvo que ejercer como banquero entre los banqueros. En 2006, los inspectores del Banco de España -probos funcionarios- mandaron una carta al ministro de Economía, Pedro Solbes, para hacerle saber que el gobernador a punto de ser cesado, Caruana, había hecho oídos sordos a sus advertencias sobre la burbuja crediticia enorme que se había creado hasta entonces, año 2006: “Los inspectores del Banco de España no compartimos la complaciente actitud del gobernador del Banco de España ante la creciente acumulación de riesgos en el sistema bancario español derivados de la anómala evolución del mercado inmobiliario nacional durante sus seis años de mandato”. Tampoco MAFO, nombrado por Zapatero, hizo gran cosa al saber esto… esto que, ¿les cabe duda?, sabía de más, como también lo sabía Caruana. A no ser que fueran unos completos inútiles, cosa que queda por completo descartada. Inútiles no es la palabra.

Atrás quedan hasta nueva orden las grandes palabras de la responsabilidad social corporativa, que tantos libros y más finos encuentros concitó durante los buenos tiempos. Ponga una memoria de sostenibilidad en su vida, una política de RSC en su empresa, incluso certifíquese con la norma ISO oportuna para presumir de que uno es proactivamente bueno con sus trabajadores, con el medio ambiente y con la Sociedad, así, en mayúsculas. Como decía un antiguo profesor y actual compañero: “Pesetas, y todo lo demás, galletas”.

La solidaridad del magnate, chapó

Tacho Rufino | 24 de agosto de 2011 a las 17:32

¿Cómo se ha quedado usted con la petición por parte de lo más granado de las grandes fortunas francesas al Gobierno de Sarkozy? Su reclamación –absoluto motu proprio al parecer– es: “Debemos y queremos pagar más, una contribución extra. Algo razonable, pero algo más. Creemos que la situación lo merece, somos conscientes de que el mantenimiento del sistema y modo de vida del cual hemos obtenido nuestra posición lo requiere en las actuales circunstancias. Por Francia, por los más perjudicados por la situación y por nosotros mismos”. Chapeau. Esto es responsabilidad social corporativa; esto debe de ser. Hemos leído ya comentarios descreídos en las ediciones digitales sobre esta petición: que es puro marketing (a lo mejor han inventado el Marketing de la Cofradía del Taco, pudiera ser), que eso no va a solucionar nada (los mismos multimillonarios ya aclaran que ésta, obviamente, no es ninguna solución definitiva, lo cual no desmerece el esperanzador mensaje, al contrario)… y, cómo no, la mayoría de los comentarios se enzarzan en nuestra consuetudinaria pelea a garrotazos (sin verse las caras, claro): la madre de Zp, el padre del PP, el pecado original de José María González o Felipe Aznar, hasta hay quien dice que esos impuestos “sólo valdrían para despilfarrar”… Qué quieren que les diga: tendrá uno un día demasiado bueno, pero esta noticia, si bien no nos reconcilia totalmente con la realidad, nos vuelve a tolerar dormir con ella espalda con espalda.

Hace unos días, un Tío Gilito de los de verdad, Warren Buffett, también sintonizaba en esa frecuencia: “Dejen de mimar a los megaricos”. Buffett puede decir casi lo que quiera, que resulta más creíble que la mayoría de los Grandes Hombres. Sus acciones, y no sus palabras, lo avalan (si tienen interés, aquí tienen un perfil, vale la pena). Rico a más no poder, sabe que las exageraciones son como los abusos: son malos, y suelen acabar pagándose. A los ricos-ricos no les interesa en absoluto que crezca la proporción de pobres-pobres. También en esa ocasión, el batallón de enanos de guardia internética atacaba al llamado Oráculo de Omaha por esta afirmación. Sin embargo, me pareció más sincera y hasta atinada la crítica que le lanzó otro magnate estadounidense, Steve Forbes: “Si Buffett quiere donar su fortuna, será bienvenida”. Pero a mi moto que no me la toque nadie. Se le entiende claramente, por lo menos.

Coda. Hace mal la ministra Salgado en comparar la postura de los multimillonarios galos con la renuencia de la CEOE ante el anuncio de adelantar los pagos a cuenta del Impuesto de Sociedades a las empresas españolas. Nada tiene que ver una cosa con la otra, doña Elena: ni los empresarios españoles son comparables a los 16 firmantes solidarios –ni en dimensión, ni en términos medios, ni en liquidez, ni en futuro, ni en nada de nada–, ni debemos dejar de reconocer que la medida de nuestro Gobierno es de bombero: de apagar un fuego, el del presupuesto de tesorería.

Vive la France!, sin que sirva de precedente.

Golpes bajos a la RSC

Tacho Rufino | 24 de junio de 2009 a las 13:08

 

Golpes Bajos era un grupo gallego de los ochenta que hizo canciones que para muchos, como yo, son legendarias. Entre otras, No mires a los ojos de la gente o Malos tiempos para la lírica. Ésta última ha cedido sin querer, y sin intervención de la SGAE que yo sepa, el copyright de tan bello título a cantidad de artículos y referencias periodísticas más o menos bellas. Yo también me concedo la licencia de poner mis sucias manos sobre la canción de marras y, aunque no en el título de esta entrada, diré que corren malos tiempos para la Responsabilidad Social Corporativa (ya imagino a ciertos amigos puristas de aquel tiempo pasado abofeteándome telepáticamente, pinchando alfileres en la fotito del alimentador este blog, o incluso mordiéndose los nudillos muy encorajinados). Pero la Responsabilidad Social Corporativa -gastos e inversiones de las empresas para revertir parte de su beneficio en la sociedad, haciendo de ello un argumento de marketing, lo cual es muy lícito- está perdiendo peso presupuestario en muchas empresas. Caja Madrid anunció antes de ayer recortes cuantiosos en su Obra Social para el próximo ejercicio, también ha congelado los salarios más altos. Se basa en que sus resultados han caído casi en un 70 por ciento. Muy comprensible. Como, paralelamente, también es comprensible que el Gobierno decida eliminar la bonificación de 400 euritos en la renta de cualquier contribuyente, medida desacertada tanto por su origen electoralista como por lo despilfarrador para con unas arcas públicas en el borde del abismo. Los no estrictamente necesario queda pospuesto hasta nueva orden.