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Atrapados por nuestro pasado

Tacho Rufino | 8 de agosto de 2011 a las 17:15

”Penn

Carlito Brigante sale de la cárcel dispuesto a ser bueno, pero no puede. El camino de Carlito está fatalmente trazado por su pasado, del que no puede escapar. La película se llamó en España “Atrapado por su pasado”, que no deja de ser una traducción airosa del título original, “Carlito’s way” (el literal “El camino de Carlito” hubiera hecho pensar que la guionista era Gloria Fuertes). Fue dirigida por el para mí inclasificable Brian de Palma, y protagonizada por un Al Pacino que ya apunta el histrionismo que –con la excepción de su gran Michele Corleone en los padrinos I y II— se fue acentuando a lo largo de su carrera. Lo acompañaba en reparto un desquiciado e irreconocible Sean Penn, atrapado a su vez por la corrupción y la cocaína, cuyo camino como actor ha seguido un curso quizá contrario al de Pacino: Penn no está atrapado por su pasado, porque cada día lo hace mejor. Disculpen la digresión cinéfila…

¿Está España atrapada por su pasado? ¿Está condenada a un lustro de travesía del desierto por causa de una década de adicción al crédito? Permitan que tome prestado de las agencias de noticias oficiales chinas el término “adicción”, que han utilizado para definir la formad de hacer política presupuestaria en Estados Unidos (China no teme por otra cosa que por sus miles de millones prestados a Estados Unidos; unos fondos soberanos acumulados con alta productividad e industrialismo ensamblador, además de con dumping social y artificial tipo de cambio del yuan). Nosotros, a tenor de las cifras de deuda –sobre todo, deuda privada, empresarial y familiar–, hemos estado enganchados al préstamo personal, a la tarjeta de crédito, al descubierto y, por supuesto, a la hipoteca (vean el divertido cómic de abajo, que no dice todas las verdades, pero todo lo que dice es verdad). El último Aznar y el primer Zapatero animaron con soflamas y consejos (“Recalificar mucho suelo abaratará los precios de la vivienda”; “El ladrillo es una gran inversión”; “Estamos en la Champions League”, “El sector de la construcción es completamente sólido”), y también con leyes y políticas de engorde de la construcción que, entre otras cosas, sacaron a miles de jóvenes de los institutos para convertirlos en imberbes peones muy bien pagados… jóvenes ya no tan jóvenes, que hoy están condenados al desempleo o el infraempleo. Consumimos todo el crédito nacional, y empezamos a importar crédito internacional, que colocaba lo mismo. Para calmar el mono, la refinanciación fue una solución transitoria. Pero eso se acabó: ahora hay que devolver. O afrontar el embargo, el desahucio y otras formas de ruina. Hasta que no adelgacemos la panza crediticia, nuestra credibilidad como acreedores está por los suelos hasta nueva orden. El problema es que lo que verdaderamente necesitamos es crear empleo, y para eso el crédito es tan imprescindible como el agua para un huerto. La austeridad extrema no es panacea alguna, y España necesita un acuerdo nacional sobre el empleo. Rubalcaba viene a decir eso en estos días. Pero el compañero Alfredo está en campaña, y sus promesas y propuestas son como las que provoca el amor de verano entre adolescentes.

Un gran vídeo de Aleix Saló:

ZP: ¿a la redención por el recorte?

Tacho Rufino | 25 de enero de 2011 a las 14:40

Blair caía bien fuera mientras que en el Reino Unido el odio hacia su persona no paraba ni para de crecer; Obama tiene gran cartel fuera de sus fronteras, pero la mitad de su país es más enemigo acérrimo suyo que adversario. Los políticos con “carisma” –esa capacidad de camuflar lagartos, en demasiadas ocasiones– suelen quemarse dentro pero mantener incólume su imagen exterior. Bueno, con Berlusconi pasa justo lo contrario, pero ése es otro cantar: en Italia, tras salir a la luz pública sus orgias semanales con prostitutas y menores, el índice de popularidad del inefable Silvio… ¡sube! Pero volviendo a un mundo político más normal (?), a Zapatero le pasa en buena medida lo que a Blair u Obama: lo quieren más fuera que dentro. A los hechos me remito. La semana pasada, The Economist publicaba un reportaje sobre la mayor fortaleza reformadora que está demostrando nuestro presidente en cuestiones consideradas clave para recuperar crédito y confianza internacional, y nacional también: reforma del sistema financiero, con especial lupa sobre las cajas; recortes presupuestarios, menor dependencia de los sindicatos, reforma del sistema de pensiones, subidas de impuestos, reducción importante del gasto público, mensajes y adevertencias a las comunidades autónomas y sus déficit…

Según The Economist, Zapatero se encuentra ante una gran chance de convertir sus renuncias impopulares en una oportunidad electoral. Los sondeos son tan claros a favor del PP –que rehúye cualquier pacto nacional y sólo piensa en las urnas y la “sed de urnas de los españoles”–, que la cosa sólo puede mejorar para Zp. Según la mencionada revista, la (nueva) firmeza y la continuidad en el ajuste y la reforma podrían cambiar la imagen pública del presidente, y hacerlo aparecer en la mente y el corazón de un buen número de españoles como un estadista responsable aunque le cueste la popularidad y, teóricamente, los votos. Cuezan esos ingredientes a fuego lento durante meses, y podríamos ver a un Zp renacido cual ave fénix de sus propias cenizas. Mientras, como mono de goma, ponemos a Rubalcaba por delante: un candidato de plástico, que no irá de número uno. El número uno de la lista será Zapatero, el de la “sangre, sudor y lágrimas”. Las elecciones no son mañana, y podrían coincidir con un perceptible cambio de rumbo positivo de los ahora patéticos números de nuestra economía. No lo den por muerto.

Abajo, la significativa ilustración de The Economist, la bilbia liberal. Ojo al bíceps del esmirriado Zp:

zapatero